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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

“La farsa de la autodeterminación. El Plan Ibarretxe: al asalto del País Vasco y España” (Ediciones Áltera, S.L.).

Santiago Abascal Conde. “La farsa de la autodeterminación. El Plan Ibarretxe: al asalto del País Vasco y España”. Prólogo de José María Aznar. Ediciones Áltera, S.L. Barcelona. 2005. 378 pp.

 

 

Todas las reclamaciones y estrategias políticas desplegadas por el nacionalismo vasco, a lo largo de su historia, están unidas por el mismo hilo conductor: una particular interpretación del derecho de autodeterminación externo o de secesión.

 

El tantas veces mencionado, y escasamente conocido en profundidad, derecho de autodeterminación de los pueblos, en su proyección externa, ha sido contemplado por Naciones Unidas exclusivamente en supuestos coloniales y de regímenes racistas. No obstante esta acepción mayoritaria, ha sido el hilo conductor de todas las reclamaciones y estrategias desplegadas por el conjunto del nacionalismo vasco a lo largo de su historia; particularmente en las últimas décadas. El nacionalismo vasco lo interpreta, desde su íntima naturaleza excluyente y con una mirada antidemocrática, como el derecho a la secesión de un supuesto “Pueblo Vasco” de España. Y, para ello, niega sin pudor alguno la existencia de la soberanía nacional detentada por el pueblo español.

 

El nacionalismo vasco, más allá de matices doctrinales y partidarios, está unido por la misma pretensión: la independencia. Y sabe perfectamente que la misma no es admisible desde las previsiones legales de la Constitución española; y ello es así por mucho que se violente alguna peculiar interpretación de unos pocos de sus preceptos. Pero tampoco lo es desde el vigente Estatuto de Autonomía. Por ello, el Plan Ibarretxe no podía prosperar en el actual marco normativo... salvo que un sector sustancial de sus defensores se rindiera ante las pretensiones secesionistas.
Al nacionalismo no le falta, ciertamente, una cualidad: la tenacidad,  que seguramente carecen los actuales dirigentes socialistas, traicionando de esta manera su propia tradición política, incompatible en sus esencias con las raíces etnicistas y las pretensiones del nacionalismo vasco. Por ello, su enésimo intento de secesión revistió esa forma concreta: el Plan Ibarretxe. La elecciones autonómicas vascas del pasado 17 de abril enterraron, aparentemente y según el juicioso criterio de muchos analistas, al citado plan. Pero ello no quiere decir, en absoluto, que el nacionalismo renuncie a sus pretensiones. Todo lo contrario. Lo de menos es el nombre del intento, pues seguro que en breve nos encontraremos ante una nueva versión del anterior. Y más cuando creen percibir, entre sus oponentes políticos, cansancio, desmoralización... y entreguismo. Pues, ¿cómo calificar la actitud socialista mostrada ante Ibarretxe, nada más presentar su plan, asegurándole, en palabras de José Luis Rodríguez Zapatero en el Congreso de los Diputados el 1 de febrero de 2005, “…voluntad de diálogo, optimismo en las posibilidades de llegar a un encuentro…”? Y, si al PNV le faltan ideas, que se las pidan a las chicas del PCTV, que seguro que las tienen.

 

Santiago Abascal ha dado en la diana: el Plan Ibarretxe sólo es una expresión más del ejercicio del derecho de autodeterminación a la manera de los nacionalistas secesionistas y etnicistas. Por ello su libro es tremendamente actual; proporcionando una magnífica visión de conjunto de toda la trayectoria nacionalista, de sus mitos, razones, objetivos y estrategias. Pero, también, realiza un magnífico recorrido por los orígenes y diversas formulaciones del derecho de autodeterminación, estudiando su recepción en el derecho internacional y en diversos derechos nacionales.
España está en crisis. Su misma naturaleza está cuestionada. El actual marco legal de convivencia, que ha funcionado razonablemente bien en las últimas décadas, también sufre una profunda revisión. Pero el mérito no corresponde tanto a los nacionalistas –es su obligación intentarlo, en definitiva- como a un PSOE que ha olvidado su propia tradición política; irresponsablemente, pues no ignoran los enormes riesgos. Bien les vendría estudiar la Historia, recordar los fundamentos y las razones que hicieron posible la Constitución de 1978, y aplicar un poco de su –casi- infinita capacidad crítica a los fundamentos y pretensiones nacionalistas. Si los socialistas fueran más coherentes, la crisis ya se habría superado.

 

Mientras ello acontece, hace bien Abascal en recordar y fundamentar algunas premisas básicas: el derecho de autodeterminación ni es un derecho, en la formulación nacionalista, ni es democrático. Es el pueblo español el titular de la soberanía nacional. Existe un derecho incuestionable y escasamente alegado: el de la unidad de la nación española. Y existe un marco constitucional que encaja todo ello y lo hace posible democráticamente.
Los riesgos implícitos en la alternativa nacionalista son muchos: crispación, tensiones  colectivas, exclusión de los no nacionalistas... No merece la pena intentarlo. Así lo señala el sentido común y la lógica democrática. Por todo ello, bienvenido sea este libro; con sus razones, reflexiones y argumentos.
El Semanal Digital, 22 de mayo de 2005
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