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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Navarra y el nacionalismo vasco: un nuevo libro sobre la identidad de la Comunidad Foral.

     ¿En qué factores radica la identidad de Navarra? La respuesta es fundamental, más cuando desde el nacionalismo vasco se identifica al componente “vasco” de Navarra como columna vertebradora, no sólo de esta Comunidad Foral, sino del proyecto hegemónico de Euskal Herria.

 

Introducción.
            Un reciente libro estudia la identidad de Navarra a partir de aspectos fundamentales de su historia, en particular sus orígenes, y de los pensadores que han reflexionado en torno a los rasgos diferenciadores de este territorio. Se trata de “Navarra y el nacionalismo vasco; ensayo histórico-político sobre las señas de identidad originaria del Viejo Reino” (Biblioteca Nueva, Madrid, 2001), obra del historiador José Manuel Azcona Pastor y del que fuera Secretario General de la Diputación Foral de Navarra, Joaquín Gortari Unanua.
            No es un libro destinado a lectores especializados, pero no por ello se trata de un texto superficial; muy al contrario, es complejo en su trama, cargado de datos, con unas pretensiones globalizadoras en su intento de comprensión de la “navarridad”. Inevitablemente, tales reflexiones deben hacerse, en ocasiones, desde una posición dialéctica ante las afirmaciones de los nacionalistas vascos, de ahí su título. No en vano algunos de los primeros teóricos del nacionalismo vasco eran navarros que consideraron que Navarra sólo podría ser ella misma en un marco más amplio: Euskal Herria. Pero es paradójico que, por ejemplo, un Fray Evangelista de Ibero, capuchino, integrista, sabinista sin complejos lo calificaríamos hoy, encuentre sus seguidores más acérrimos entre los anticristianos marxistas hipercríticos de Herri Batasuna.
           
La identidad de Navarra.
            Los autores asumen a Ángel Martín Duque cuando éste determina los signos de Navarra, tal como los manifiesta a su juicio la historiografía desde el siglo X, a saber:
1.      Identidad cristiana de Navarra.
2.      Conciencia de identificación con el solar nativo, conservado como Reino.
3.      Edificación progresiva de un sistema particular de gobierno de naturaleza pactista.
4.      Conciencia colectiva de integración en el marco general de España.
Cristianismo, Fueros, un espacio físico muy concreto y vinculación indudable con España son, por lo tanto, los caracteres que identifican a Navarra como ente histórico diferenciado y autónomo dotado de una fuerte personalidad, pero no por ello, ajeno a empresas superiores.
Este carácter, sedimentado en una conciencia y unas Instituciones características, ha sufrido múltiples agresiones, si bien los navarros han salido airosos hasta la actualidad: tendencias uniformadoras en época de los Borbones, la crisis vivida tras la primera guerra carlista, nacionalismo expansionista de los vecinos que profesan esa fe separatista, etc. Pero Navarra siempre ha encontrado defensores de su identidad: entre los legisladores de las Cortes de Cádiz, entre los propios liberales navarros que ante la situación generada por las guerras carlistas no dudaron en defender la esencia de la personalidad navarra y, también, entre los políticos demócratas que en la actualidad encabezan hoy día la resistencia ante las continuas ofensivas nacionalistas.

 

Estructura del libro.
            El volumen tiene una extensión de 328 páginas de amplio formato.
            A la breve introducción, que es un magnífico alegato de la particularidad navarra a través de los siglos, le siguen nada menos que 10 capítulos.
            El primero de ellos (“Los hitos”) está dedicado a enmarcar el problema de Navarra: narraciones de viajeros, su imagen popular, las pretensiones políticas de los nacionalistas vascos, etc.
            En “Los vascones conquistan Vasconia”, se expone de forma muy clara y pedagógica la realidad de los orígenes históricos de este territorio y su relación con la potencia civilizadora romana.
            El capítulo III, “Dos tierras distintas y un solo reino verdadero”, nos traslada a las viejas crónicas navarras, sus Instituciones y símbolos diferenciadores. Estudia también las relaciones con várdulos, caristios y autrigones, pueblos celtas vasconizados por navarros y cuyos sucesores reinventan idealmente un pasado acorde a su proyecto hegemónico separatista.
            A lo largo de casi 30 páginas, en el capítulo titulado “La Unión inexistente”, descubre la historia de los proyectos fracasados de un Estatuto de Autonomía único para Navarra y las provincias Vascongadas acaecida en la Segunda República Española.
            La conciencia social” es el capítulo dedicado al desarrollo de la conciencia fuerista en los siglos XIX y XX y la aparición de defensores de otros proyectos, caso del nacionalismo separatista vasco, también en Navarra.
            A lo largo de casi 100 páginas se aportan un total de 36 pequeñas biografías de escritores y políticos, cuyo nexo es su navarridad y fuerismo, aunque de posiciones ideológicas encontradas. Aquí desfilan: Pascual Madoz, Joseph Agustín Chaho,  Arturo Campión, Francisco Navarro Villoslada, Serafín Olave, Miguel de Orreaga, Víctor Pradera, el conde de Rodezno, Rafael García Serrano, Rafael Aizpún Santafé, Rafael Gambra Ciudad, etc. Hay que reconocer el tremendo esfuerzo de objetividad de los autores en este capítulo, pues no han tenido problemas en agrupar en esta serie a carlistas, nacionalistas vascos, fueristas católicos, liberales, falangistas, etc. De todos ellos destaca Víctor Pradera, como autor de algunos de los conceptos y argumentos modernos del navarrismo frente al separatismo vasco. Este pensador tradicionalista (sobre el que recientemente ha salida a luz una biografía escrita por el profesor José Luis Orella, BAC, 2000) también tiene un espacio importante en la investigación histórica, en concreto en lo que respecta al papel de Fernando el Católico y a la incorporación de Navarra a España. Denuncia al espíritu agramontés (partido medieval contrario a esa unión) como ajeno a la navarridad y antecedente remoto del actual nacionalismo vasco.
            “Las tribulaciones del nacionalismo vasco y el falseamiento del pasado”, es el expresivo título dado al capítulo séptimo dedicado a Sabino Arana (quien apenas escribió sobre Navarra), sus sucesores y la evolución del nacionalismo vasco en Navarra, que nunca ha superado en votos un 18% del total de los emitidos.
            La identidad a través del arte”, se repasa en el capítulo VIII, con especial atención a la pintura y arquitectura.
            Campos del espíritu” es el magnífico capítulo dedicado al estudio del sustrato cristiano de Navarra. En estas páginas se refleja la asombrosa historia que ha generado unas obras personales y colectivas admirables, de las que todavía los navarros de hoy día nos sentimos tributarios. Un total de 30 páginas que saben a poco pero que son un esfuerzo de concreción y reconocimiento desde un realismo sin apenas complejos.
            El último capítulo es el titulado “El Régimen foral de Navarra”. En él se repasan con cierto detenimiento los orígenes, evolución, supervivencia y adaptación progresiva de las leyes específicas de Navarra, concretadas en LOS FUEROS, monumento vivo de la identidad navarra. Los contenidos de este capítulo debieran difundirse por otros cauces, pues en muchos casos son los propios navarros grandes desconocedores de la realidad de esta seña fundamental de su identidad colectiva.

 

Algunas reflexiones.
            Cuando en un artículo anterior comentábamos el libro de Jaime Ignacio del Burgo “El ocaso de los falsarios” (número 42 de esta publicación), echábamos de menos en el mismo una consideración más elaborada de las señas de identidad del Reino de Navarra y, en particular, el casi inexistente espacio dedicado a la inseparable relación entre el cristianismo y Navarra. En este denso texto, tales lagunas se colman sobradamente y, por ello, ambos textos son complementarios.
            Este libro es tributario, lo reconocen los propios autores, de una magna obra presente en las librerías navarras desde hace unos años: “Signos de identidad histórica para Navarra”, un trabajo colectivo editado magníficamente por Caja de Ahorros de Navarra (Pamplona, 1996). Pero tiene la virtud de facilitar su conocimiento desde una perspectiva divulgativa dentro de una perspectiva global.
            No es un libro escrito contra el nacionalismo vasco. Los autores parten de la propia identidad navarra, de su evolución y concreción a lo largo de los siglos y de su progresiva toma de conciencia. En esa evolución histórica, enmarcada en el proyecto de España, el nacionalismo vasco aparece como un factor artificioso, violento, irreal, distorsionador de esa natural y pacífica evolución. Sin embargo, esa ideología ha demostrado una asombrosa capacidad de adaptación a los nuevos tiempos, absorbiendo cuantas corrientes ideológicas le permiten “nadar a favor de la corriente”, en un voluntarioso intento consciente de subversión histórica.
            Pero, como enseñanza y reflexión final, tenemos que sacar alguna conclusión operativa para el futuro de esta Navarra diseccionada en el libro.
            Como soporte de esta trayectoria histórica, y columna vertebradora de su devenir, sólo el cristianismo ha proporcionado las fuerzas espirituales, intelectuales y materiales imprescindibles para ello.
            Al hecho cristiano tendrá que mirar Navarra de nuevo, sus gentes, sus Instituciones, si quiere encarar el futuro con éxito y respeto a la memoria de sus forjadores.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 43, marzo de 2001.
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