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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Violencia y reconstrucción de la izquierda postcomunista en Aralar.

                En un artículo anterior realizábamos una aproximación a la ideología y naturaleza política de la formación Aralar desde su identificación con la izquierda abertzale, su programa común traducido en la llamada “alternativa KAS” y la “alternativa democráica”, y su posición ante los “presos vascos”. Para comprender ambas cuestiones, ideología y naturaleza, reflexionaremos, a continuación, en torno a su análisis de la violencia, sus objetivos a corto y medio plazo, su valoración de los movimientos sociales y su perspeciva ante la reconstrucción orgánica y programática de la izquierda radical postcomunista.

 

Aralar y la violencia.
Esta nueva formación elaboró, en su día, un clarificador documento titulado “Posición de Aralar ante la lucha armada”, en el que diferencian varios niveles de reflexión que reproducimos literalmente:
“a) Ideológico. Euskal Herria, como cualquier otro Pueblo, tiene derecho a emplear la fuerza. Si las vías políticas se cierran, la lucha armada se dotaría de legitimidad.
b) Estratégico. Hoy en día las vías políticas, aun con sus dificultades y obstáculos, no son imposibles en Euskal Herria. Además, todos los avances que se realicen deben sustanciarse y acumularse en el campo político y social. Hoy la lucha armada ha dejado de tener legitimidad.
c) Táctico. La presencia y la práctica de la lucha armada, tal y como se lleva a cabo en la actualidad, supone una limitación para la acción política de la Izquierda Abertzale. Su empleo obstaculiza los avances de los abertzales en general y de la Izquierda Abertzale en particular. La lucha armada hoy no es conveniente”.
Es decir, la “lucha armada” no ayuda en estos momentos, no es oportuna. Y no se descarta, un día, retomarla si se dan condiciones para ello.
Otra declaración de Aralar interesante al respecto es la reflejada en la sexta resolución, de su primera conferencia política, celebrada en ocubre de 2003, en la que consideran que el “proceso de paz” y el “proceso soberanista” son dos procesos independientes que no deben condicionarse. Ello implica que la eliminación de la violencia no es prioritaria para Aralar, rechazando su empleo únicamente por mera conveniencia táctica.

 

Aralar y la crisis de la izquierda radical.
Aralar, en diversos documentos, determina sus contenidos ideológicos, más allá de las cuestiones específicamente vascas, por decirlo de alguna manera. Su marco de referencia está integrado, también, por conceptos comunes a todas las izquierdas postcomunistas: antimilitarismo, ecología, pueblos sin nación, resistencia a la globalización, feminismo, solidaridad internacional, reparto de trabajo, integración inmigrantes, reconstrucción de espacios comunitarios progresistas…
Ante la pérdida de referencias sufrida por la extrema izquierda en las dos últimas décadas del siglo XX (caída del comunismo soviético, desaparición de la mayor parte de guerrillas marxistas-leninistas), se precisaba su adaptación –también de la vasca- a la nueva situación internacional. Aralar articula ese discurso izquierdista mundial, en construcción, con nuevas referencias, despojándose de las formas más “anticuadas”.
La crisis de la izquierda en general (transformación del antiguo PCI, “nuevo laborismo”), tiene su reflejo en esa extrema izquierda que necesita adaptarse a los nuevos tiempos para continuar con su labor revolucionaria. Por ello, muchas de las expresiones y conceptos empleados por Aralar los encontramos en diversas formaciones nacionalistas e izquierdistas presentes en España, así como en otras latitudes.

 

Aralar y el futuro:
En todos sus documentos se otorga extrema importancia al papel de los movimientos sociales y “populares”, equiparándolos, en importancia y trascendencia, a la lucha política “institucional”. De ahí la necesidad de coordinarlos. Por ello, también insisten en la creación de “espacios comunitarios de progreso”, lo que excluye fórmulas asociativas propias de la derecha y otros medios sociopolíticos.
Ya en octubre de 2003, los miembros de Aralar establecieron sus objetivos a corto, medio y largo plazo, tanto a nivel vasco, estatal español, como a nivel internacional: coalición abertzale, articulación fuerzas progresista (¿pacto de progreso al estilo catalán?), desobediencia civil (a concretar), Europa de los pueblos sin nación (Alianza Libre Europea), resistencia a la globalización, impulso de todo tipo de movimientos sociales, presencia institucional abertzale en Navarra y Álava, mayoría abertzale en Guipúzcoa y Vizcaya, etc.
Todo un programa que, combinando movimientos sociales y movilizaciones populares con iniciativas políticas tradicionales (coaliciones electorales, etc.), busca avanzar en el proceso hacia la autodeterminación, la territorialidad y la soberanía, empleando todo tipo de medios, salvo una “lucha armada” que pudiera otorgar “derecho a veto” al Estado español.

 

Conclusiones.
Aralar nace de la izquierda abertzale, y por ella, con la mayor parte de su bagaje ideológico, táctico (salvo la “lucha armada”, lo que requiere reajustar el papel de los demás ámbitos de lucha), y estratégico. Aralar rechaza la violencia por consideraciones meramente tácticas. Y asume los principios fundamentales de la alternativa KAS, aunque sin denominarlos expresamente con esa nomenclatura. Pretende, incluso,  monopolizar –con el tiempo- la expresión política de la izquierda abertzale.
Batasuna llevó a su ámbito de trabajo la radicalización que impuso la dirección de ETA, lo que le llevó al agotamiento de la vía política institucional. Aralar es la solución de recambio, nacida en el seno de la izquierda abertzale, para intentar superar esa crisis y, desde presupuestos parcialmente nuevos, retomar una vía política con la pretensión añadida de retomar el liderazgo del nacionalismo vasco en Navarra y condicionar el plan Ibarretxe. Y todo ello sin excluir pactos con las izquierdas estatales, en un intento de desalojar a la derecha (siguiendo el modelo “catalán”) de ámbitos institucionales y sociales en los que se encuentra presente.
Su ideología nacionalista pervive sin una sola modificación sustancial, y se reajusta –también a nivel orgánico- a los cambios de la izquierda socialista mundial; tras la pérdida de sus referencias anteriores por la crisis del comunismo, la extinción de la mayoría de guerrillas, el revisionismo laborista y la transformación del PCI. Se despega, de esta forma, del marxismo – leninismo ortodoxo, dando lugar a una peculiar síntesis, de nacionalismo e izquierdismo radical, teñida de totalitarismo.

 

El Semanal Digital, 4 y 5 de febrero de 2004.

 

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