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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Reflexiones en torno a algunos aspectos de la actualidad nacional y de la vida eclesial española: entrevista al Presidente de Foro Arbil.

Ofrecemos una reflexión en torno a algunos acontecimientos acaecidos a lo largo del último año. La sociedad española, la Iglesia católica y el propio Foro Arbil; según el juicio del Presidente de nuestra asociación.

 

José Luis Orella Martínez. Navarro de 35 años. Profesor asociado del CEU San Pablo. Autor de los libros “Víctor Pradera. Un católico en la vida pública de principios de siglo” (BAC, 2000) y “La formación del Estado nacional durante la Guerra Civil española” (Actas, 2001), así como de diversas monografías de temática histórica y numerosos artículos publicados en medios muy variados. Ponente en varios congresos de historia y en los de “Católicos y vida pública”. Organizador del ”Congreso sobre persecuciones religiosas en el siglo XX” (Universidad San Pablo – CEU, 2001). Portavoz de Foro El Salvador, del País Vasco. Buen conocedor de los ambientes católicos españoles. Con muchos amigos en diversos movimientos eclesiales y Universidades españolas y extranjeras. Además de todo ello, es el Presidente de Foro Arbil.

 

            Hemos querido reflejar en una entrevista con el Presidente de Foro Arbil, quien ya respondió a nuestras preguntas hace un año en este mismo medio, las inquietudes que mueven el trabajo de los integrantes de nuestra asociación. Muchos han sido los acontecimientos vividos por la Iglesia española en este año y, por ello, llegado el paréntesis del verano, hemos querido reflexionar junto a nuestro Presidente a través de un diálogo abierto.

 

Pregunta: En algunos ambientes católicos se tiene la impresión de que se ha desatado una ofensiva contra la Iglesia católica española. Parece que la Iglesia interesa al poder dominante únicamente en tanto “bendiga” los valores comunes y las iniciativas de ellos derivados. Pensamos, en concreto, en las críticas efectuadas ante la presunta pasividad de la Iglesia ante el terrorismo, la polémica sobre la presunta “excomunión” a los terroristas, los abusos sexuales a religiosas africanas, etc. ¿Comparte ese juicio?:

 

Respuesta: No cabe duda que, por desgracia, a cuenta del relativismo, resulta fácil hacer una noticia de casos concretos. Sin embargo, persiste un olvido marcado hacia los centenares de misioneros asesinados, la lucha de católicos seglares contra la mafia y los grupos terroristas... La Iglesia es un gran poder social y su independencia es tomada como un peligro en cuanto se convierte en portavoz de los humildes, los indefensos, los marginados, los no nacidos, las víctimas...; pero es que además es la única que defiende la integridad de la persona humana ante posibles degradaciones, como la clonación de un ser humano.

 

P.: Aparentemente, el catolicismo español no tiene fiel traducción en la vida política española. Algunos movimientos, por el contrario, parecen indicar que “algo se mueve”, en el seno del catolicismo español, en particular entre los nacidos en los años 60 y 70 agrupados en diversas entidades católicas de variado carácter. Lo anterior, ¿se trata de fenómenos aislados o, por el contrario, expresan un malestar que precisa de cauces concretos y eficaces?

 

R.: La situación actual por la que atraviesa el mundo es muy diferente a la posterior de 1945 y comporta, por tanto, una respuesta novedosa del catolicismo. Estamos viviendo en España una adaptación a esas circunstancias nuevas, lo que determina la creación de nuevos cauces que se adapten y respondan a las demandas de la sociedad y, lógicamente, sus protagonistas son una generación joven, participativa, pero con una vivencia contrastada en su vida profesional y de Fe.

 

P.: La Iglesia posee Universidades, periódicos, emisoras, colegios, hospitales. Pero, ¿existe, todavía, un pueblo católico detrás?:

 

R.: Desde luego que existe, pero la confusión de las últimas décadas ha propiciado experiencias que han puesto alguno de estos instrumentos en manos de enemigos de la Iglesia; junto la ausencia de vocaciones, la pérdida de control de algunos medios y el ambiente hostil, todo ello marca la necesidad de sobrevivir. Sin embargo, se está viviendo una primavera espiritual y la existencia de un pueblo católico que late con un corazón joven en sus encuentros con el Papa. Por otra parte, observamos una multitud de personas que van llegando al mercado de trabajo con ganas de ser buenos profesionales y ejercer, con su ejemplo público, de espejos de Cristo. Son la savia que vivifica los instrumentos de la Iglesia.

 

P.: En los últimos meses ha aflorado una cierta polémica entre algunos medios católicos y la masonería. ¿Tiene sentido, hoy día, entrar en ese tipo de cuestiones?

 

R.: Sí, la Iglesia como madre no puede abandonar el consejo a sus hijos y sus doctores tienen la obligación moral de orientar a los católicos sobre lo que existe detrás de algunas organizaciones, para evitar confusiones y malentendidos. La Masonería no es una ONG de ayuda social. Está inspirada en unos valores ideológicos que fueron planteados, en su tiempo, como alternativos a los católicos y origen de una sociedad nueva donde la Iglesia no fuese una realidad. Y esos valores no han cambiado. Con estos antecedentes, es necesario orientar a las personas y conocer la realidad de algunos compañeros de viaje de nuestra vida.

 

P.: ¿Podría resumir las principales características de la encrucijada en la que se encuentra la universidad española y, en particular, las universidades católicas?

 

R.: Respirar con dos pulmones. Por un lado, intentar como cualquier universidad del mundo ser la mejor en calidad y formar unos estupendos profesionales. Por otro lado, que esa eficacia formativa se encuentra unida a una presencia de Dios en las personas. Que los alumnos vean que sus profesores son profesionales y buenos católicos y que ellos en su vida profesional deben cumplir con honestidad su trabajo, como aquellos canteros del siglo XII que repujaban los últimos detalles, inaccesibles a la simple vista, de los campanarios de nuestras catedrales. Una universidad que sólo se preocupe de lo profesional no sirve, pero si es católica y no tiene calidad, tampoco.

 

P.: Dada su vinculación personal con el País Vasco y Navarra,  ¿qué juicio le merece la actual situación de la Iglesia, de la sociedad y de la política en esos territorios?:

 

R.: De profundo cambio. La sociedad vasconavarra ha rechazado la violencia terrorista de manera contundente y el nacionalismo se mantiene como principal generador de prebendas. Sin embargo, la polaridad social surgida por la intransigencia del Pacto mal llamado de Estella y el mantenimiento del PNV como partido monopolizador del sentido nacionalista obliga a un entendimiento para evitar el enfrentamiento. La Iglesia juega a ser el engarce de unión de las dos sociedades sin comprometerse nunca con una de las partes, como hasta ahora había pasado.

 

P.: Los integrantes de Arbil contraen matrimonio, se comprometen profesionalmente, ingresan en movimientos apostólicos. ¿No se encuentra Foro Arbil en una encrucijada en la que, cuanto menos, su continuidad requiere nuevas modalidades de vinculación?

 

R.: Arbil irá adaptándose a las necesidades según sus miembros vayan respondiendo a ellas. En este momento Arbil cumple perfectamente los motivos por los que fue fundado y, entre ellos, nunca ha estado el ser un movimiento carismático, aunque uno de sus fines sea apostólico. En ese sentido, creemos que la acción que propicia Arbil, necesariamente tiene que estar alimentada por la oración y gran parte de nuestros miembros pertenecen, de manera individual, a diferentes movimientos de carácter carismático que les ayuda en ese sentido.

 

P.: En los orígenes de Foro Arbil existe una amistad que, pese a todas las vicisitudes vividas, se prolonga en el tiempo. Para que esa amistad se mantenga, crezca y produzca frutos, ¿no sería conveniente alimentarla con una tensión organizativa centrada en unos actos muy concretos a lo largo del año y que sean ocasión de reencuentro y toma de pulso de todos los amigos de Arbil?:

 

R.: Desde luego, toda familia que crece necesita de unas fechas de referencia para verse. En ese sentido, sin pretenderlo, se ha ido consolidando la comida de Navidad, que este año fue en Toledo y el anterior en Madrid. Sin embargo, estos encuentros para que sean vivos han de surgir de la base, como hasta ahora, y servir de encuentro entre los miembros más antiguos y los bisoños.

 

P.: Las relaciones con "Profesionales por la Ética" y la "Asociación Católica de Propagandistas" se han estrechado a lo largo de este año. El futuro de Arbil, ¿pasa por integrarse en entidades superiores o en mantener su historia de amistad que es la base de nuestra realidad?

 

R.: Eso el tiempo lo dirá; de momento la colaboración ha servido, sin afán de protagonismo, para ayudar a plantear y realizar diferentes actividades comunes. Arbil nunca ha pretendido perpetuarse, sino cumplir con unas funciones que la sociedad demandaba en su momento. Por tanto, nuestro Foro se mantendrá siempre que sea necesaria su participación en la vida pública católica. El que se fusione con movimientos hermanos, o desaparezca, vendrá de la necesidad del momento y la voluntad de sus miembros.

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 47 – 48, julio-agosto de 2001.
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