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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

¿Por qué fracasó en Pamplona la convocatoria unitaria “Por la paz, no a la violencia”?

¿Por qué fracasó en Pamplona la convocatoria unitaria “Por la paz, no a la violencia”?

En Madrid, unas 175.000 personas; en Bilbao, entre 44 y 80.000 según las fuentes; en Zaragoza, unos 35.000 manifestantes; y en Pamplona… ¡apenas 2.000! respondieron a una convocatoria excepcional en este contexto generalizado de discrepancias y brutales descalificaciones. De hecho, se trataba de la única manifestación a la que se habían adherido TODOS los partidos democráticos locales. Desde UPN (socio navarro del Partido Popular), a Aralar (izquierda abertzale escindida de la antigua Herri Batasuna), pasando por PSOE, Izquierda Unida Navarra, y los nacionalistas de Nafarroa Bai (PNV, EA, Batzarre): todos en torno a la convocatoria de la Federación de Asociaciones de Inmigrantes en Navarra en repulsa al atentado de la T4 del Aeropuerto de Barajas que costó la vida de los ecuatorianos Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio.

¿Qué puede explicar tan clamoroso fracaso, y más, cuando todos los medios de comunicación navarros apoyaron sin fisuras y con notable entusiasmo tal manifestación?

Únicamente aconteció una nota discordante en los prolegómenos de la convocatoria: la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el ejemplar colectivo Vecinos de Paz de Berriozar, y Foro El Salvador, manifestaron su rechazo denunciando tan ambiguo lema: “Por la paz, no a la violencia”. Es más, otro colectivo cívico, Libertad Ya, informó que participaría, pero portando una pancarta con su propio lema; lo que le generó duras reprobaciones de los convocantes por romper, a su juicio, la unanimidad de la convocatoria.

Y no deja de sorprender que lo que el presidente del ejecutivo foral, Miguel Sanz, exigió para la manifestación de Madrid -la incorporación del concepto “libertad” al lema inicial- no lo planteara también para la de Pamplona. ¿Fríos cálculos tácticos?, ¿intereses electoralistas?, ¿temor a seguras descalificaciones?

Pero el fracaso de la convocatoria no se debe exclusivamente a uno de los partidos adheridos; si bien al ser el partido que sustenta al actual Gobierno foral (junto a CDN), no puede eludir su relevante rol.

La responsabilidad, desde nuestra perspectiva, es colectiva, concurriendo diversos factores.

La sociedad navarra vive muy bien. Un nivel de vida europeo, despolitizado, pragmático, despegado de fuertes valores cívicos y éticos…; todo lo cual está transformado el tradicional nervio de su ciudadanía. Pero, como representantes políticos de esta sociedad, los partidos navarros deben interrogarse por las razones de este fracaso; salvo que prefieran cerrar los ojos y pasar rápidamente página.

El PSOE desde hace ya muchos años está ausente de las calles. Las reiteradas crisis de liderazgo, y sus actuales ambigüedades, sin duda, le han debilitado notablemente.

UPN, por su parte, también viene manifestando un miedo escénico; de modo que, por ejemplo, al ponerse sobre la mesa del mal llamado “proceso de paz” la cuestión navarra, y ante las voces que reclamaban una contundente manifestación de firmeza popular en su contra, únicamente respondió con un mitin partidista y a sala cerrada. Ahora, en el actual contexto, bien podría haber liderado una movilización ciudadana masiva marcando su ritmo; pero marchando a remolque de los acontecimientos, y a merced de otras iniciativas, ha desconcertado, sin duda, a un sector de su electorado.

PSOE y UPN, partidos todavía mayoritarios, ¿estarán, acaso, perdiendo su papel de interlocución con la sociedad navarra? ¿Facilitan su articulación o, por contra, la ahogan, tal vez, tratando de instrumentalizarla en aras de meros intereses economicistas?

Tampoco puede afirmarse que, en esta ocasión, ambos partidos pusieran “toda la carne en el asador”, de modo que muy poco hicieron por movilizar a los miles y miles de afiliados que dicen contar. Una crítica, ésta última, que bien puede extenderse al resto de los partidos y entidades convocantes.

Tan ambiguo lema, sin duda intencionadamente escogido, amparaba, de hecho, posiciones políticas antagónicas. Y las personas queremos claridad y sinceridad. También en política. Pues, de no ser así, ¿para qué perder el tiempo en gestos confusos y, por lo tanto, ajenos?

PSOE y UPN comparten algunos problemas análogos: escaso trabajo social, ciertas carencias en sus respectivas culturas políticas, miedo escénico, electoralismos paralizantes, liderazgos endogámicos… Por el contrario, los partidos nacionalistas, con sus propios defectos, que los tienen, persiguen incansable y coherentemente sus objetivos de siempre, trabajando sin desmayo.

Bien harían, PSOE y UPN, en revisar críticamente sus políticas. La autocrítica no les resultaría un ejercicio inútil, si fuera sincera y constructiva. Y, finalmente, lo agradecerían. Como toda la sociedad navarra.

Diario Liberal, 15 de enero de 2007

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