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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

El PNV y la lucha contra el terrorismo: el perro del hortelano.

¿Podrá mantenerse el PNV, indefinidamente, en su “neutralidad” frente al terrorismo de ETA? ¿Cómo definir las relaciones existentes entre PNV y ETA? Una relación histórica, basada en su común nacionalismo, que se verá sometida a duras pruebas en el futuro.

El saqueo de Euskadi.

“Durante los últimos veinticinco años, el Partido Nacionalista Vasco no ha parado de jugar a la estrategia del perro del hortelano: no sólo no ha acabado con ETA sino que tampoco ha permitido que aquellos que sufren en sus carnes el azote terrorista pongan los medios para poner fin al último grupo terrorista de Europa”. Así resumen, en la página 804, los autores del libro ETA. El saqueo de Euskadi (Editorial Planeta, Barcelona, noviembre de 2002, 830 páginas) el papel del PNV ante el terrorismo de ETA. Consideran, además, que el PNV actúa de esta forma, con plena conciencia a partir del nacionalismo que comparte con ETA, siguiendo los dictados de un puro cálculo táctico; sin minusvalorar la existencia de implicaciones y afectos familiares entre ellos. Una de las pruebas que ofrecen en apoyo de esta tesis figura en la página 669, cuando reproducen la transcripción de una conversación, entre responsables del PNV y Herri Batasuna, celebrada el 26 de marzo de 1991. Xavier Arzalluz afirmó ante sus interlocutores radicales: “Nosotros somos los de siempre, nacionalistas. Sin revolución, sin marxismos ni tiros, pero con los mismos objetivos que vosotros. En el futuro, en el País Vasco sólo van a quedar dos fuerzas nacionalistas, el PNV y HB, por lo que habrá que pensar en algún tipo de colaboración. Por eso es falso eso que decís de que estemos impulsando a la Ertzaintza contra ETA. Lo que estamos haciendo es frenándola. La Ertzaintza podía tener datos sobre un comando en Donosti y no ha procedido (a su detención). No creemos que sea bueno que ETA sea derrotada. No lo queremos para Euskal Herría”.

El matrimonio formado por José Díaz Herrera e Isabel Durán, especializado en investigación periodística, vuelve a escribir sobre el País Vasco y Navarra. De su lectura se impone, entre otras, una conclusión fundamental: es inconcebible la violencia de ETA sin el apoyo expreso del PNV, particularmente en circunstancias críticas de su historia. Ya en los primeros -y difíciles- años de vida de ETA, el PNV salió en su defensa y no sólo con buenas palabras. Un ejemplo contundente. Después del Consejo de Guerra de Burgos de 1970, como consecuencia del acoso policial, ETA se encontraba diezmada, sin apenas estructuras operativas, líderes ni militantes. De EGI (Eusko Gaztedi Indarra), las juventudes del PNV, partieron de la mano de Eustakio Mendizábal, Txikia, en torno a 300 militantes, para engrosar las filas de ETA. Este oportuno refuerzo proporcionó a la diezmada organización un soporte humano imprescindible para su supervivencia y la violenta campaña que siguió a las pocas semanas de producirse este desembarco. No queda claro, en el citado libro (estos hechos se narran en su página 679), si ese trasvase de militantes fue el resultado de una operación política, fríamente calculada del PNV para evitar la desaparición de la organización que en el futuro podía proporcionarle singulares beneficios; o producto del atractivo de la línea de ETA sobre las juventudes de un partido centenario entonces anquilosado, sacudido por el impacto de las ideologías radicales de moda por aquellos años. No olvidemos que toda la sociedad europea se vio afectada por esas corrientes izquierdistas que, alcanzando todas las esferas de la vida, y con la mirada puesta en los movimientos de liberación del tercer mundo, aspiraban a una transformación revolucionaria de la sociedad, la política, la religión; hasta las prácticas sexuales. Lo cierto es que, desde entonces, tal como se describe en el libro, los contactos entre ambas organizaciones no han faltado nunca.

ETA nació como una escisión del PNV, dentro del caudal del nacionalismo vasco. Seguramente, tal como ocurrió con escisiones anteriores, caso de Jagi-Jagi, los líderes del PNV pensaron que, antes o después, los militantes de ETA regresarían al PNV, sancta santorum del nacionalismo. Pero ahí se equivocaron. ETA creció y, sin perder sus raíces nacionalistas, se alimentó de otras corrientes ideológicas completamente alejadas de las conformadoras del partido madre, transformándose en una organización revolucionaria y anti-sistema. Transcurridas unas décadas, desde entonces, ya está claro que jamás regresarán a “casa”. Tienen sus propias ideas, han alcanzado la mayoría de edad, han pagado un tributo en sangre por ello y aspiran a relevar al padre y dirigir la casa; una “casa” que ya no es el viejo “alderdi”, sino todo el País Vasco de su quimera. Pero, ¿es consciente el PNV de la verdadera naturaleza de ETA?

El criterio de Ardanza en 1996.

El lehendakari Ardanza planteó a la Asamblea Nacional de su partido en febrero de 1996: "desenmascarar, ante las propias bases del MLNV y ante toda la sociedad, el auténtico proyecto estratégico de la actual dirección de la Izquierda Abertzale. Su carácter esencialmente revolucionario y anti-sistema, así como su intención manipuladora de la ‘cuestión nacional’, deberán quedar al descubierto. Sería el modo más eficaz de provocar en el MLNV las contradicciones internas necesarias para que el soporte social abertzale del Movimiento comience a cuestionar el proyecto político de la actual dirección y, con él, el sentido y la utilidad de la ‘lucha armada’".

De este texto podemos deducir varias conclusiones:

Ardanza realizó un singular diagnóstico de la naturaleza de ETA, calificándola de organización esencialmente revolucionario y antisistema.

Advierte el peligro y perversidad del MLNV; de lo que se deriva la necesidad de combatirlo.

En consecuencia, propone una estrategia concreta frente al MLNV: desenmascarar el proyecto revolucionario de su dirección ante sus propias bases y así cuestionar la utilidad de la lucha armada.

El análisis se realiza desde una óptica plenamente nacionalista: ETA manipularía la cuestión nacional. Es el proyecto de nación, por tanto, lo que juzga la conveniencia y adecuación de ETA al mismo. ETA sería, antes que nacionalista, comunista, revolucionaria y anti-sistema.

Vemos que, al menos en ese momento histórico, y nada menos que según el juicio del entonces lehendakari, el nacionalismo vasco moderado era consciente de la naturaleza de ETA y de sus reales expectativas políticas a medio y largo plazo.

Sin embargo, desde entonces, el nacionalismo vasco moderado ha prescindido, en la práctica de su evolución táctica, de tales presupuestos. Ha ignorado la peligrosidad derivada de la intrínseca naturaleza del MLNV estructurado por ETA, por una parte y, por otra, al no cuestionar sustancialmente su proyecto y darle cobertura con su propia estrategia soberanista, le ha proporcionado legitimidad.

El cambio estratégico del PNV.

¿Qué ha ocurrido para que se haya dado este cambio?

Muchas cosas: Ardanza dejó de ser lehendakari y ante la parálisis del pacto de Ajuria Enea propuso el llamado Plan Ardanza poco antes de finalizar su mandato; se negocia y cristaliza el pacto de Lizarra; consecuencia de lo anterior, tiene lugar la llamada tregua unilateral de ETA; posteriormente, la ruptura del espejismo; le sigue el inesperado éxito electoral del PNV del 13/05/01; coronando este proceso, finalmente, el Plan Ibarretxe. En cualquier caso, todo ello indica que se ha producido un cambio histórico en la opción estratégica del PNV y sus aliados de EA, optando por la independencia y la secesión a medio plazo, cuando años atrás, la concebían más como un objetivo ideal, que como una aspiración realista; subordinado en cualquier caso al final del terrorismo.

Ahora, también el PNV apuesta por alcanzar la independencia a corto plazo, pero sin condicionarlo a la desaparición de ETA. Es más. Trata de incorporar a Batasuna a su propia estrategia. Siendo justos, esto no quiere decir que el PNV no advierta las sustanciales diferencias existentes entre ambos proyectos nacionalistas. Seguramente sigue considerando necesario limitar el espacio político y social del MNLV, así como reducir o eliminar en su día la violencia de ETA. Tal vez por ello, habría optado por la vía de reducir la bolsa electoral de Batasuna, sirviéndose de los beneficios indirectos derivados de su deslegalización; intentando aglutinar una parte del voto abertzale radical al plantear una alternativa política secesionista que satisfaga a esos miles de votos abertzales, lo que impediría regresaran a Batasuna. En este sentido, el Plan Ibarretxe también es la respuesta encaminada a la conservación del voto abertzale.

Sin duda, por debajo de la superficie, existe un complejo “tira y afloja” entre el PNV y Batasuna; una competición inevitable, pues ambos intentan liderar la movilización nacionalista en aras de su respectivo modelo de país, tratando de incorporar al otro, por las buenas o por la fuerza de los hechos, a su propia estrategia. El objetivo es el mismo: la independencia. Pero en el ritmo y los medios no hay acuerdo. Batasuna emplea todo tipo de medios y su opción es la ruptura unilateral e inmediata. El PNV opta por una estrategia gradualista en la que el agotamiento del techo autonómico y la “soberanía compartida” serían fases intermedias encaminadas al mismo fin.

¿Cómo hacer frente a ETA?

Para afrontar al terrorismo de ETA, y su complejo soporte social, se puede intentar desde diversa vías:

Policial y judicialmente. Es la vía que ha sido empleada con mayor o menor fortuna durante todos estos años de democracia. Es imprescindible la cooperación internacional para su mayor efectividad. Se han dado pasos importantísimos en los últimos años en ambos sentidos. Pero, pese a todo, ETA sigue activa.

Políticamente, a través de las instituciones representativas democráticas locales, autonómicas, nacionales e internacionales.

Social y culturalmente.

El PP y el PSOE optaron por la vía policial y judicial, fundamentalmente. Pero con la grave carencia de no haberse producido, durante muchos años, la imprescindible colaboración internacional, en particular, la francesa. Posteriormente optaron por la plena confrontación política, asociando nacionalismo vasco en general con ETA en particular al intentar desbancar del gobierno vasco a los nacionalistas en las elecciones del 13 de mayo de 2001. Y también vienen probando la vía de la movilización social y cultural, especialmente la primera, a través del Foro de Ermua y el nuevo movimiento ciudadano de resistencia y pacifista vasco; si bien hay que especificar que no se trata de un movimiento homogéneo.

El PNV ha mantenido una postura cambiante, poco decidida en cualquier caso, dependiendo de las concretas circunstancias políticas y de sus propios intereses de partido; lo que ha desesperado y exasperado a buena parte de la opinión política española.

Nos situábamos en 1996, con un análisis muy claro y una estrategia concreta; todo ello, en parte, retomado por un “plan Ibarretxe” que pretende, además de avanzar sustancialmente hacia el soberanismo, atraer electores de la izquierda abertzale, privándole así del colchón humano que justifica y alimenta a ETA. Así opina Joxan Rekondo en su artículo ¿A quién favorece el “plan Ibarretxe” (revista electrónica Goiz-Argi, Nº 25, enero de 2003). Pero, podríamos preguntarnos: el PNV ¿actúa libremente o es rehén de ETA?

Algunas reflexiones.

Si la ruptura de la llamada tregua propició la radicalización del PNV, y éste era un objetivo perseguido por ETA desde la lógica interna de su análisis –de raíz maoísta- de la fase actual de la “guerra prolongada y de desgaste”, ¿no es ETA la organización que lidera realmente el actual proceso? Todo parece indicar que el MLNV ha logrado radicalizar al PNV y sus socios, pero no ha logrado liderar el proceso; lo que también pretende realizar el PNV con la mirada puesta a largo plazo al considerar a Batasuna como un formidable rival al que deberá frenar antes o después.

Afirmábamos, más arriba, que el PNV intenta controlar electoralmente al MLNV y reducir de forma progresiva su incidencia social; lo que debiera eliminar la actividad terrorista. Pero esto no es tan fácil, entre otros motivos, por haber olvidado –o al menos, aparcado temporalmente- el presupuesto desde el que partía Ardanza: ETA es una entidad revolucionaria cuyo proyecto no se agota con la independencia. También olvida que su base social no coincide con su electorado. Prueba de ello es una reflexión de ETA emitida con motivo del desastre electoral de Batasuna, en su publicación ZUTABE, en el que valoraba el 13-M. Indicaba que no puede confundirse “recuperar votos” y “dar un nuevo impulso a la base social”, lo que “no se conseguirá mediante movimientos o iniciativas políticas de alto nivel. Para lograr este objetivo, será fundamental el trabajo en los pueblos y barrios. Comunicación directa y trabajo de relaciones e interpelación, adecuación de estructuras organizativas de los barrios... esos son los cambios que hay que analizar y poner en marcha tanto para un futuro inmediato como a largo plazo”.

Por todo ello, para vencer a ETA habrá que hacer algo más allá que intentar aglutinar votos procedentes de una ilegalizada Batasuna. En definitiva, el PNV, si quiere despejar el futuro del País Vasco, deberá modificar sustancialmente su estrategia, haciendo propia, de una vez, la propuesta de Ardanza de 1996. Pero, ¿realmente quiere el PNV frenar al MLNV? Además, se impone una objeción: su común nacionalismo, ¿no es impedimento absoluto para una empresa de esa envergadura? Y, de decidirse finalmente, ¿tendrá reservas y energías suficientes?

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 66, febrero de 2003

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