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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Un libro fundamental para entender la crisis de la segunda República española y la guerra civil.

El nuevo libro de Pío Moa, sobre el derrumbe de la segunda República española y el desarrollo de la guerra civil, rompe con los moldes marcados mayoritariamente por la historiografía española, hasta el punto de dejar en evidencia una continuidad argumental entre la propaganda del Frente Popular, que propició el desencadenamiento de la contienda, y dicha corriente mayoritaria.

 

Un nuevo libro de Pío Moa.
De la mano de su editor habitual en los últimos años (www.ediciones-encuentro.es), Pío Moa completa su trilogía en torno a los sucesos y personajes determinantes de este periodo fundamental (“El derrumbe de la segunda república y la guerra civil”. Madrid 2001, 599 páginas).
Es el tercero de los libros escritos por Moa dedicados a este periodo de la historia española, uno de los que mayor número de estudios y ríos de tinta ha generado, tanto en España como en el extranjero. Este texto ha sido difundido, por entregas, con anterioridad en internet, concretamente en libertaddigital.com, lo que constituyó una experiencia pionera en el mundo librario de habla hispana..
                Su tesis fundamental, ya esgrimida y argumentada por el autor en el primero de sus libros (“Los orígenes de la Guerra Civil Española”), es desarrollada hasta sus últimas consecuencias, siendo perfectamente complementado desde la perspectiva del protagonismo de sus personalidades más relevantes, por el segundo de ellos (“Los personajes de la República vistos por ellos mismos”).
Recordemos su tesis central: la guerra civil se inició con la mítica insurrección de octubre de 1934 organizada, fundamentalmente, por un PSOE sovietizado y por la Esquerra.
La vida política posterior es incomprensible, a su juicio, sin esta perspectiva, a la que dota de cuerpo con el poder de los  hechos y los argumentos escritos.
                Sus numerosas y densas páginas se estructuran en torno a 39 capítulos (agrupados a su vez en cuatro partes fundamentales) y un apéndice; puede afirmarse que el caudal de datos proporcionado, siendo muy selectivo, es magnífico, facilitando una perspectiva global multidisciplinar.
                Las cuatro partes son: “La creación de un clima bélico”, “Procesos hacia la guerra”, “El primer Frente Popular desmantela la República” y, por último, “La guerra”. El apéndice, titulado “Los crímenes de la guerra civil”, es un conjunto muy matizado de reflexiones en torno al número de víctimas esgrimido por los diversos historiadores, derivando en una severa crítica a la metodología aplicada a las fuentes históricas por determinados escritores, caso de Santos Juliá. En este contexto, otros autores, en buena medida denostados por la historiografía dominante, como los hermanos Salas Larrazábal, quedan en mejor posición al reconocerles un ejercicio de mayor objetividad en su investigación, con una notable fidelidad a las fuentes y al método seguido. También realiza, en este apéndice, algunas consideraciones de sumo interés sobre el influjo de ideas preconcebidas en el oficio del historiador, y sobre la realidad de los excesos producidos, por uno y otro bando, en el transcurso de la guerra civil.

 

 

Las tesis de su nuevo libro.
                A juicio de Pío Moa, quien recurre a incuestionables fuentes documentales, la contienda pudo haberse evitado; pero grandes sectores de la izquierda optaron por la insurrección y la guerra civil, creando el ambiente necesario a partir de una intensa campaña propagandística de denuncia de los supuestos excesos cometidos por el ejército en la represión del levantamiento de octubre de 1934. A dicha campaña le acompañó una ofensiva, auténtico terrorismo, especialmente dirigida contra la derecha política y la Iglesia católica.
                Ante esa agresión, la derecha política y el centro radical adoptaron, en general, una actitud de resignación, acatando al sistema republicano y buscando su mantenimiento, como barreras que impidieran una generalización del enfrentamiento civil. Estrategia, en definitiva, que no sirvió para evitar la acometida mortal al régimen organizada, en diversos frentes, por el conjunto de las izquierdas (los anarquistas tampoco salen indemnes del juicio del historiador).
                Pese a esa actitud legalista y acomodaticia de derecha y centro, la izquierda no sólo no cambió sus planes, sino que los radicalizó. Ello generó una respuesta simétrica en los sectores más dinámicos y radicales de la derecha, movimientos a los que se sumó un sector de la oficialidad del ejército y que desembocaron en el alzamiento del 18 de julio; que interpreta como una reacción “a la desesperada” de una derecha acosada que no esperaba cuartel de la izquierda.
Previamente, mediante la maniobra del escándalo de “straperlo”, el Partido Radical había sido eliminado de la escena política y el republicanismo conservador de Alcalá Zamora no cuajó, privando todo ello al sistema de un “colchón” imprescindible que amortiguara los movimientos y presiones de derecha e izquierda, ambas camino de la ruptura violenta con el régimen republicano.
                No hay aspecto de relevancia que no sea objeto de la mirada y juicio de Pío Moa, siendo especialmente crítico con el papel jugado por los republicanos de izquierda (Azaña y demás “jacobinos”, a los que relaciona de manera evidente con la entonces todopoderosa masonería española).

 

La guerra civil.
                También estudia la guerra civil, de forma analítica, abordando los principales factores que determinaron la sorprendente evolución de una situación aparentemente desesperada para los sublevados: tanto los aspectos políticos, diplomáticos, militares, etc. Su afirmación de que la entrega de armas al pueblo no sólo no apuntaló la resistencia de la república, sino que supuso la liquidación de la misma en aras de un nuevo régimen totalitario de fachada democrática (una especie de anticipo de “democracia popular”, tal como se vivió en la Europa del este al término de la segunda guerra mundial), es de una evidencia absoluta. Para ello se apoya en un agudo análisis político y militar, del que no es ajeno una inteligente visión del juego de las grandes potencias del momento y de la diplomacia de ambos bandos.
                Uno tras otro, los modernos mitos de la guerra civil caen por suelo. Así, a juicio de Moa, por ejemplo: el bando nacional se nutrió de voluntarios en mayor medida que el bando populista, la intervención extranjera en absoluto estuvo polarizada por los contingentes alemanes e italianos, la supuesta incompetencia militar de Franco se basa en prejuicios y análisis de “estrategia – ficción” más que en un estudio sereno de los hechos, el SIM populista fue más efectivo para disciplinar a las filas republicanas y eliminar a opositores del estalinismo que en combatir a la “quinta columna” (éste es uno de los aspectos más novedosos del libro), la adquisición de armas fue más efectiva y honrada por parte del sector nacional que por el populista, la entrega del oro a Moscú fue una cesión inadmisible de soberanía, etc.

 

La importancia de este texto.
                Este texto de Pío Moa, con un buen nivel de ventas y una satisfactoria recepción por los lectores, es importante por varios motivos.
                Rompe los esquemas de la historiografía mayoritaria, desvelando que buena parte de sus premisas ideológicas son continuación de los mitos esgrimidos por la propaganda izquierdista que incitó a la guerra civil: por ejemplo, la represión desatada en zona populista sería una reacción comprensible de la clase trabajadora ante la agresión sufrida por un “ejército fascista” defensor de los intereses de los poderosos. Es decir, todo un conjunto de tópicos que no resisten la crítica histórica.
                Que el autor proceda de la extrema izquierda no es asunto indiferente. Tiene una particular relevancia, pues afronta este periodo histórico desde una perspectiva básicamente política, con una especial consideración de la “agit – prop”, basándose para ello en un estudio de fuentes documentales incuestionables y en el ejercicio del sentido común. Así, si bien llega a conclusiones convergentes con las de autores ya conocidos y denostados por la corriente mayoritaria (Arrarás, Burnett Bolloten, Ricardo de la Cierva, etc.), el camino y los razonamientos son en buena medida distintos, lo que proporciona una credibilidad fuera de toda duda. Por otra parte, en su análisis y descripción llega a algunas conclusiones y perspectivas novedosas. Sorprende, por ejemplo, cuando afirma que la violencia desatada por Falange lo fue con carácter defensivo ante las agresiones de las Juventudes Socialistas, escapando con tal afirmación de la demonización general desatada contra ese grupo político (que además fue uno de los más castigados en la represión producida en la guerra civil y que alcanzó fatalmente a la inmensa mayoría de sus líderes y prácticamente a toda su militancia en las provincias bajo control populista).
                En definitiva. Se trata de un inteligente estudio, analítico y muy documentado, del que se derivan numerosas conclusiones “políticamente incorrectas”, a la vez que realiza aportaciones novedosas a la investigación sobre este periodo histórico fundamental para la historia de España.
                Finalizaremos reproduciendo el párrafo final de la obra -esperamos en ello la comprensión de su autor- por considerarlo de una lógica aplastante y de una razonable positividad.
                “Se ha extendido hoy día una tendencia a despreciar a las generaciones que hicieron la guerra, por fanáticas, sectarias u obcecadas. Dudo que podamos juzgarlas quienes no soportamos las tensiones psicológicas, ideológicas y económicas de entonces. La tranquilidad y bienestar material de hoy son bienes recibidos sin especial mérito nuestro. A nuestros predecesores se debe el esfuerzo, mejor o peor orientado, del que nos beneficiamos, y cuyos frutos tan fácilmente podemos echar a perder con nuestra arrogancia. No repetir la historia exige, entre otras cosas, apoyarse en ella, buscando acercarnos lo más posible a su verdad y comprensión, sin usar el pasado como armas arrojadiza o para envenenar la aceptable convivencia cívica actual”.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 50, octubre de 2001
Revista de historia contemporánea Aportes, Nº 46, 2/2001.
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