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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

¿El futuro de la izquierda abertzale se llama Aralar?

      ARALAR, nuevo partido nacido como corriente en el seno de Herri Batasuna, constituye la mayor novedad política producida en el País Vasco y Navarra desde el cese de la “tregua” de ETA.

 

Aralar.

La constitución como partido de Aralar, a finales de septiembre, nacido como corriente contestataria a la línea mayoritaria de Herri Batasuna, es el factor más novedoso producido en el panorama político vasco en los últimos meses. Ello puede suponer el inicio de una reordenación interna de las fuerzas nacionalistas, tras la convulsión electoral experimentada en ese sector en mayo pasado. En cualquier caso, se fortalece el camino hacia la autodeterminación emprendido por el conjunto del nacionalismo vasco, al engrosar Aralar el número de los actores en escena partidarios de las “fórmulas políticas”.

Seguramente sus promotores conocían el resultado de la última asamblea de ETA en la que se decidió continuar con la lucha armada, tal como informó Javier Balza, lo que les proporcionó un argumento decisivo en su ruptura con la nueva Batasuna. Esa decisión, que les ha generado un gran sufrimiento (no había más que observar la expresión de los rostros de los asistentes a la rueda de prensa informativa de la misma), nos ha cogido de sorpresa; no la esperábamos. En las últimas décadas no se había consumado ninguna ruptura de un colectivo del entorno de ETA. Siempre se había tratado de “salidas individuales”. En otras ocasiones, caso de las agrupaciones Auzolan y BAI en Navarra hace ya un par de décadas, se había tratado más de un fenómeno producido en la periferia de la izquierda abertzale, que el resultado de una decisión colectiva táctica.

Pero no debemos caer en un espejismo. Ya han manifestado su voluntad de seguir formando parte de la izquierda abertzale, al compartir sus objetivos últimos y buena parte de su común “cultura política”. Así, por ejemplo, Aralar valora al proyecto soberanista de Ibarretexe como poco preciso (así lo manifestó Patxi Zabaleta en un artículo publicado en Gara el pasado día 11 de julio). Afirmaba, también en ese mismo escrito, que su apuesta por la paz no es una opción estratégica, sino táctica. ¿Quiere decir ello que la paz no es un valor fundamental para Aralar, sino simplemente un medio para la consecución de sus objetivos? En consecuencia, parece deducirse, si un día debe optarse, tras el correspondiente proceso dialéctico, por otra vía táctica (apoyar la lucha armada, por ejemplo), así se hará.

Su cultura política es, en resumen, la de la izquierda abertzale: vasquista, independentista, socialista y con una ambigua valoración del terrorismo.

 

El futuro de Aralar.

¿Qué futuro le espera a Aralar? Intentará hacer valer, ya ante el PNV, como ante la propia Batasuna y ETA, sus presuntos miles de votos, que corresponderían a buena parte de los procedentes de Herri Batasuna desembarcados en PNV/EA para evitar el acceso de los españolistas a Vitoria y que fueron determinantes para su victoria. No podrá arrogarse esos votos indefinidamente, pero es su principal capital inicial, junto a la veteranía y prestigio de sus militantes más representativos.

Si se presentan a las próximas elecciones municipales, lo que parece difícil dado su reducido número de miembros (un informe interno de HB los concretaba en poco más de 40 militantes al día en el pago de sus cuotas, siendo en torno a 60 los que hasta el momento han acudido a sus asambleas internas), el interrogante sobre su arraigo real obtendrá puntual y exacta respuesta.

El intento no carece de dificultades. La más seria y preocupante es la actitud que adopte ante Aralar, definitivamente, el resto de la izquierda abertzale con ETA a la cabeza. De momento las descalificaciones han sido muy duras. Así, en el órgano interno de ETA, ZUTABE, del mes de junio, se han vertido acusaciones muy gruesas contra el grupo, responsabilizándole, en parte, del fracaso del proceso Batasuna, incapaz de aglutinar a la izquierda abertzale. Las declaraciones, al respecto, de diversos portavoces de Batasuna, a lo largo del verano, han sido también muy contundentes, cargando toda la responsabilidad en Patxi Zabaleta y demás integrantes de Aralar.

No olvidemos, por otra parte, que los espacios políticos están muy fijados, desde hace décadas, en el País Vasco (recordemos la experiencia de Euzkadiko Ezkerra). De fracasar en el intento, es imprevisible el camino que lleguen a adoptar sus impulsores, auténticos “animales políticos” algunos de ellos.

En este camino está encontrando, además de “novias” interesadas (diversos líderes de PNV y EA se han apresurado en tender puentes hacia Aralar), algunos aliados previsibles. Es el caso de Batzarre (los restos de Liga Comunista Revolucionaria y Movimiento Comunista de Euskadi en Navarra), Zutik (el equivalente del anterior en el País Vasco) y algunos militantes de Elkarri (el “movimiento por el diálogo social” promovido por Víctor Aierdi y Jonan Fernández, generado inicialmente en el seno de la izquierda abertzale y en progresiva buena sintonía táctica con el PNV). Estos sectores podrían confluir en iniciativas conjuntas, orientadas a la configuración de un bloque de izquierda abertzale, fuera de la disciplina de ETA. Este parece ser el sentido del apoyo que la dirigente de Batzarre Milagros Rubio ha manifestado en varias ocasiones a Aralar en las últimas semanas, en particular en su artículo “La decisión de Aralar” publicado el día 6 de agosto de 2001 en “Diario de Noticias de Navarra”, considerando también que esas formaciones “deben confluir en lo social y en lo político”.

 

Consecuencias de la tregua.

                La tregua de ETA ha tenido más consecuencias de las inicialmente imaginadas. No sólo se ha frustrado la esperanza de una paz a corto plazo, sino que está dando lugar a un nuevo escenario político. Veamos algunas de esas consecuencias.

1.        En el plano interno de ETA, mientras los partidarios de “hacer política” intentaban liderar Lizarra, los sectores juveniles, poco dados a grandes elaboraciones estratégicas y tácticas, se hacían con el control de ETA, lo que explica su actual evolución:  puro y duro voluntarismo.

2.        El PNV ha recuperado el liderazgo del conjunto del nacionalismo vasco, despejando además sus temores a ser descabalgado del gobierno de Vitoria.

3.        Algunos sectores de la izquierda abertzale se han convencido de que es posible “hacer política”. La prueba de ello es Aralar, entendida como la expresión de una izquierda abertzale fuera del control de ETA y en busca de un espacio político determinante.

4.        El Partido Popular no ha conseguido el gobierno de Vitoria, pero ha disuelto el sueño de una secesión a corto plazo.

 

Aralar y Navarra.

En este contexto el papel de Aralar puede ser clave, especialmente en Navarra, comunidad en la que solicitó oficialmente el pasado día 29 de agosto su deseo de ser incluida en los sondeos electorales, que allí se realicen, como una opción más. Ello confirma su voluntad de incidencia real en la escena política. No hay marcha atrás.

El mismo nombre que han escogido para su formación es significativo. Su valoración de la identidad navarra en sus actuales circunstancias políticas es, respecto al resto de la izquierda abertzale, original en buena medida. Ello puede facilitarle la obtención de un espacio notable en la política foral. El sueño acariciado por la izquierda abertzale, casi alcanzado con Patxi Zabaleta (principal líder de Aralar) al frente de HB en Pamplona, ha sido sustituir al PSOE como referente de la izquierda en Navarra. Conseguirlo constituiría, sin duda, una de las “anormalidades” políticas que, por otra parte, Navarra produce con cierta frecuencia. No en vano, es la izquierda abertzale la expresión más fuerte, sin lugar a dudas, del vasquismo político en Navarra. Por otra parte, es EA el partido aglutinante del pequeño nacionalismo moderado, siendo el PNV una fuerza testimonial casi inexistente.

                De consolidarse Aralar, sola o con Batzarre (que cuenta con una pequeña pero experimentada militancia y cierta representación institucional en la Comunidad Foral), el panorama político navarro podría sufrir unas convulsiones insospechadas a medio plazo, sobre todo caso de no afirmarse el PSOE como una oposición real a UPN.

 

Conclusiones.

En este marco, el futuro de Aralar es muy importante. Su consolidación podría ejercer un posible efecto “dominó” en el conjunto de la izquierda independentista. Con indudable base y prestigio en Navarra, su opción es la de una izquierda abertzale emancipada de ETA, lo que supondría a esta organización terrorista, de consolidarse Aralar a costa de Batasuna, el mayor aislamiento de su historia y, tal vez, el inicio de su definitivo declive.

Por todo ello, con los interrogantes que siguen abiertos en este complejo panorama, pese al cansancio que se observa en una parte de la opinión pública española ante el “conflicto” vasco, debemos estar atentos a su evolución futura.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 50, octubre de 2001.

Páginas para el mes, Nº 49, septiembre de 2001.

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