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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Terrorismo: ideología y globalización.

El terrorismo de la era de la globalización, ¿es sustancialmente diferente al sufrido, con anterioridad, en otras sociedades? En una breve incursión a sus raíces, y a las características actuales de esta amenaza, observamos una constante: la presencia de una ideología que lo origina y mueve.

 

Introducción.
Las acciones terroristas son el efecto expreso y directo de una opción, racional y táctica, por el empleo de medios violentos, adoptada por un grupo dirigente y activista movilizado por una ideología, que contempla incluso el asesinato selectivo o indiscriminado de adversarios (personas con significación política opuesta, militares y miembros de los aparatos de seguridad del estado, o simplemente civiles), con el objetivo de forzar un cambio político que no podría alcanzarse por vías pacíficas. En los grupos terroristas siempre está presente una ideología, como motor o justificación de sus acciones criminales: ya sea de carácter puramente política, de base territorial/nacionalista, o pseudorreligiosa.
                El terrorismo moderno, sufrido a lo largo del siglo XX, siempre se ha caracterizado, además de basarse en una ideología interpretada y aplicada hasta sus últimas consecuencias, por el secreto, la adopción de una organización militar estanca y jerarquizada, y el empleo del factor sorpresa.
                El estado, generalmente, ha dispuesto, salvo en naciones poco desarrolladas o apenas dotadas de estructuras estatales, de medios tecnológicos más avanzados, y de una red humana más extensa, que los alcanzados por los grupos terroristas. Por ello, en la mayoría de casos, el terrorismo ha sido derrotado.
                Pero el terrorismo se transforma constantemente. Así, puede afirmarse que, si bien la mayoría de sus expresiones desarrolladas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX compartían una concepción del mundo, en alguna medida “racional” y de raíz marxista, en la actualidad predomina la concepción irracional, mítica, pseudo religiosa y mesiánica, del fundamentalismo islámico contemporáneo.
                Por ideología entendemos una concepción intelectual omnicomprensiva, del mundo y de la realidad, que explica, desde el enunciado de unas leyes permanentes y supuestamente científicas, el comportamiento individual, la evolución social, y el fin “ineludible” de la humanidad.
                Debemos diferenciar, no obstante, al terrorismo de otros conceptos con los que suelen confundirse.

 

- “Terrorismo de estado”. Este concepto está teñido por la ideología crítica izquierdista. Así, un estado (democrático o no) se serviría de técnicas análogas a las empleadas por los grupos terroristas (desapariciones, asesinatos selectivos, incursiones en territorio extranjero, acciones contra familiares…) con la pretensión de combatirlos con sus propios medios, perdiendo, de esta manera, su legitimidad de ejercicio. Tales prácticas se han asimilado, por buena parte de polítologos y periodistas contemporáneos, a determinados regímenes políticos; por ejemplo, a la Junta Militar argentina. Sin embargo, otros regímenes políticos, generalmente marxistas, que han practicados métodos análogos a los anteriores, no han recibido idéntica calificación.
- Los conceptos de “resistencia” y “guerrilla” están muy relacionados entre sí al remitirse, en muchos casos, a las acciones militares ejecutadas por un ejército, o milicia irregular, contra el ocupante extranjero o los defensores del “estado burgués opresor”. En muchas ocasiones, tales han combinado las acciones militares “clásicas” de guerrilla rural, principalmente, con las tácticas de terrorismo urbano; de ahí las dificultades en deslindar tales conceptos del de terrorismo, puro y duro, al causar víctimas conscientemente también entre la población civil.

 

Antecedentes históricos.
                Remontándonos en el tiempo, como antecedentes históricos del terrorismo, encontramos diversos episodios. Veamos alguno de ellos.
- La secta de los asesinos (inicialmente liderada por el viejo de la montaña, Hassan ibn Sabah, fallecido en 1124); una minoría chiíta ismaelita de Siria, asociada al consumo de hashish.
- La etapa del Terror institucionalizado por los jacobinos franceses (de marzo de 1793 a julio de 1794) contra los representantes cualificados del Antiguo Régimen, demás opositores políticos, y la población civil que apoyaba a los grupos insurrectos monárquicos en amplias zonas del país.
- En el siglo XIX encontramos numerosas manifestaciones terroristas, entre otras: los grupos anarquistas (especialmente activos en los países mediterráneos, pero poco efectivos en general), los grupos nacionalistas balcánicos (particularmente, los nacionalistas de la VMRO, Organización Revolucionaria Macedonia del Interior), y los izquierdistas rusos de Narodnaya Volya (“Voluntad Popular”, populistas de procedencia pequeño burguesa, intelectuales y universitarios, ideológicamente oscilantes entre el liberalismo radical, la utopía libertaria y el socialismo utópico).
                El proceso de descolonización en el Tercer Mundo, ya a mediados del XX, se acelera por la acción guerrillera de los distintos “movimientos de liberación nacional” (ya puramente marxistas, como el PC chino, ya de predominio nacionalista, como el Mau Mau en Kenia): de nuevo, se recurre al terrorismo. Pocos años después, en otros lugares (Europa, Japón, Oriente medio, América Latina) irrumpe el terrorismo marxista-leninista. El de los países occidentales avanzados siempre será socialmente minoritario y extremadamente ideologizado. El de América Latina, particularmente, y en otras áreas del Tercer Mundo, revestirá la modalidad tanto de ejércitos irregulares –guerrillas- de ámbito rural, como de base urbana. No obstante, la mayor parte de todas esas expresiones fracasarán en sus intentos, salvo en casos muy aislados, como el FSLN en Nicaragua y las FARC colombianas, hoy transformadas en atípicas narcoguerrillas. En Europa debemos recordar al Ejército Republicano Irlandés (IRA) que, al parecer, está planteando disolverse en 2005, sin haber conseguido imponerse “militarmente”, pero habiendo alcanzado indudables éxitos “políticos”.
                GRAPO y FRAP en España, FLNC y FLB en Francia, NAR y Brigadas Rojas en Italia, Tupamaros en Uruguay, Montoneros y ERP en Argentina, FPMR en Chile, Ejército Simbiótico de Liberación y Panteras Negras en USA, grupúsculos comunistas griegos, Ejército Rojo Japonés, Fracción del Ejército Rojo en Alemania, Maoístas en India, GIA en Argelia, Hermanos Musulmanes en Egipto, PCB en Brasil, Sendero Luminoso y Tupac Amaru en Perú…; todos ellos fueron derrotados, entre otros motivos, por no saber incorporar las nuevas tecnologías que podían potenciar su acción o, alternativamente, combatirlos. Mientras permanecieron relacionados con servicios secretos de los países comunistas, disfrutaron de algunos avances técnicos. Caído el Muro de Berlín, retrocedieron en todo el mundo, particularmente en occidente.
                En Palestina se implantan dos tipos de organizaciones terroristas: marxistas-leninistas unas (FPLP y FDLP), y nacionalistas otras (Al Fatah, laica, y Al Saika, socialista panárabe). De forma muy tardía, el fundamentalismo islámico (Hamas, Jihad islámica y Hezbollah) también arraiga impulsado en sus inicios, paradójicamente, por los servicios secretos israelíes que así pretendían debilitar a su enemigo. No obstante, el terrorismo palestino ha obtenido brillantes resultados: la excarcelación de la inmensa mayoría de los autores de secuestros de aviones de pasajeros occidentales acaecidos en los años 70 (particularmente, los realizados por Septiembre Negro); el reconocimiento internacional de Arafat, dos décadas después; las retiradas francesa, norteamericana e israelí de Líbano; son contundente prueba de ello.

 

La globalización terrorista.
                Veamos, a continuación, las principales características del actual terrorismo de la era de la globalización.
Su recurso a la ingeniería financiera; lo que ya se venía practicando por ETA, las FARC, y demás organizaciones terroristas mínimamente sofisticadas. No obstante, el salto cuantitativo, que no cualitativo, lo ejecuta Al Qaeda.
La producción de daños indiscriminados lo más cuantiosos posibles (eliminándose intencionadamente, y sin restricciones, la barrera entre población civil y potenciales objetivos militares).
Su anonimato: en Nueva York, hasta tres semanas después del 11 S, no se tuvo certeza de la identidad de los autores de los atentados. Algo parecido también sucedió en Tokio con motivo de los atentados ejecutados, mediante gases tóxicos en su Metro, por el grupo mesiánico La Verdad Suprema.
Búsqueda de la máxima repercusión mediática.
Su acceso a nuevas tecnologías. Así, el empleo de internet facilita la comunicación interna de los grupos terroristas entre sí, independientemente de su dispersión geográfica. Por otra parte, la marcha de una sociedad depende hoy día, en gran medida, del buen funcionamiento de las redes informáticas: el bloqueo o la destrucción de tales redes pudiera paralizar la vida socioeconómica.
La posible adquisición y el empleo de armas de destrucción masiva (la guerra ABQ en su aplicación terrorista).
Una nueva identidad ideológica, al irrumpir el fundamentalista islámico de base religiosa, pero esquemática y vitalmente análogo.
Su universalización: el terrorismo puede golpear, a sus potenciales enemigos, en cualquier lugar del mundo.

 

La máxima del moderno terrorismo global es, en resumen, conseguir, con una mínima inversión humana y en medios, el máximo impacto mediático, social y económico a escala planetaria.
Para afrontar a este nuevo terrorismo que, armado con una ideología totalitaria y buena parte de las características de la moderna globalización, impacta con nuestra sociedad, debemos tener presentes algunas cuestiones previas.

 

Sociedad democrática y terrorismo.
1. En primer lugar, debe analizarse el choque entre dos principios fundamentales de la sociedad democrática de corte occidental: el del ejercicio y límites de la libertad individual y grupal, con las exigencias de la seguridad colectiva que pueden aparejar la pérdida -o serias limitaciones- de derechos subjetivos concretos. Tal conflicto existe, igualmente, en la determinación de los límites legales y éticos del cruce de las distintas bases de datos estatales: particularmente en su colisión con el derecho a la intimidad.
2. El terrorismo total requiere, como respuesta adecuada, una movilización social colectiva, tanto por parte de los sujetos sociales particulares activos, como de las instituciones políticas y los partidos: unidad por encima de las diferencias.
3. La existencia de bases terroristas estables en diversos lugares del mundo, que facilitan su pervivencia y mayor radio de acción, es otro de los efectos de la universalización terrorista: para combatir eficazmente esa presencia, se impone la cooperación internacional. Los evidentes éxitos internacionales alcanzados por el terrorismo palestino han sido analizados y valorados, en buena medida, como modelos deseables, por Osama Bin Laden y sus seguidores. Para afrontar esta amenaza no existen atajos: sólo es posible el éxito desde la firmeza y la unidad internacional, ya que si algún gobierno apoya a los terroristas, aunque sea mínimamente, entonces, buena parte de los mecanismos de respuesta pierden efectividad.
4. Aparición de nuevos debates éticos. Así, en Israel y USA se han planteado la posible licitud de la tortura en casos extremos de conocimiento seguro de inminente atentado masivo; pero con una cobertura judicial o legal pautadas.

 

Instrumentos contraterroristas.
Muchas de las técnicas contraterroristas del estado democrático, todavía hoy vigentes, ya fueron ensayadas por la policía secreta zarista (la denostada, pero no por ello menos mítica, OJRANA) frente a nacionalistas caucásicos, anarquistas, social-revolucionarios, socialistas y comunistas.
Desde la perspectiva del vigente estado de derecho, tales técnicas podemos clasificarlas en dos tipos: las legales, que concuerdan con los valores constitucionales del estado democrático y el principio de legalidad, y las ilegales.
No obstante, la mayoría de instrumentos, que mencionamos a continuación, pueden desenvolverse en los cauces de la legalidad, hasta el límite en que sean contradictorios con determinados derechos fundamentales. Su delimitación, por ello, deberá realizarse caso por caso. Veámoslos sumariamente.

 

1. Obtención de información: los trabajos de inteligencia. Instrumentos históricamente muy utilizados. En la actualidad, su ejercicio requiere el empleo de tecnologías muy sofisticadas, con cobertura judicial expresa. Exige la unificación de los diversos servicios de información de un estado, tanto policiales, militares, diplomáticos… El intercambio internacional de información contraterrorista es la lógica consecuencia de lo anterior. Su riesgo: el mal uso de la información para otros fines políticos o económicos.
2. La represión directa, ya sea para prevenir, como para amortiguar un golpe terrorista concreto, mediante la información extraída in situ de la colaboración ciudadana, las pruebas recogidas en el lugar del atentado, las delaciones, los interrogatorios, etc.
3. Empleo de técnicas de agit-prop: técnicas de agitación y propaganda. Con ellas se persigue la creación, entre la población civil, de una decidida actitud opuesta a la acción terrorista, privando a los grupos terroristas, de paso, del colchón humano que precisan para mantenerse y regenerarse.
4. La infiltración, entendida como la penetración de agentes estatales “dobles”, en una organización, con los objetivos de descubrir su trama interna y, además, prevenir acciones terroristas ulteriores; desarticulando el grupo antes o después de una acción.
5. El futuro de la lucha contraterrorista radica en la cooperación judicial, penal y policial, internacionales mediante: el intercambio de información, ya lo mencionábamos antes; la creación de archivos conjuntos; la constitución de unidades policiales mixtas; la autorización de investigaciones policiales extranjeras en suelo nacional…

 

Una práctica contraterrorista degenerada, que no conviene olvidar, puede contaminar la lucha antiterrorista, habiéndose ejecutado en muchas ocasiones incluso con una enorme trascendencia histórica: nos referimos a la provocación e instrumentalización de grupos terroristas, mediante la infiltración policial en los mismos, con el objeto de conseguir un objetivo político distinto al pretendido inicialmente por los propios terroristas. Se trata de una técnica que puede desbordar la lucha antiterrorista volviéndose en contra de los objetivos iniciales.

 

Algunas conclusiones.
No olvidemos una dimensión social decisiva, generalmente obviada cuando no ignorada, al debatir estas cuestiones: la necesidad de la educación colectiva en unos valores fuertes que propongan a toda la sociedad, incluidos los terroristas y su ambiente, una alternativa atractiva para su retorno a la vida civil normalizada.
Insistamos en un aspecto. El terrorismo de la globalización, desplegado dramáticamente por Al Qaeda, ya se prefiguraba en las organizaciones antecedentes inmediatas de ETA, las FARC, la OLP, etc. Comulgar con una u otra ideología no hace distintos a los grupos terroristas, pues todos ellos desprecian, en mayor o menor medida, la división combatientes/civiles: terrorismo es terrorismo, ya sea marxista – leninista o islamista. Pero el empleo de las técnicas que lo caracterizan, y potencian hoy día, ya se experimentó con anterioridad, aunque condicionado por el desarrollo tecnológico del momento. En definitiva: el terrorismo desplegado por Al Qaeda se ha despegado cuantitativamente, que no cualitativamente, del terrorismo de las organizaciones precedentes.
                Una constante, de todos los grupos terroristas de cualquier época, es la fuerza motora de una ideología, adoptada dogmáticamente, como explicación pseudocientífica de la presunta marcha ineludible de la humanidad hacia su utopía final; paraíso cuyo alcance, dificultado por fuerzas reaccionarias, imperialistas o diabólicas, debe acelerarse mediante un ejercicio titánico de coherencia que exige un tributo en sangre.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 86, octubre de 2006
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