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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

De “con los niños no se juega” al “Síndrome de Alienación Parental” (SAP).

      La sociedad actual sufre, en personas concretas de carne y hueso, los efectos de una legislación permisiva que lejos de ahuyentar viejos fantasmas y temores de la convivencia familiar, implanta nuevos fenómenos que destrozan las expectativas de cientos de miles de niños y jóvenes, hipotecando el futuro colectivo.

 

El “Síndrome de Alienación Parental”.

 

                Un fenómeno creciente desborda a psicólogos, docentes, policías y jueces: cientos de miles de niños y jóvenes son instrumentalizados por alguno de sus progenitores, en el curso de un divorcio o separación traumática, como medios de venganza personal contra el otro padre, obstruyendo su relación y mediatizándola con prejuicios y maniobras ilegítimas.

 

                Sus efectos en la relación del menor con el padre alejado se denomina como “Síndrome de Alienación Parental”, o “alineación”, según otras fuentes, y que sufren en primer lugar, los niños pequeños y pre-adolescentes, ya en número de cientos de miles en España.

 

                Fenómeno estudiado profusamente en Estados Unidos y del que existe abundante literatura en Argentina, también nos ha llegado a España. Y de forma paradójica. Se suponía que una legislación amplia y permisiva de las causas de separación y divorcio facilitarían las rupturas pacíficas y “civilizadas”, aminorando los “daños colaterales”. Pero no está siendo así. Todo lo contrario.

 

El pionero: Richard Gardner.

 

                Richard Gardner es el autor que a partir de 1987 estudia esta problemática. Catedrático de Psiquiatra Infantil de la Universidad de Columbia, es autor de más de 250 libros e investigaciones al respecto. Su experiencia le indicaba que los hijos fruto de divorcios y separaciones continuaban, en general, manteniendo una buena relación afectiva con el padre alejado. Por el contrario, en los casos    de divorcios contenciosos, muchos niños rechazaban al padre ausente; fruto de una manipulación –intencionada o no- que perseguía dañar e incluso destruir al excónyuge. Su investigación le llevó a descubrir que los niños eran objeto de un auténtico “lavado de cerebro”.

 

Blush y Ross en Michigan, Jacobs en Nueva Cork, y Wallerstein en California, llegaron por su cuenta a conclusiones análogas. Clawar y Rivlin, por otra parte, realizaron una investigación en niños a los que se había negado el contacto con uno de los progenitores, publicando un impactante estudio, después de 12 años de trabajo, titulado Niños rehenes (1991). Así, afirmaban que la que ellos denominaban “programación parental” era una forma de abuso psicológico practicada por cerca del 80% de padres divorciados; de modo que un 20% de los niños era expuesto a la narración y descripción de mentiras y supuestos defectos del padre alejado por lo menos una vez al día.

 

A partir del término acuñado por Gardner de “Síndrome de Alejamiento Parental”, se sumaron otros numerosos estudios relacionados con esta problemática: características de los padres que acusan falsamente, la función de la falsa denuncia, efectos del abuso emocional y psicológico grave en niños en los casos más graves de impedimento, etc. Y Mary Luna, además, estudió  las reacciones fóbicas de rechazo al padre alejado, que requerían urgente intervención terapéutica e incluso judicial.

 

¿Qué es el SAP?

 

El SAP suele desarrollarse en el niño como una respuesta al stress, generado por los conflictos de los padres que terminan en separación o divorcio, reaccionando mediante un rechazo de la relación con el padre alejado.

 

Otro fenómeno se asocia tempranamente a este tipo de situaciones: las crecientes denuncias falsas por supuestos abusos sexuales. Así, una denuncia falsa marcaba el inicio (o fase álgida de una escalada previa) de esta dialéctica cuyo objeto es la completa expulsión, del padre ausente, de sus hijos. Y, según estadísticas del norteamericano Centro Nacional de Abuso Infantil, ya en 1988, se demostraba que las denuncias falsas de supuestos abusos sexuales doblaban a los casos reales.

 

También es Estados Unidos donde más se ha desarrollado la investigación psicológica y forense de las denuncias falsas de supuestas agresiones sexuales a menores en el contexto de los divorcios contenciosos, cuyo objeto es impedir u obstruir por completo el vínculo con el progenitor alejado al suprimírsele el régimen de visitas. De hecho, se han elaborado diversos protocolos de evaluación de falsas denuncias que contemplan posibles mecanismos empleados habitualmente en estos supuestos. Es el caso del elaborado en el Estado de California en 1991, el protocolo de Garner de 1995 y el de la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente de 1997.

 

Alienación parental = agresión psicológica al menor y al padre.

 

Los niños objeto de una falsa denuncia de abuso sexual son sometidos a diversas técnicas manipuladoras que les convierten, a su vez, en sujetos de una auténtica agresión psicológica, lo que desembocará, generalmente, en la sintomatología característica de un Síndrome de Alienación Parental.

 

Generalmente, aunque también existen casos de padres, la madre simula síntomas en un niño o niña pequeña que afectarían a los aparatos digestivo, genital y urinario. Acude a diversos servicios médicos, busca testigos que confirmen supuestos hábitos dudosos del cónyuge acusado o la presunta agresión sexual, y terminará denunciándolo en los Servicios hospitalarios de Urgencias o en la Policía. Cuenta, además, con el concurso de profesionales especializados en estas maniobras.

 

La relación de los supuestos trastornos con denuncias falsas de abuso sexual, como maniobra de impedimento, ha sido estudiada ampliamente en Estados Unidos, según veíamos, destacando Rand, prestigiosa y veterana psicóloga forense autora de numerosos estudios científicos.

 

Argentina nos lleva la delantera en estos asuntos. Muchos equipos pluridisciplinares se ocupan de todos estos supuestos, especialmente impulsados por padres que fueron apartados violentamente de sus hijos, mediante la intervención gubernativa y judicial subsiguiente a una denuncia emitida por la madre.

 

¿Y en España?

 

En España empieza también a hablarse a todas estas cuestiones, incluso en los medios de comunicación; tema sacado a colación, muchas veces, por padres desesperados. Pero también por personalidades “neutrales”. Así, quien fuera primer Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, declaró al diario El Mundo-El Día, según noticia recogida el 24/11/04, que «Algunos padres utilizan denuncias falsas de abusos sexuales para lograr la custodia del niño. El psicólogo Javier Urra critica estas prácticas que causan al menor un “dolor incalculable”. El psicólogo experto en niños, primer Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Javier Urra, abundó ayer en Palma en una serie de prácticas perversas entre las parejas en conflicto. El menor como epicentro es utilizado para conseguir un fin: la custodia. En este sentido, Urra denunció el profuso uso de la “denuncia bastarda” para lograr este fin. En concreto, el psicólogo criticó que algunas madres “sabiendo que es mentira” denuncian a su ex marido por supuestos abusos sexuales el tiempo que le corresponde la custodia». Más recientemente, en la primavera pasada, una de las profesionales catalanas más fogueadas en estas cuestiones en Cataluña, declaró que el 40% al menos de las denuncias presentadas por abusos sexuales son falsas. Pero al decir de muchos de los profesionales implicados en estas cuestiones, generalmente mujeres, este tipo de posicionamientos “no es políticamente correcto”.

 

En Cataluña existe una magnífica labor pionera. Un Equipo de Asesoramiento Técnico Civil, allí adscrito a los Juzgados de Familia  de 1ª Instancia e Instrucción, puede intervenir en situaciones de crisis familiar conflictiva en procesos jurídicos de separación y/o divorcio con presencia de menores. Los dos equipos existentes en Barcelona y Tarragona han constatado que uno de los conflictos más frecuentes es el rechazo de uno o varios de los hijos hacia el padre, generalmente, el alejado. Su investigación ha girado, de esta manera, hacia la concurrencia en tales casos del mencionado “Síndrome de Alienación Parental”.
               
Vemos algunos de sus resultados más significativos:
-          El 73’5% de los progenitores alienados corresponden a la figura paterna, en una franja de edad 36-45 años. Ello responde en parte a la tradición legal y cultural de otorgar custodias exclusivas a las madres (en un 98% de los casos).
-          En un 96’4% de los casos no existe diagnóstico previo de progenitor alienador.
-          Predomina el estilo de ruptura impulsiva (57%).
-          El 51% de los progenitores alienados muestra una actitud reivindicativa.
-          El 61’4% de los progenitores alienadores obstaculiza de manera directa y consciente el contacto paternofilial.
-          Las visitas están reguladas en un 88% de los casos, incumpliéndose en el 72% de los mismos.
-          La franja de edad mayoritaria de los menores alineados se sitúa entre 10-12 años. Es un dato relevante, pues la pre-adolescencia es una etapa de mayor capacidad de pensamiento independiente con presencia de emociones intensas. La sistemática inducción de datos erróneos o falsos, por parte del padre o madre alienador, les lleva a no distinguir las experiencias vividas de las relatadas, implantándose falsos recuerdos. Las expectativas de que el menor sea judicialmente escuchado, a partir de los 12 años, genera en el adulto alienador un reforzamiento de la manipulación que también se proyecto en el menor.
-          El progenitor alienador reúne mayoritariamente el perfil de mujer de edad comprendida entre 35 y 45 años. Tiende a la obstrucción de las relaciones paternofiliales mediante el empleo de estrategias de alarma social, con implicaciones legales y rupturas traumáticas.
-          Las medidas judiciales aplicadas son, generalmente, ineficaces y tardías.

 

¿Qué puede hacerse?

 

                La alienación parental puede resumirse de la siguiente manera, según diversas fuentes consultadas.
-          Equivale a un lavado de cerebro: el hijo termina odiando al padre ausente o alienado y rechaza verlo.
-          El alienador es una persona sobreprotectora, movida por un afán de venganza y rencor. Considera a sus hijos como una propiedad y no como seres independientes. No respetan las reglas, no distinguen entre la verdad y la mentira. Pueden llegar a representar un perfil sociopático.
-          El alienador suele verse y presentarse como víctima, siendo muy convincente cuando narra su periplo. Su mayor empeño se orienta a enfatizar los aspectos negativos del otro padre ante los hijos y personas conocidas comunes.
-          Sus argumentos se basan en mentiras y tácticas fríamente programadas.

 

Pero, y en el niño, ¿qué efectos le puede provocar la alineación parental?: diversos traumas emocionales y afectivos que pueden prolongarse durante toda la vida; fracaso escolar y personal; depresión, angustia y alto riesgo de suicidio; trastornos de identidad e imagen; dificultades serias para establecer relaciones sociales; desesperación, hostilidad; sentimientos incontrolables de culpabilidad; los recuerdos del padre ausente pueden convertirse en una auténtica tortura diaria…

 

Clínicamente, la única terapia posible en estos supuestos es la orientada hacia una normalización de las relaciones paternofiliales, lo que pasa necesariamente por un mayor número de horas de relación y convivencia entre ambos, en un ambiente no hostil; y el recurso a una psicoterapia personalizada sobre el menor, para modificar tendencias destructivas impuestas por el alienador. Se precisa de una intervención judicial, en muchos casos, que allane las dificultades presentadas por el padre o madre alienadora ante la terapia psicológica.

 

                Sin duda, sociedades enfermas producen familias y sujetos enfermos. La permisividad de muchas leyes, lejos de relajar los conflictos, los han acentuando, facilitando determinadas leyes, como la del Maltrato a la Mujer, herramientas que eliminan en los hombres la presunción de inocencia, de modo que una simple denuncia tienen efectos análogos a los de una sentencia condenatoria; además del etiquetamiento social al que se somete al acusado injustamente.

 

                Las asociaciones de padres separados, donde concurren muchos de esos padres destrozados, constituyen la primera línea de la batalla que se está librando, en silencio y ante los prejuicios de lo políticamente correcto y un creciente poder feminista radical que se ha dado la mano del lobby gay. Pero el individualismo mayoritario de los padres, su escasa disponibilidad a asociarse y al trabajo en equipo, frena su labor ante unas costumbres judiciales y policiales que caen sobre los afectados con todo su rigor de forma inesperada y contundente.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 102, febrero de 2006

 

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