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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Somalia: ¿el Afganistán de África?

Somalia había dejado de ocupar, en los últimos años, su espacio en los informativos de todo el mundo. Parecía haberse desvanecido desde que fuera derrocado, en 1991, el polémico Mohamed Siad Barré . Este país, estratégicamente situado en el llamado “cuerno” de África y que fuera objeto de estrecha vigilancia por norteamericanos y británicos, en el contexto de una “guerra fría” que le había situado en órbita soviética, carece de riquezas naturales. Siendo uno de los más pobres de la tierra, se daba por sentado que su destino era la inestabilidad permanente, la pobreza generalizada, la sequía perenne y una extrema división tribal que propició incluso la desaparición del nunca consolidado Estado somalí.

Manteniendo serios problemas fronterizos con alguno de sus vecinos y dividido en diversos pseudoestados tribales regidos por arbitrarios “señores de la guerra”, no se percibían movimientos que aparentemente rompieran semejante dinámica.

A lo largo de los últimos días, Somalia ha vuelto a ser noticia. De manera inquietante y sorprendente, se informaba que la capital, Mogadiscio, había sido ocupada por una nueva milicia armada el pasado 6 de junio: la Unión de los Tribunales Islámicos; curiosa denominación de resonancias talibanescas. Esta milicia tomaba poco después la localidad de Jowhar, situada a 90 kilómetros al norte de Mogadiscio; en la que habían encontrado su último refugio los “señores de la guerra” organizados en la llamada “Alianza para la Restauración de la Paz y contra el Terrorismo” promovida por Estados Unidos. Y, pocos días después, éstos abandonaban su país a bordo de buques de esa nacionalidad...

En este contexto, El Gobierno provisional y el Parlamento, elegidos en la vecina Kenia en el año 2004 perdían definitivamente su razón de ser. Y, por si fuera poco, las nuevas autoridades islamistas denunciaban que 300 soldados etíopes habían violado la frontera, supuestamente penetrando en el interior somalí el pasado 20 de junio.

“Mogadiscio será gobernado por una sola administración y no aceptaremos otra que no sea la del Consejo Supremo”, declaró el nuevo líder de la organización, Sheikh Hassan Dahir Aweys, quien añadió que “restauraremos la seguridad tan pronto como sea posible y haremos de Mogadiscio el lugar más seguro de la tierra”.

Las noticias existentes en torno a la naturaleza de esta milicia son poco claras. Se afirma que está financiada por Arabia Saudita y que propaga un islam mucho más fundamentalista que el practicado por la población suní de Somalia. Además, ha sido relacionada con Al Qaeda y acusada de proteger a los responsables de los atentados perpetrados en 1998 con coches-bomba contra las embajadas norteamericanas en Nairobi y Dar el Salaam; acusaciones procedentes de la derrotada coalición y de la administración estadounidense. Naturalmente, la Unión de Tribunales Islámicos rechaza tales imputaciones; si bien no oculta sus intenciones de implantar un Estado islámico.

Bien recibida por la población civil, como única posibilidad de instauración de un deseado orden, inédito en 15 años, con su primera medida la milicia ha cerrado todas las salas de cine de las ciudades ocupadas; impidiendo incluso la proyección de la Copa Mundial de fútbol.

El mencionado Sheikh Hassan Dahir Aweys, fundador de la organización, resultó elegido el sábado 24 de junio sucesor -en el cargo de jefe de su Consejo Supremo- de Sheikh Sharif Sheikh Ahmed, conocido como “Sayfulah”, La espada de Dios, y pese a ello considerado más moderado, quien asumirá el cargo de jefe del Comité Ejecutivo.

Nos han cogido de sorpresa… Pero, si analizamos las circunstancias concurrentes, comprenderemos que era previsible. En un país de mayoría absoluta musulmana, desarticulado, empobrecido, víctima de la rapiña de unos implacables “señores” feudales; únicamente una fe poderosa podía proporcionar esperanza, pertenencia y unidad. Y lo que Naciones Unidas, los Estados Unidos, o los poderes locales, fueron incapaces de proporcionar, ha llegado por la fuerza de los hechos.

Ciertamente, los paralelismos entre el Afganistán anterior a la toma del poder por los talibanes, y la Somalia de ayer mismo son enormes. Olvidados por la comunidad internacional, empobrecidos después de años de guerra, con un poder estatal pulverizado… pero estratégicamente situados en un espacio geográfico regional muy importante para la expansión del pujante islam yihadista.

De nuevo lo inesperado ha sucedido ante la mirada desconcertada de un Occidente replegado en sí mismo y sin apenas perspectiva de futuro.

Estados Unidos ya ha comunicado a sus aliados que presentará un programa al objeto de afrontar los riesgos de la nueva situación. Esperemos que sepan escuchar las reflexiones de voces expertas y libres, como la de la Santa Sede, si se producen; evitando errores pasados.

Páginas Digital, 3 de julio de 2006

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