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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Unas elecciones decisivas para la estrategia soberanista de Ibarretxe.

Enganchar a Navarra, de alguna manera, al Plan Ibarretxe, y la recuperación de Álava para el nacionalismo vasco: objetivos prioritarios del PNV y sus socios para las próximas elecciones del 25 de mayo. Una dramática opción entre el actual marco de convivencia -imperfecto y con tensiones- y un salto al vacío de dimensiones revolucionarias y consecuencias imprevisibles.

 

                La inquietud se ha apoderado de las filas de Unión del Pueblo Navarro. Según las últimas encuestas, ésta seguiría siendo la fuerza más votada, pero sin conseguir la anhelada mayoría absoluta. Su voluble apoyo, Convergencia de Demócratas de Navarra (el partido que surgió de la escisión protagonizada por Juan Cruz Alli), podría quedar fuera del Parlamento Foral; por lo que la soledad del centro derecha navarrista sería total. El PSN-PSOE mejoraría resultados, Izquierda Unida se mantendría, la coalición nacionalista PNV-EA podría ganar un escaño, Aralar (los presuntos moderados escindidos de Batasuna) se estrenaría con otro. Y todos juntos podrían superar en número de escaños los de UPN.

Otra incógnita, clave en cualquier caso, es el destino de los miles de votos abertzales radicales. ¿Podrá la sustituta de Batasuna, la plataforma AuB, presentarse? En caso afirmativo, las encuestas le otorgan 3 posibles escaños; de modo que la fragmentación de las fuerzas anti–UPN sería extrema, imposibilitando una alternativa de Gobierno “a la contra” según la fórmula estrenada en Baleares y seguida en Aragón. Pero, de no lograr presentarse, difuminándose el voto abertzale duro, todo puede cambiar; no en vano Juan José Lizarbe, secretario general de los socialistas navarros, ha declarado que su objetivo es expulsar a la derecha del Gobierno. Es más, ha rechazdo explícitamente una posible coalición entre ambos; opción, por cierto, la mejor considerada por los navarros en encuestas anteriores.

¿Cómo definir la naturaleza de esa posible coalición, inestable y contra natura?: ¿política ficción, estrecho cálculo matemático, o falta de conciencia nacional en la izquierda constitucionalista? En cualquier caso, la carencia de un efectivo liderazgo y de una línea política firme, han llevado a destacados militantes del PSOE de Navarra, como el histórico Víctor Manuel Arbeloa o la ex-alcaldesa de Burlada, Pilar Aramburu, a abandonarlo en los últimos meses; decepcionados por la crisis permanente de su antigua formación.

                Una cosa es cierta: termina en Navarra la etapa de entente, más o menor cordial entre UPN y el Partido Socialista, que ha sido fundamental para la estabilidad institucional y social de esta tierra y base del espectacular crecimiento económico de la última década.

                Una hipótesis. Patxi Zabaleta: próximo Consejero de Cultura del Gobierno Foral. Una posibilidad que ya no puede descartarse y que, al menos, derivaría en un nuevo impulso a la ya larga revolución cultural experimentada en Navarra. Este fogueado dirigente de Aralar no carece de programa político: al contrario. Su inteligencia sólo puede equipararse a su frialdad y persistencia en los objetivos de siempre. Que nadie espere de él, cambios significativos, renuncias programáticas esenciales o una acomodación burguesa. Rodeado de una aureola de pragmatismo, simpático para amplios medios políticos y de comunicación; su determinación contrasta con el escaso perfil de sus paisanos socialistas. Una alianza que, de producirse, devolvería a la actualidad fantasmas de un pasado que ya se creía superado. Y, acordado un Gobierno de coalición, ¿se implantaría un “Órgano Común Permanente” entre las Comunidades navarra y vasca? Esta posibilidad, radicalmente rechazada por UPN y siempre perseguida por los nacionalistas supondría, además, un balón de oxígeno para el Plan Ibarretxe ante sus detractores abertzales radicales; pues sanaría parte de las carencias achacadas al requisito soberanista de la “territorialidad”, dando pie a que Navarra participe, de alguna manera, en su estrategia. Un aspecto clave a considerar -junto a la lucha por el control de Álava a través de su Diputación Foral- que sitúa a Navarra, de nuevo, en el punto de mira de un nacionalismo vasco que precisa del máximo poder municipal y foral para el plebliscito por la autodeterminación que ha anunciado para 2004.

                Y, volviendo a Navarra, no olvidemos que los máximos responsables de UPN, Miguel Sanz y Rafael Gurrea, han sufrido serios problemas de salud; lo que podrían inhabilitarles para la política activa en un futuro próximo. De confirmarse los peores augurios, ¿podrán sus sucesores mantener unido al partido? ¿Qué postura adoptará la Dirección nacional del Partido Popular ante la previsible crisis de su socio?

                Por todo ello, las expectativas de las elecciones en Navarra –y en el País Vasco, por supuesto- trascienden el ordinario recambio de ayuntamientos diputaciones y Gobierno Foral. Lo que está en juego es una nueva fase del Plan Ibarretxe, en lucha por una legitimación social que, de momento, carece. Una estrategia que pretende vaciar electoralmente a la izquierda abertzale, asumiendo parte de sus propuestas, avanzando simultaneamente en una secesión por etapas, en un intento de acallar a ETA. Eso sí: todo ello a costa de la mitad de la sociedad vasca y, si se les facilita la ocasión, también la de Navarra.

 

Páginas para el mes, Nº 66, abril de 2003

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