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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Último acto (de momento) del drama libanés (*)

Último acto  (de momento) del drama libanés (*)

 

El pasado 21 de noviembre de 2006, Pièrre Gemayel, nieto homónimo del fundador del Kataeb, e hijo de Amin, quien fuera presidente de Líbano, fue asesinado brutalmente; una suerte de la que se libró milagrosamente otro ministro cristiano. Se unía, así, al grupo de otras cinco personalidades anti-sirias asesinadas misteriosamente en un año.

 

Era el último vástago de la saga familiar que ha marcado la vida del Kataeb desde su nacimiento. Pero su asesinato fue mucho más que otro feroz zarpazo dirigido contra esa castigada familia, o contra el propio partido.

 

Pièrre Gemayel había sido elegido parlamentario como independiente en la lista Qornet Shehwan, integrada por independientes y miembros de los partidos Kataeb y Nacional Liberal. Así, fue nombrado Ministro de Industria del gabinete de Fuad Siniora, llegando a ser uno de sus más firmes apoyos en la convulsa situación que parece abocar a Líbano -de nuevo- a unos imprevisibles y, en cualquier caso, peligrosos enfrentamientos civiles.

 

Su padre Amin, en los días siguientes al magnicidio, proporcionó un ejemplo de entereza y prudencia, pidiendo tranquilidad, firmeza, unidad, y oraciones por Pièrre y el Líbano…

 

Su asesinato generó un impresionante movimiento ciudadano de dolor y protesta; eclipsado por la política implacable de los partidos pro-sirios, quienes organizaron una manifestación, celebrada el pasado 1 de diciembre, que movilizó a cientos de miles de seguidores de Hizbulá, Amal, Movimiento Patriótico Libre de Michel Aun, del Baas, y Partido Sirio Social Nacionalista.

 

Tanto el asesinato de Pièrre Gemayel, como las movilización callejera del bloque pro-sirio, y la retirada del gabinete libanés de seis ministros de análogas convicciones en las semanas anteriores al asesinato de Pièrre, forman parte de una fría estrategia que persigue diversos objetivos: impedir la actuación del Tribunal Internacional que debe investigar el asesinato de Rafik Hariri, supuestamente teledirigido desde Damasco; la disolución del gabinete de Fuad Siniora o, cuanto menos, su remodelación mediante la incorporación de un mayor número de ministros pro-sirios; el correspondiente vuelco en el juego de alianzas internacionales de Líbano, orientándolo hacia el eje Damasco-Teherán. En definitiva: un verdadero golpe de Estado que neutralice al Gobierno de mayoría anti-siria formado conforme a los legítimos resultados electorales.

 

No olvidemos una circunstancia decisiva: la única milicia armada existente en Líbano es la de Hizbulá; habiendo sido disueltas todas las demás a resultas de los acuerdos de Taif, e incluso, alguna de ellas perseguida y reprimida policialmente, caso de Fuerzas Libanesas. Una peligrosa circunstancia que se suma al predominio chiíta en el ejército regular, que alcanza a un 55 % de sus integrantes; todo lo cual dificulta las posibilidades de maniobra de un Fuad Siniora cada vez más asfixiado y progresivamente privado por sus enemigos de los mecanismos de defensa estatal imprescindibles en el caso de presentarse circunstancias extremas.

 

(*) Texto incorporado al artículo Centralidad y decadencia del Kataeb en la política libanesa del siglo XX. Revista digital Arbil,(número 106, junio-julio-agosto de 2006.

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