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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Pugna entre PSOE y Aralar por el liderazgo de la izquierda navarra.

Desde el pasado día 8 de noviembre se tuvo conocimiento, por la prensa nacional y regional, de las gestiones encaminadas a la conformación de una coalición electoral de las fuerzas nacionalistas vascas presentes en Navarra: Aralar, PNV y EA, fundamentalmente.
                Por su parte, Diario de Navarra aseguraba que, desde una valoración puramente matemática de los últimos resultados electorales, era previsible que la nueva coalición obtuviera un escaño del Congreso de los Diputados a costa del PSOE.
Poco después, José Antonio Urbiola, presidente de un minúsculo PNV navarro, afirmaba que propondría que los dos primeros puestos, de la lista al Congreso, se asignaran a nacionalistas independientes; muestra inequívoca de que sus aspiraciones reales alcanzan a dos de los cinco escaños correspondientes a Navarra.
                Pensamos, no obstante, que el cálculo realizado por Diario de Navarra ha sido muy escueto, olvidando que tal coalición arrastraría, seguramente, a una parte importante del electorado de Batzarre (los restos de LCR y MCE, con cierta incidencia en algunas localidades), a electores nacionalistas de Izquierda Unida e, incluso, a votantes descontentos con el errático rumbo de la actual dirección navarra del PSOE. Por último, no lo olvidemos, podrían sumarse nuevos votantes procedentes de Batasuna que optarían rabiosos, desde una opción posibilista, por el apoyo a una coalición nacionalista con posibilidades reales de forjar un cambio histórico. De esta forma, esta lista podría superar en votos, sin dificultades, al PSOE.
                En el centro de esa estrategia, más cuando ya es la formación nacionalista más votada de Navarra, se encuentra el partido abertzale Aralar. Con un arraigo, en esta comunidad, muy superior al alcanzado en las provincias vascas, está liderado por Patxi Zabaleta, quien goza de una magnífica imagen en los medios de comunicación y en la clase política; ganada por su matizada crítica al terrorismo cuando militaba en el seno de Herri Batasuna. No obstante, también cuenta con detractores. Así, el intelectual Aurelio Arteta, en un artículo publicado el 19 de diciembre en Diario de Navarra, recordaba algunas de sus posturas anteriores, plenamente acordes con la ortodoxia abertzale.
Estas previsiones permiten afirmar que lo que en su día se valoró como una buena noticia (es decir, la aparición de Aralar como corriente crítica interna de Batasuna, después constituida como partido), que debilitaba aparentemente al MLNV, supondría hoy un éxito, inimaginable entonces, para la izquierda abertzale. Aralar demostraría, así, una enorme capacidad de recuperación de su espacio político, no únicamente el abertzale, sino el del nacionalismo vasco en su conjunto e, incluso, el de buena parte del de las izquierdas navarras.
                En este contexto, si algo interesa para la estabilidad política, social e institucional de Navarra, es la recuperación de un maltrecho PSOE que sigue sin reponerse electoralmente. Su actual dirección no logra superar la larga crisis que arrastra. Tampoco se adivina ninguna posibilidad de renovación desde una, dividida y menguada, oposición interna que ha sufrido el abandono de figuras muy representativas, en una dramática sangría. Igualmente, esa estabilidad precisa que su proyección sindical, UGT, se sostenga frente a unos agresivos sindicatos nacionalistas que avanzan lenta, pero imparablemente.
                Una vez liderado el espacio nacionalista vasco de Navarra por Aralar, y desplazando al PSOE de su segunda posición en votos del mapa electoral, ¿cuál sería su paso siguiente? La lógica política nos lleva a pensar que pudiera ser, al igual que en Cataluña, un “pacto de progreso” que también comprendiera al PSOE, de cara a las futuras elecciones forales, en un intento de desbancar a UPN del Gobierno.
El desarrollo de esas opciones, no obstante, será decisivo para el futuro de la sociedad navarra y también, no lo olvidemos, para la materialización, en alguna medida, de la consustancial territorialidad del plan Ibarretxe.
                Y, en cualquier caso, que no olvide el PSOE que, en un hipotético “pacto de progreso”, quien llevaría la voz cantante -sostenido por la novedad de su mensaje, su capacidad de diálogo y pacto, su militancia experimentada y entregada- sería Aralar y no un apocado y titubeante PSOE.
                En definitiva: el panorama electoral navarro (las dificultades para que se extienda un pacto de estas características al País Vasco son mayores, dado el predominio de un PNV que no renunciará a su liderazgo del conjunto de nacionalismo) puede sufrir una convulsión que afectaría poderosamente a las expectativas políticas tanto de constitucionalistas como de nacionalistas vascos. Pero, la formación política navarra que más puede perder es, hoy día, el PSOE; pues dejaría de ser la referencia central de un hipotético recambio de Gobierno, siendo cuestionado su liderazgo, incluso, del espacio político que viene ocupando históricamente, por esta “nueva” y sorprendente izquierda de Aralar.
El Semanal Digital, 27 y 28 de diciembre de 2003
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