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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

¿Un partido político católico?: el gran silencio. Reflexiones en torno al futuro de la acción política de los católicos españoles.

La propuesta de posible creación de un partido político católico, realizada por Monseñor Gea Escolano, apenas ha sido debatida o comentada en la mayoría de medios de comunicación. Esta reacción, entre los propios católicos, ¿ha sido distinta?

La propuesta de Monseñor Gea.
Monseñor Gea Escolano, Obispo de Mondoñedo-Ferrol, realizó recientemente la insólita propuesta, políticamente incorrecta, de considerar la creación de un partido católico como posible alternativa ante la actual evolución de la vida política española, en particular en lo que respecta a la defensa del derecho a la vida. Esta propuesta, en buena medida, es una de las reacciones producidas ante la situación existente entre los católicos y el rumbo adoptado por el Partido Popular, que considera al voto católico como bien amarrado, lo que le permite actuar a espaldas de los intereses y valores de ese sector social que, mayor o menor, es una realidad.
La voz de alarma ya se había dado anteriormente. Así lo analizamos en un artículo anterior (La crisis abierta entre los católicos españoles y el Partido Popular, número 40 de esta misma publicación digital).
Esta propuesta de un partido católico ha pasado, de todas formas, sin pena ni gloria.
Apenas ha tenido repercusión entre los tertulianos, columnistas de los medios de comunicación y nuestros políticos. Entre los propios católicos españoles, la reacción ha sido, en general, similar.
Sólo ha tenido resonancia en los reducidos círculos más concienciados de algunos movimientos eclesiales y grupos de católicos con cierta, pero imprecisa, vocación política.
Apenas comentarios y artículos al respecto. ¿Cómo es posible esto?
Dalmacio Negro, desde el diario La Razón, publicó un interesante artículo en el que alertaba de los peligros del poder estatal, también, para los católicos, a la vez que marcaba el acento en el importante papel cultural y espiritual de la Iglesia.
Antonio Martín Beaumont, desde elsemanaldigital.com, realizaba una tremenda crítica, tanto a la Jerarquía católica española, como a los políticos de corte “democristiano”. Y poco más.
En las publicaciones católicas apenas han figurado comentarios al respecto. Uno de éstos ha sido el desarrollado por José Antonio Ullate en “Católicos del siglo XXI”, en el sentido militante y contracorriente que le caracteriza.
La web del magnífico periodista Eulogio López, hispanidad.com, acogió, con concienzudas matizaciones, la propuesta (edición del 22/01/01, por ejemplo), así como algunas aportaciones de sus lectores.
Ciertas “cartas al director”, publicadas en determinados medios, acogían con mayor o menor agrado, la citada propuesta. Incluso, algunas de ellas, recordaban la existencia de pequeñas formaciones políticas inspiradas, de alguna manera, en la Doctrina Social Católica; partidos, recordemos, sin apenas incidencia en la vida social española.
Un gran silencio y una ausencia casi total de réplicas, en definitiva, también por parte de otros obispos y de los políticos a los que pudiera afectar, a medio y largo plazo, un evento de este tipo.

La naturaleza de la propuesta.
Para el pensamiento predominante, reflejado en la inmensa mayoría de los medios de comunicación, la cultura, la política y la Universidad, sin duda, se habrá tratado de una propuesta reaccionaria, retrógrada, fuera de la historia y, por ello, sin posibilidad alguna de concreción y espacio propio relevante.
En este sentido, en el número correspondiente a la semana del 15 al 21 de enero, el semanario de actualidad, muy próximo al PSOE, El siglo, interpretó las manifestaciones de algunos obispos, respecto a la evolución ideológica del Partido Popular, como un elemento más de la supuesta lucha existente entre halcones y palomas dentro del partido gubernamental. Esta interpretación ratifica que, para ese sector del pensamiento dominante, es inconcebible que la Iglesia pueda tener sus propios criterios también en la vida pública. Un reflejo más del dualismo imperante.
También para muchos católicos se habrá tratado de una propuesta ajena a la realidad; no en vano el dualismo se ha impuesto en casi todos los ambientes, incluidos los católicos. Y, en tales circunstancias, los políticos católicos difícilmente podían ser una excepción.
Este dualismo nos indica que el cristianismo sólo es aceptable en el fuero interno, en la catequesis, incluso en algunos ámbitos culturales y familiares. Pero no es admisible, desde esa perspectiva mayoritaria, que la fe tenga repercusión, ni nada que ver, con la política, la economía, la generación de realidades sociales, el consumo, etc. Además, a tales consideraciones acompaña la constatación de la progresiva pérdida de influencia social de la Iglesia católica.
Por ello es comprensible el silencio general, tan evidente que parece se hubiera seguido una imperativa consigna coactiva.
Volvamos a la propuesta de Monseñor Gea. ¿Cuál era su verdadera naturaleza? Tal vez una iniciativa personal no contrastada con otros miembros de la Conferencia Episcopal. Pudiera ser, acaso, un “globo sonda” para pulsar los ambientes católicos españoles. Incluso podría tratarse de una “advertencia”, más dirigida a los políticos católicos que al propio Partido Popular.
De tratarse de una iniciativa personal, ya hemos visto el resultado: un silencio significativo por parte de sus compañeros obispos, lo que quiere decir que se trata de una opinión personal que no responde al criterio mayoritario de los mismos.
Si se ha pretendido, con tal propuesta, pulsar los ambientes católicos españoles, también es significativo el escaso eco producido entre los mismos. Naturalmente que se ha hablado de ello en muchas familias y círculos con vocación política; pero se trata de excepciones.
En el supuesto de tratarse de una advertencia, ya se verá el resultado a corto y medio plazo. Pero, en cualquier caso, el rumbo marcado por el Partido Popular hacia el “centro reformista” parece firme y decidido. Así parece avalarlo los últimos movimientos realizados por José María Aznar a nivel internacional. Y en ese camino, las iniciales referencias cristianas del Partido Popular serán soltadas, cual pesado lastre que impide sintonizar con el electorado mayoritario del país.
Veamos, ahora, un poco su contenido. La propuesta de Monseñor Gea Escolano parecía circunscribirse, fundamentalmente, a la necesidad de afrontar el reto que presenta hoy día la defensa de la vida en la sociedad española, cuya expresión más dramática es la actual situación permisiva ante el aborto y otros fenómenos asociados al mismo.
Sin embargo, si volvemos al valiente artículo publicado por el escritor Alex Rosal en “Fe y Razón” del sábado 25 de noviembre de 2000, son bastantes más los problemas que están ensanchando la brecha entre el Partido Popular y los católicos españoles. Por ello, limitar la existencia de un partido político católico a la defensa de la vida, siendo en todo caso un aspecto fundamental de la acción pública de los católicos, desnaturaliza y limita, en alguna medida, el sentido y finalidad de la misma.

Algo se mueve en la “escena” católica española.
La movilización de los católicos vascos realizada el pasado sábado 13 de enero en Vitoria, convocados por los obispos vascos y el navarro para una jornada de oración por la paz, pese a todas las matizaciones y críticas que pueden realizarse, ha podido inducir a la reflexión de nuestros políticos. Ha podido irritar, se ha intentado “quitar hierro” al asunto, pero es indudable la capacidad de convocatoria de esta Iglesia local, movilización que pocas realidades sociales vascas pueden arrogarse.
Recordemos otro asunto: las manifestaciones de algunos católicos a favor del “voto en blanco” con ocasión de las pasadas elecciones legislativas españolas del 12 de marzo de 2000.
Más elementos a tener en cuenta. Así, el descontento y la abierta crítica hacia la actual política gubernamental que se percibe en los núcleos más comprometidos de algunos de los nuevos movimientos eclesiales españoles.
Algo se está moviendo, parece indicar todo lo anterior, en la “escena” católica española.
Y que todo ello pueda concretarse en una iniciativa que movilice, llegado el día, unas decenas de miles votos, puede ser decisivo y fundamental para el mantenimiento en el Gobierno de España del Partido Popular, más cuando la erosión lógica del ejercicio del poder le está afectando y sus perfiles netamente originarios se difuminan en la porosa frontera con el espacio propio del PSOE.
La pregunta que nos hacíamos, en definitiva, al inicio del artículo era: el voto católico, ¿realmente se encuentra “amarrado”?
Pero en un ejercicio de realismo, después de las anteriores consideraciones, tendríamos que plantearnos otros interrogantes. ¿Qué sentido de pertenencia a la Iglesia tenemos los católicos españoles y, en particular, nuestros políticos? La pérdida de “espacio” de los católicos en el Partido Popular, ¿no es acaso paralela a la pérdida de incidencia real en la vida social española de la Iglesia?
Sin duda, tales interrogantes son fundamentales, pero exceden, con mucho, este artículo y la capacidad de su autor.

Consecuencias de un modesto artículo de opinión.
Con todo, en nuestro caso tenemos que relatar unas reacciones, no buscadas e insospechadas, de nuestro anterior artículo La crisis abierta entre los católicos españoles y el Partido Popular. Y lo ocurrido ha sido la recepción de varios e-mail y algunas llamadas telefónicas procedentes de miembros cualificados de grupos con vocación pública y de movimientos significativos del panorama eclesial español, manifestando su adhesión a los contenidos del texto.
Recordemos las tesis centrales del artículo:
1) El rumbo actual del Partido Popular está orientado en una dirección distinta, y en algunos asuntos fundamentales de forma antagónica, de la marcada por la Doctrina Social Católica.
2) El pueblo cristiano español empieza a rehacerse, en parte de la mano de los nuevos movimientos eclesiales. No olvidemos la pluralidad y variedad de los mismos.
3) La constatación de la necesidad de la creación de instrumentos formativos de futuros políticos católicos, sustentados en un diálogo vivo y real con el pueblo cristiano y en una pertenencia carnal a la Iglesia.
Con mayores o menores matizaciones, estos juicios son compartidos por los comunicantes.
Este hecho no es especialmente trascendente. No pasará a la historia. Faltaría más. Pero constata la progresiva creación de una red informal de relaciones personales en la que confluyen voluntades con vocación política y una conciencia de la necesidad de “hacer política” con un nuevo sentido de la misma.
Sin embargo, aunque se percibe esa necesidad de una “nueva política” y una “nueva presencia”, no está claro qué hacer exactamente y para qué.

“La necesidad crea el órgano”.
En esta “red”, de la que hablamos párrafos arriba, se percibe la necesidad de que alguna institución católica, con vocación de servicio, tome la iniciativa. Varias han sido las posibles alternativas barajadas, a desarrollar en un futuro no lejano: un foro permanente de discusión en internet, una revista especializada, una Escuela de Formación Política de ámbito nacional, la convocatoria de un nuevo “congreso Católicos y vida pública” centrado en “lo político”, la creación de un “lobby” católico, etc.
Ideas no han faltado. Pero seguimos sin saber exactamente qué es lo que hay que hacer. Y en esta labor de discernimiento, la orientación paterna de nuestros obispos puede ser un medio extraordinario y adecuado.
El objetivo último no tiene que ser, necesariamente, la creación de un partido político. Pero esta inicial movilización de voluntades no debiera desaprovecharse. Si se llegara a fundar un nuevo partido político (improbable en cualquier caso), un “lobby”, una Escuela de Formación, o incluso si se continúa exactamente como hasta ahora, la realidad se impone. Sigue siendo necesaria la presencia de católicos en la vida política española; y alguna atención a los mismos habrá que prestarles desde organizaciones católicas o desde las propias estructuras eclesiales.
Históricamente, tenemos la rica y aleccionadora experiencia del siglo XX. Los católicos españoles realizaron una importante aportación al panorama político del momento, renovando la escena pública mediante instrumentos como el PSP de los años 20, la CEDA en el período republicano, la ACNP, los sindicatos católicos, etc. Y nos hemos limitado a recordar unos pocos ejemplos.
Es necesario un cauce en estos momentos, en cualquier caso, aunque sea modesto. Primero, echarse a andar. La realidad política y el diálogo con el pueblo católico ayudarán a concretar las decisiones tácticas precisas en un futuro próximo.

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 41, enero de 2001.

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