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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

La iniciativa por un partido político católico español se desinfla.

      La polémica generada, en España, en torno a la necesidad de un partido político católico ha durado casi todo un año. ¿En qué situación nos encontramos ahora?

 

Hagamos memoria.
                El pasado curso estuvo marcado, de forma un tanto soterrada, por la polémica entablada en torno a la idea lanzada a favor de la constitución de un partido político católico. Dicha idea fue recogida con general indiferencia, cuando no silenciada, y con el entusiasmo de unos pocos católicos interesados en la presencia cristiana en la política española.
                Sin embargo, esa polémica puso en evidencia varias cuestiones. La primera, que existe un profundo y creciente descontento en amplios sectores del catolicismo español, motivado por la gestión de su voto por parte del Partido Popular que, en muchas cuestiones -ya tratadas en artículos anteriores- actúa a espaldas de sus principios. En segundo lugar, la existencia y acción de diversos grupos, asociaciones y personalidades procedentes del mundo católico, cuyo objetivo común, pese a divergencias en otros aspectos, era y sigue siendo el interés por la vida pública y política. En tercer lugar, esa polémica saca al descubierto, aunque no guste reconocerlo, la profunda debilidad del sentido de pertenencia de los católicos españoles, tanto de sus políticos, como de la “base” de ese pueblo.
                En la ausencia de reacciones –o tibieza de las producidas- también han influido otros aspectos. Así, no podemos obviar que sigue pesando la pretérita vinculación Iglesia y poder político producida en el régimen franquista, lo que generó, en buena parte de una generación, prejuicios de hondo calado, frente a la Iglesia, que todavía persisten. Por otra parte, en numerosos católicos existe el temor de que un partido de esas características pudiera derivar en una agrupación de postulados reaccionarios, generando a la Iglesia un mayor distanciamiento de la sociedad.
                Desde el inicio de la polémica nada, sustancialmente, ha cambiado. Pero, en cualquier caso, la polémica, salvo algunos destellos ocasionales, está ya muerta. Otras preocupaciones de mayor calado la han terminado de enterrar. Ese ha sido el caso de los ataques a la Iglesia católica, arreciados con motivo de los conflictos generados en torno a algunos profesores de religión, la trama de Gescartera, etc. Se ha visto con absoluta claridad que cualquier motivo es bueno para atacar a la Iglesia católica, lo que se traduce, incluso, en la producción cinematográfica española: “Los otros,  “Visionarios”, etc.
                Sin duda, vivimos en una época en la que el anticlericalismo se manifiesta especialmente activo en España (lo ha destacado recientemente, desde una perspectiva de no creyente, pero amante de la verdad, el historiador Pío Moa en su artículo “El anticlericalismo, una plaga de ayer y de hoy”, publicado en Alfa y Omega, número 277 de 18-X-2001), atacando con una virulencia extraordinaria a toda presencia significativa de la Iglesia. Prueba de ello ha sido la campaña orquestada en torno al caso Gescartera, dirigida especialmente contra el clero y las órdenes religiosas que de una u otra manera figuraron en la trama, aunque como víctimas, aspecto que se olvida con indudable intencionalidad.
Mientras tanto, cada vez más a la defensiva, las diversas asociaciones católicas prosiguen con su actividad, siendo la “ghettización” más una realidad que un riesgo.

 

En indudable, por tanto, que se ha producido una ofensiva en toda regla contra lo que significa la Iglesia católica; por el contrario, algunos observadores católicos han valorado que, esta situación de acoso y dispersión no ha sido afrontada con decisión desde la Conferencia Episcopal, respondiendo tarde y con poca perspicacia.

 

Acción pública de los cristianos españoles.
                Los católicos interesados en la acción pública, mientras tanto, se siguen moviendo en los mismos parámetros que en años anteriores, eso sí, con mayor conciencia de la dureza de la situación en la que nos encontramos: acoso mediático, intento de desplazamiento y eliminación del catolicismo, soledad progresiva de los católicos, burla y descrédito social, etc.
                Buena parte de las asociaciones de católicos interesadas en la vida pública se mueven en el terreno de lo “prepolítico”: la formación, el estudio, las relaciones internas. Los políticos católicos, por su parte, continúan desenvolviéndose con la prudencia que les caracteriza, que para algunos observadores es inseguridad y temor. En esa actitud defensiva no se diferencian, seamos realistas, de la que protagonizamos los demás católicos en otros medios sociales y profesionales, en los que nos sentimos minoría cuestionada y despreciada. Hay excepciones, naturalmente, que están pagando un costoso precio por ello.
                Dentro de esos grupos de los que hablábamos al principio de este apartado,  destaca la Asociación Católica de Propagandistas, que sigue prestando un extraordinario servicio al catolicismo social español a través de sus Congresos Católicos y vida Pública, que han alcanzado su tercera edición con el celebrado en Madrid los días 26 a 28 de octubre, dedicado a los medios de comunicación. Por otra parte, se avanza en la consolidación de la Universidad San Pablo de Madrid, sin olvidar su presencia en otras regiones y su voluntad de revitalizar el nervio central de su realidad: la propia ACdP.
                La Asociación para la Renovación y el Diálogo Democrático, nutrida fundamentalmente de personas con vocación por la acción política procedentes del Movimiento de los Focolares, ha participado en algunos encuentros internacionales auspiciados por el Movimiento por la Unidad, proyección política internacional de esa realidad eclesial. Por otra parte, mantienen conversaciones con políticos católicos del Partido Popular, lo que ha llevado a algunos de sus miembros a afiliarse al mismo a título personal.
La Compañía de las Obras, asociación multifacética surgida en el ámbito humano de Comunión y Liberación, movimiento de indudable vocación educativa, continúa con su actividad, depositando ciertas expectativas en una edición española del “Meeting per l’amicizia fra i popoli” que se celebra anualmente y de forma multitudinaria en Rímini. Con la experiencia previa del “Happening” que los universitarios de CL vienen realizando desde hace una década en la Universidad Complutense, se busca un diálogo con la sociedad, a partir de los retos culturales de nuestro tiempo, con voluntad misionera; diálogo entendido como un vehículo, apropiado, a nuestro tiempo, de la creatividad cultural católica y de la “nueva vida” generada por la experiencia cristiana. De contar con novedades más precisas, las proporcionaremos en su día a nuestros lectores. Por otra parte, una de las entidades adheridas a la CdO, la Asociación Cultural Charles Pèguy de Madrid, persiste con su magnífico periódico mensual (que cuenta con una versión digital, paginasparaelmes.com) y los actos públicos que pretenden proporcionar un juicio católico claro sobre diversos aspectos relevantes de la actualidad social, cultural y política. La asociación hermana de la anterior en Barcelona, por su parte, está desarrollando algunas iniciativas en favor de una política familiar decidida, para lo que se ha dirigido en primer lugar, al gobierno nacionalista de Pujol, a la vez que ha realizado una propuesta de convergencia a otras asociaciones familiares católicas españolas para determinadas actuaciones.
                Foro Arbil y Profesionales por la Ética continúan con sus actividades formativas y de opinión, siempre atentos a la evolución del panorama católico social.
Pero, sin la pretensión de ser exhaustivos en la mención de los grupos y movimientos católicos con vocación pública, sin duda, el principal referente, hoy día, de los católicos sociales españoles, es la asociación catalana e-cristians, creadora del boletín y web homónimos. Impulsada, entre otros, por Josep Miró i Ardevol, está generando un incipiente movimiento con pretensiones de llegar a influir en determinadas decisiones trascendentales para la vida social española. La progresiva configuración orgánica de la asociación, su apertura a personas del resto de España, y sus concretas iniciativas, pese a las prevenciones que provoca en no pocos católicos españoles el indudable nacionalismo catalanista de sus promotores, está llevando a su configuración como una referencia fundamental. Por primera vez en muchos años, una entidad católica realista afronta los retos actuales de la vida social y política con iniciativas, propuestas y un cauce de participación. Prueba de su progresiva relevancia es la reciente creación (primeros días de noviembre) de un núcleo de la organización en Madrid de la mano del editor y periodista Alex Rosal y de Jaime Urcelay (Profesionales por la Ética). En ambos recaerá la responsabilidad de imprimir seriedad y continuidad a la nueva entidad, dirigiendo sus esfuerzos hacia los medios de comunicación, políticos, etc. 
En estas circunstancias complejas, respecto a los medios de comunicación católicos, no podemos omitir la magnífica labor de alguno de ellos, desiguales en alcance y calado, pero de indudable mérito. Es el caso de la cadena COPE, en particular de alguno de sus programas, caso “La linterna de la Iglesia”. El semanario “Alfa y Omega”, por su parte, se ha constituido en la referencia escrita imprescindible del catolicismo español, merced a una labor discreta, sistemática, atenta a todos los aspecto relevantes de la actualidad, sin desatender otros aspectos como la formación; todo ello en sintonía con los pastores de nuestra Iglesia. “Fe y Razón”, junto a la página diaria sobre religión de “La Razón”, siguen jugando un papel importante en este ámbito. Poco a poco, sigue ganando peso e influencia la combativa revista “Católicos del siglo XXI” de Santiago Martín. Radio Intereconomía, el periódico electrónico “Hispanidad”, cada uno es su ámbito, también vienen realizando una magnífica labor. Zenit, la gran agencia católica por internet fundada por españoles y el portal catholic.net, son otras dos iniciativas en la red que no pueden obviarse.
Y en el campo de la televisión la gran novedad la constituyen TMT, que emite en Madrid, y EWTN (de Madre Angélica) que continúa expandiéndose por cable.
En cualquier caso, la batalla de la información, importantísima, se afronta con grandes carencias, como es la ausencia de un canal nacional de televisión católica y la inexistencia de un buen equipo periodístico, en la Conferencia Episcopal, que además de ejercer sus funcione propias, reaccione con celeridad y eficacia ante las continuas campañas desatadas mediáticamente contra la Iglesia.
No olvidemos, por otra parte, algunas magníficas experiencias producidas en el marco de una colaboración cultural entre Iglesia, particulares y poderes públicos. Pensamos, a título de ejemplo, en las diversas ediciones de “Las edades del hombre”,  la exposición “La Rioja, tierra abierta”, los diversos actos celebrados en Cantabria (“Anno Domini”) y la magnífica exposición “La luz de las imágenes” de Segorbe (septiembre 2001 a marzo 2002). Esas experiencias pueden mostrar a la Iglesia como una realidad viva y creativa, alcanzando en cualquier caso un cierto impacto social.

 

Profundidad de la crisis.
La crisis de la Iglesia católica es enorme. La existencia de ciertos signos esperanzadores no debe ser excusa para afrontar con realismo la presente coyuntura, que exige una voluntad misionera sin precedentes.
En estas circunstancias de acoso y desasosiego, sigue siendo necesaria la existencia de católicos en la vida pública y en la política. Pero debe darse una condición en esa presencia: la íntima relación y correspondencia entre esos políticos y el pueblo católico. En caso contrario, los políticos actuarían a su libre saber y entender, desconociendo las necesidades de este pueblo e ignorando sus iniciativas. Otro riesgo, de darse ese divorcio, es la tentación de pretender la instrumentalización de algunos movimientos eclesiales por parte de esos políticos que, al actuar en soledad, responden, con su mejor voluntad, a impulsos de cálculo táctico.
Este complejo y multiforme panorama facilita, en definitiva, la dispersión de las lealtades católicas en dispares iniciativas, aparentemente contradictorias, lo que puede derivar en desconcierto y desánimo.
Descartada, ya, la opción por un partido político católico, así como otras posibles iniciativas sociales, barajadas en su día, podemos afirmar que no existe un polo de atracción de los católicos con vocación pública. Ese polo, en estos tiempos, sólo puede surgir, bien a propuesta e impulso de los obispos, bien por la aparición de alguna entidad o figura carismática que actúe de locomotora en terrenos concretos de la acción social. En estas circunstancias, e-cristians puede ser el germen de una nueva modalidad de presencia social católica que no podemos desaprovechar.
Pero, mientras tanto, sólo cabe preparar el futuro siendo fiel cada uno con su carisma y vocación, evangelizando y creando pueblo.
                El reto es enorme, pero esa es la misión de todos los católicos en el lugar que ocupa cada uno: mostrar la Iglesia al mundo como el medio humano donde el acontecimiento del encuentro con Cristo se hace carne. Una Iglesia, en consecuencia, abierta al mundo, con una presencia social con identidad, con derecho a opinar sobre cualquier cuestión en todo tipo de foros, aportando propuestas y soluciones, sirviéndose, si ello es preciso, de las modernas tecnologías y medios de comunicación.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 51, noviembre de 2001.

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