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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Elecciones del 25 de mayo en el País Vasco y Navarra:

La mayoría de los comentaristas políticos han afirmado que las elecciones del 25 de mayo no han aportado novedad alguna en el País Vasco, pues todo seguiría igual. ¿Realmente es así?

 

            No se trataba de unas elecciones municipales y forales ordinarias. Lo que se jugaba en el País Vasco y Navarra era, nada menos, que el  refrendo de la comunidad nacionalista al proyecto soberanista de Ibarretxe. Debemos partir de una premisa. Ibarretxe y los suyos pretenden avanzar en el soberanismo en cualquier caso y a pesar de la postura y número de los constitucionalistas. Descartado un improbable trasvase de votos procedente de ese sector antagónico, Ibarretxe pretendía en estas elecciones ampliar la base social de apoyo a su proyecto, conquistando nuevas parcelas de poder municipal y en las Juntas Generales, fagocitando para ello una buena parte del antiguo electorado radical abertzale. Y en buena medida, con la excepción de Álava, donde también ha avanzado PNV/EA, lo han conseguido. En este aspecto, las elecciones sí han sido esclarecedoras.

Por su parte, los partidos constitucionalistas pretendían revalidar su estrategia, en un intento de mantener el actual marco de convivencia, basado en el Estatuto y la Constitución, frenando el avance nacionalista. De ahí las expectativas creadas con Bilbao. Dos proyectos de futuro, en definitiva, incompatibles en tanto se mantengan en su actual diseño. En estas circunstancias, no parece fácil tender puentes entre ambos; lo que viene quedando en evidencia desde que la lucha contra ETA dejó de unirles merced al sorprendente deslizamiento de un partido antaño “de orden” (el PNV) hacia las posturas antisistema y rupturistas de sus antiguos enemigos y actuales competidores.

 

País Vasco.

            El liderazgo de Patxi López en el seno del PSE-PSOE se consolida, aunque no ha terminado con la crisis del sector “redondista”.

El PP ha revalidado resultados. Pero, al margen de los mismos, tiene pendiente la difícil designación de un liderazgo alternativo al de Jaime Mayor Oreja, quien probablemente retomará mayores responsabilidades políticas de ámbito nacional.

Unidad Alavesa retrocede notablemente, confirmando los pesimistas augurios emitidos con ocasión de la retirada de su líder Pablo Mosquera. 

Izquierda Unida, más nacionalista que nunca, mejora resultados.

            La coalición PNV/EA atrae un porcentaje muy importante del antiguo voto de Batasuna, especialmente en Vizcaya, frustrando en Bilbao las altas aspiraciones de los partidos constitucionalistas. El vaciamiento electoral de la izquierda abertzale, de esta forma, está prosperando como táctica del PNV para hacer frente a ETA, aunque a cambio de una radicalización que será el precio a pagar para su conservación. Deberá investigarse, no obstante, si esta política le ha supuesto pérdida de votos en sus franjas más moderadas y si su destino, de haberse producido tal, ha sido el PP o la abstención.

Los votos nulos indican la persistencia de un importante “núcleo duro” de abertzales que siguen las consignas de ETA como principal referente. Esos “ladrillos” constituirán unas armas que ETA esgrimirá frente al PNV/EA en su carrera por el liderazgo del nacionalismo vasco, al que no renuncia. Pero los antiguos votantes de Batasuna también han optado por otras opciones, no siendo homogéneos sus comportamientos en todos los territorios ni en todas las localidades. De esta forma, un puñado significativo ha recalado en Aralar, la escisión moderada que rechazó en su día la lucha armada, consiguiendo una pequeña representación municipal y en las Juntas Generales de Guipúzcoa.

Apenas ha habido cambios significativos en los apoyos obtenidos por ambos bloques, globalmente considerados. Se han producido, eso sí, transferencias de votos en el seno de cada uno de ellos, con una especial trascendencia del producido dentro del campo nacionalista, al constituirse el PNV como “el partido” por antonomasia, dejando al entorno radical en una delicada posición, más cuando la capacidad operativa de ETA está muy mermada.

En el País Vasco, por tanto, las cosas no siguen del todo igual. Así, la sociedad vasca deberá hacer frente, en un corto plazo de tiempo, a una sucesión de citas vitales: presentación del Plan Ibarretxe en su nueva versión, posible adelanto de las elecciones autonómicas, sustitución de Arzalluz al frente del PNV y, por último, probable consulta en clave soberanista. En definitiva: la fractura social y política persiste dramáticamente sin indicios de apaciguamiento.

En estas circunstancias, PSOE y PP carecen de otra alternativa real que no sea la de resistir, salvo un cambio inesperado en el rumbo del PNV.

No parece fácil se puedan tender puentes entre ambos sectores. Sólo una realidad transversal podría, tal vez, intentarlo: la Iglesia, siempre que no actúe desde equidistancias sangrantes, fruto de fríos cálculos estratégicos.

 

Navarra.

            En Navarra también era mucho lo que se jugaba UPN que, de no haber conseguido mayoría absoluta, corría el riesgo de perder el Gobierno frente a una coalición “a la contra”. Los inesperados resultados de su antigua escisión -4 escaños son los alcanzados por CDN- le socorrerán con toda seguridad, alcanzando una clara mayoría absoluta en el Parlamento. Sumando, de esta forma, 27 escaños, UPN es la principal fuerza, el partido de gobierno clave, sin el que no puede concebirse la política en el territorio foral. En Navarra, concluimos, no tiene ninguna viabilidad aventura soberanista alguna.

            La segunda opción, pese a todo y más allá de lo que representan los 11 escaños de un consumido PSOE, es el nacionalismo vasco: PNV/EA, Aralar e IU que, cada uno con 4 escaños, suman un total de doce. Y ello sin contar con el voto radical nulo auspiciado por Batasuna, que suman casi 25.000 voluntades, y los casi 8.000 votos de Batzarre (las antiguas LCR y MCE). Para esta afirmación nos basamos en que su sintonía en temas trascendentales es casi total, respondiendo a una unidad de fondo que supera las formales divisiones de esos partidos, lo que explica que varios miles de votos de la antigua Batasuna hayan recalado, en mayor o menor medida, en cada una de esas tres formaciones. Debe destacarse, en este sentido, el magnífico resultado alcanzado por Aralar en su primera convocatoria electoral: casi un tercio de los antiguos electores de Batasuna.

El PSOE navarro no remonta. Sin un efectivo liderazgo, sus bases se muestran desorientadas. Pero deberán reaccionar si no quieren que, de la mano de Aralar, la izquierda navarra reordene ese espacio a su costa, perdiendo en ese proceso el terreno que todavía ocupa; una posibilidad en absoluto deseable pues supondría una convulsión política de efectos insospechados.

 

            De esta forma, con la excepción alavesa y el camino propio navarro, aunque el Plan Ibarretxe se consolida, sigue sin materializarse la territorialidad, su requisito sustancial y principal objetivo; carencia, no lo olvidemos, principal reproche de ETA a esta estrategia del PNV/EA.

 

“Paginas para el mes”, Nº 68, junio de 2003.

Elsemanaldigital, 2 de junio de 2003.

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