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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Aportaciones de un “Espía en el País Vasco”.

Las memorias de una de las personas que más amplio conocimiento alcanzó del “complejo ETA”, término que él mismo acuñó, Ángel Ugarte, proporcionan interesantes claves para entender la historia y situación recientes del País Vasco.

 

Memorias del primer hombre que negoció con ETA.

 

                Así se subtitula el libro autobiográfico escrito conjuntamente por el protagonista de esta verídica historia, Ángel Ugarte, y el periodista Francisco Medina. Espía en el País Vasco ( Plaza&Janés, Barcelona, 2005, 335 páginas).

 

                Ángel Ugarte, alavés de Vitoria y militar profesional, fue responsable de diversos servicios de información en el País Vasco entre 1974 y 1979. Mantuvo reuniones y encuentros con cualificados representantes de todo el arco político, especialmente con ETA (político-militar), pero también con las restantes organizaciones de la izquierda abertzale.

 

                Perlado de interesantes anécdotas personales y trepidantes experiencias vitales, proporciona una mirada muy cualificada a los principales hechos acaecidos en el País Vasco durante aquellos cruciales años. De fácil lectura, demuestra este libro, nuevamente, que la realidad supera cualquier ficción.

 

                Su lectura impone algunas conclusiones que intentaremos concretar de manera resumida y que pueden proporcionar algunas claves decisivas para entender qué pasa y porqué en el País Vasco; cuestiones que siguen afectando y condicionando la convivencia y el futuro del resto de España.

 

Conclusiones derivadas de este libro.

 

1)        Los servicios de información, allá por el año de 1974, se encontraban dispersos, en estado incipiente, descoordinados, lastrados por graves carencias en medios personales y materiales, y carente de directrices políticas claras. En estas circunstancias, la libre iniciativa de algunos de sus integrantes fueron determinantes de su estilo de trabajo y de la orientación política que se siguió en cada caso.
2)        La oposición democrática en el interior de España apenas contaba, sumados todos ellos, con unos pocos miles de militantes; circunstancia de la que no se libraba ni el PSOE ni el PNV. ETA y el Partido Comunista eran la excepción, además de diversos grupos de extrema izquierda particularmente asentados en determinadas regiones o localidades españolas.
3)        El PNV se encontraba desbordado a su izquierda por el dinamismo de ETA, que le captaba a su potencial base juvenil desde unos principios políticos que implicaban una cuádruple ruptura con el PNV: con la legitimidad del histórico Gobierno vasco en el exilio, con el humanismo cristiano, con los ideales democráticos, y con las vías pacíficas de acción política.
4)        No obstante, para el PNV los “chicos de ETA” eran unos “hijos pródigos” que algún día regresarían “a la casa”. Algunos dirigentes del PNV, incluso, los apreciaban sinceramente. Otros los temían; todos los seguían de cerca…
5)        El PNV supo capitalizar la violencia desplegada por ETA en los años de la transición democrática presentándose ante UCD, gestor del cambio, como la llave de la solución: la violencia de ETA tendría raíces políticas; sólo el PNV estaría capacitado para resolver el “conflicto”. Esta posición le supuso reconocimiento, apoyos económicos importantes y el acceso al nuevo Gobierno vasco, desplegando una larga campaña de cambio social y mental a través del control de las principales instituciones públicas, los medios de comunicación, el mundo de la educación y, progresivamente, de la actividad económica. Frente a esta política oportunista, ni UCD ni el PSOE fueron capaces de diseñar una política alternativa global.
6)        Los servicios de información encontraron muchas dificultades entre los políticos de turno, más movidos por intereses coyunturales, partidistas y a corto plazo, cuando no por la búsqueda de puro protagonismo personal. Así, se desaprovecharon importantes enseñanzas destiladas en la lucha contraterrorista y en el conocimiento sobre el terreno de la realidad vasca de los integrantes de tales servicios de información.
7)        El objetivo de Ugarte y sus hombres en sus iniciativas de diálogo con diversos grupos terroristas era doble: sembrar semillas de disenso interno y facilitarles el abandono de las armas.
8)        ETA (militar) nunca ha querido negociar hasta las últimas consecuencias. Dialogar, divagar, “marear la perdiz”…, sí. Su estrategia siempre ha pasado y pasará por la supremacía del “factor armado”, por “controlar y dirigir todo el proceso”. Ello no quiere decir que carezcan de buenos cerebros y analistas. Al contrario. Han demostrado una extraordinaria capacidad de análisis, siendo capaces de aprovecharse de las debilidades morales y políticas, tanto de las instituciones como de los partidos y personalidades relevantes; en Madrid y en Vitoria.

 

Un libro, en definitiva que, en la marea de títulos de temática vasca que nos ofrece el mercado editorial español casi cada semana, no debiera pasar desapercibido; pues sus enseñanzas pueden proporcionar luces para el actual camino de incertidumbre.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 102, febrero de 2006

 

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