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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Aproximación a la historia de la masonería.

     Una organización compleja: la masonería. Aquí veremos algunos trazos históricos, con el objetivo de aproximarnos a la realidad de esa sociedad “discreta”. En números sucesivos se publicarán otros dos artículos más, ambos continuación del presente. El segundo de ellos tratará sobre su naturaleza. Y el tercero, acerca de las relaciones de la Iglesia católica con la masonería.

 

Introducción.
            Cuando hablamos de la masonería, casi inconsciente, pero inevitablemente, nos recorre un escalofrío. Y nos asaltan ideas imprecisas pero tenebrosas, imágenes de reuniones secretas en lugares recónditos ocultos de toda mirada indiscreta, disciplinas cuya desobediencia acarrea la muerte al transgresor, conspiraciones nunca aclaradas, finalidades y objetivos jamás públicos…
            Realidad y leyenda se mezclan. Pero, ¿qué es la masonería?
            Difícil pregunta pues, ante todo, lo que la caracteriza es el secreto. Aunque para algunos autores se trata de una sociedad cerrada o, simplemente, discreta. Y es lógico que, dados sus ignotos fines, otros consideren que sólo sale a la luz pública aquello que interesa a los propios masones que así sea.
Por otra parte, existe una impresionante bibliografía en la que, sin orden ni concierto, se mezcla todo tipo de literatura: desde publicaciones “oficiales” de las diversas obediencias masónicas, a relatos fantasiosos de supuestos crímenes rituales y sacrílegos generalmente desmentidos, pasando por estudios históricos increiblemente detallistas de cualificados investigadores. Pero en un asunto en el que el secreto todo lo vela, ¿dónde termina lo real y empieza la fantasía?
            Otro factor que dificulta la comprensión de esta particular sociedad es su fragmentación, plasmada en múltiples obediencias, ritos y periódicas escisiones.
            Es conocida universalmente como “francmasonería”. Este término procede del francés franc (libre) y mason (albañil).
            Como aproximación inicial, vamos a reproducir la definición, propuesta por el profesor José Antonio Ferrer Benimeli, procedente del Diccionario Enciclopédico de la Masonería, en la que, a su juicio, todas las masonerías que luego veremos se pueden reconocer:
“La masonería es una Asociación universal, filantrópica, filosófica y progresiva; procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes, desarrollar en el corazón humano los sentimientos de abnegación y caridad, la tolerancia religiosa, los deberes de la familia; tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias y de intereses, uniendo a todos los hombres por los lazos de la solidaridad, y confundiéndoles en un tierno afecto de mutua correspondencia. Procura, en fin, mejorar la condición social del hombre, por todos los medios lícitos, y especialmente la instrucción, el trabajo y la beneficencia. Tiene por divisa Libertad, Igualdad, Fraternidad”.
            Para un ilustre masón francés, sin embargo, “la masonería del Gran Oriente de Francia, no es una religión, ni una filosofía, solamente un método”.

 

Origen histórico.
            Se ha pretendido remontar el origen de la masonería en la construcción del Templo de Salomón por Hiram de Tiro, supuesto primer masón. Constituiría el período mítico de la masonería.
            Aunque tal afirmación figura en el rito de iniciación de los tres primeros grados, existe general unanimidad en señalar el concreto origen histórico de la masonería: las Hermandades profesionales de constructores de Catedrales y otros templos de la Edad Media (desde el tallador de piedra al maestro albañil), establecidas al servicio del bienestar material y espiritual de sus miembros y que, a la vez, poseían “secretos” de orden técnico y de orden ritual o de iniciación. Ya en el siglo XIII, estas Hermandades establecieron las primeras constituciones góticas al servicio de sus miembros. Se trataría del período antiguo u operativo. Dos textos de finales del siglo XIV y principios del XV se refieren a los orígenes míticos: “Regius” (que relata un supuesto viaje de Euclides a Egipto donde fundaría una escuela de geometría y construcción) y “Cooke” (la historia del arte de la construcción antes del Diluvio Universal).
Con el transcurso del tiempo el reclutamiento dejará de hacerse sobre la base profesional inicial, admitiéndose a personas de otras profesiones no vinculadas a la construcción.
            Es en Inglaterra donde se da el paso de una masonería “operativa” (la de los constructores que trabajaban la piedra con sus manos y herramientas) a otra “especulativa” (período histórico) en la que la construcción es sólo simbólica, trabajándose a la humanidad mediante el modelado del propio ser. Ahora, por iniciación hay que entender “entrar”, paso introductorio de un hombre que desea cambiar su “modo” de conocer, de actuar, de ser, que debe cultivar su alma. Ese paso se desarrolla en una iniciación simbólica, mediante un rito que resume ese trance y que capacita al neófito para ejecutarlo.
            El día 24 de junio de 1717 se funda la Gran Logia de Londres a partir de 4 pequeñas logias que la precedieron y, en 1726, se abre la primera logia en París.
            La primera constitución moderna reguladora de la masonería especulativa es la redactada por el pastor presbiteriano inglés James Anderson, quien elabora en 1723 “The Constitutions of the free-masons.”. Estos textos tienen cuatro partes: una historia legendaria de la orden y del arte masónico, los llamados “deberes”, un reglamento para las logias y los cantos para los tres grados iniciales. La parte más importante es la relativa a los “deberes”, en la que establece como pilar fundamental la creencia en el “Gran Arquitecto del Universo”, aunque en otros artículos procura marcar distancias con el cristianismo a través de unas referencias al esoterismo, el secreto y al relativismo, junto a un deísmo iluminista.
Esos componentes filosóficos ocasionaron, casi enseguida, la primera escisión: la Logia de York, de carácter más esotérico que la de Londres, más racionalista.
Pronto salta de Inglaterra a América.
            Ya en 1813 se fusionan ambas logias, dando lugar a la Gran Logia Unida de Inglaterra. A la vez se redacta otro texto fundamental en la masonería: los Antiguos límites o Ancient Landmarks. Se trata del conjunto de reglas tradicionales e inmutables, transmitidas de forma oral desde sus orígenes hasta ese momento en que se plasman por escrito.
Dicha Gran Logia Unida de Inglaterra se constituyó en la depositaria de la “tradición” y de la “regularidad” masónica, de carácter aristocrático y puritano en sus orígenes.
Esa regularidad se determina, todavía hoy, a partir de varios criterios: regularidad de origen (sólo una Logia regular puede fundar otra logia regular), regularidad territorial (una Gran Logia por país), regularidad doctrinal (creencia en Dios, uso de un libro sagrado, exclusión de las mujeres, interdicción de las discusiones políticas).
            Conforme se extiende por toda Europa y América, la masonería acoge con entusiasmo las corrientes del enciclopedismo del siglo XVII, del racionalismo y del liberalismo.
De forma paralela, los rituales se “enriquecen” y amplían con aportaciones procedentes de grupos que cultivan la Alquimia, la Kabala, el llamado “neotemplarismo”, la Teosofía, la moda por lo egipcio, etc. Y la descristianización, con todo ello, se acentúa.
            La masonería se establece pronto en Francia, hacia 1721. De origen escocés y estuardista, se vio favorecida por el espíritu racionalista francés, adquiriendo un carácter deísta inspirado en el racionalismo naturalista.
            En España, por iniciativa inglesa, ya aparece en 1728, pero no será hasta la invasión napoleónica cuando se produzca la eclosión de la orden.
Una vez irrumpe en la historia, su presencia, más o menos oculta, se hace notar con fuerza.
El mayor número de masones se encuentra, actualmente, en Estados Unidos de América.

 

La fractura de la masonería.
El ilustre masón Robert Amadou afirma que es hacia 1860 cuando el Gran Oriente de Francia, la mayor organización masónica después de la inglesa, se desvía de la iniciación a la política partidista, al servicio de una filosofía materialista y atea. Ello se plasma, jurídicamente hablando, en 1877 cuando la Asamblea General de esa obediencia francesa, siendo Gran Maestre Fréderic Desmons, suprime de sus constituciones la fórmula del “Gran Arquitecto del Universo”, siendo por ello “excomulgado” por la Gran Logia Unida de Inglaterra, al igual que el resto de obediencias que le siguieron en ese paso. Esas obediencias constituyen la llamada masonería “irregular” (liberal, se llaman a sí mismas), dando lugar en muchos países a una duplicidad de obediencias.
Desde entonces, casi toda la masonería francesa, española, italiana y belga integra la mencionada masonería “irregular” o “liberal”.
Buena parte de esas obediencias irregulares se agrupan, a nivel internacional, en el CLIPSAS (Centre de Liaison et d’Information des Puissances maçonniques signataries de l’Appel de Strasbourg).
Existe, por otra parte, una federación internacional de logias femenimas y mixtas: “Le droit humain”.
Existen otras múltiples organizaciones, de carácter sectario muchas de ellas y de contenido ocultista, “en el límite” de la masonería (ya regular o irregular). Hablar de organizaciones herméticas como la “Golden Dawn”, “Shrine”, y otras como la “Sociedad Teosófica” o la “Sociedad Antroposófica”, y de sus relaciones con la masonería, es extremadamente complejo y difícilmente puede llegarse a conclusiones de interés.
Otras organizaciones, como el “Club de los Leones” o los Rotarios, de finalidad filantrópica y humanitaria, adoptan algunas características próximas en ciertos aspectos a la masonería. Incluso algunos de sus miembros mantienen la doble pertenencia; pero conceptual e históricamente se trata de organizaciones netamente diferenciadas.
Después de la segunda guerra mundial se produjo un cierto movimiento de regreso a la regularidad masónica, iniciado en Francia, y que en España se concretó en la Gran Logia de España. Pero, en general, los intentos de unificar ambas ramas de la masonería, debe afirmarse, que han fracasado.
Los propios masones achacan a tal duplicidad la imagen desfigurada de la masonería que existe en muchos ambientes. Para otros autores, por el contrario, esa duplicidad sería un “lavado de imagen”, pues, a su juicio, ambas masonerías coinciden en lo fundamental.
            En cualquier caso, esa duplicidad ha facilitado un complejo debate dentro de la Iglesia católica acerca de la naturaleza real de la masonería y las relaciones de los católicos con la misma. Este aspecto lo veremos, de forma más amplia, en el tercer artículo de esta mini-serie.

 

Masonería y política.
            Otro aspecto muy polémico es el de sus implicaciones políticas.
No existe política masona, sino “masones metidos en política”, a juicio de los propios masones. Y, en ese sentido, no deja de contrastar las convicciones monárquicas de los masones británicos, frente el republicanismo radical de sus hermanos galos.
            Lo cierto es que muchos escritores masones se jactan en el sentido de que sus ideas y sus hermanos han influido en una serie de acontecimientos históricos y culturales de indudable trascendencia.
            Así, el profesor Francisco Espinar Lafuente en su claro y revelador libro “Esquema filosófico de la masonería” (página 268), señala como acontecimientos en los que masones o sus ideas han influido con una impronta fundamental, los siguientes:
-         La Ilustración en el período de los Estados absolutos (entre 1750 y 1800).
-         La Revolución norteamericana cuyo símbolo es el masón George Washington.
-         La Revolución francesa y su expansión a través de Napoleón.
-         La independencia de Iberoamérica (1810 – 1825).
-         La lucha contra los Imperios, Monarquías y Estados absolutos (siglos XIX y XX).
-         La abolición de la esclavitud.
-         La unificación de Italia con la supresión de los Estados Pontificios.
-         La secularización de las Universidades y de las ciencias.
-         El laicismo en la enseñanza (1890 – 1918).
-         La Sociedad de Naciones (1919 – 1939).
-         La Organización de las Naciones Unidas (desde 1945).
-         La descolonización en Asia y en Africa desde 1950 (fecha de independencia de la India).
-         Una influencia benévola en la evolución del socialismo.
El autor, sin duda, atribuye todos estos acontecimientos al influjo, en mayor o menor medida, de la masonería, partiendo de que se trata de un libro de carácter filosófico, sin entrar en un estudio de los aspectos históricos aludidos que pudiera avalar la tesis. Por ello, el listado hay que acogerlo con algunas reservas, más cuando los historiadores tienden a limitar el alcance real de la participación directa de la masonería en buena parte de tales acontecimientos. Pero hay que señalar que, en efecto, todos ellos, de enorme trascendencia en la configuración de nuestro mundo, parecen acordes, en principio, con los principios subyacentes en el “espíritu masónico”.

 

Su relación con los Rosacruces.
            Algunos autores, caso de Massimo Introvigne, relacionan el nacimiento de la masonería con el fenómeno de los rosacruces.
            La “rosacruz” se trataría de una sociedad secreta, fundada por un legendario Christian Rosenkreutz, cuyo tesoro iniciático consistiría en la sabiduría eterna.
El fenómeno se desata con la aparición de tres textos hacia 1614: “Fama fraternitatis”, “Confessio” y “Las bodas químicas de Christian Rosenkreutz”. Tales textos habrían sido escritos por el pastor protestante Johan Valentín Andreae, que pretendía con ello, según ciertos autores, obtener cierta unidad de los protestantes frente al Papado y los Habsburgo.
            A juicio de Jean-Pierre Bayard, “Andreae, presumiblemente el autor de estos escritos, fiel reflejo de su época, no es más que el portavoz de una sociedad secreta, oculta, cuya autoridad central, de pronto, hubiera querido revelarse. Este grupo no se refiere a antiguos misterios, a antiguos rituales, pero se sitúa en el naciente siglo XVII, apoyándose sobre unos símbolos que son eternos. El fenómeno de la Rosacruz está unido a aquella otra corriente de pensamiento ilustrado por Paracelso, Flud o Maïer”.
            No existe ningún indicio histórico de la existencia real de tal sociedad secreta, pero generó un movimiento que en la actualidad, todavía,  se traduce en múltiples sociedades semisecretas, con millones de adeptos por todo el mundo. Algunas de ellas están presentes en España, caso de AMORC y Lectorium Rosicrucianum, muy conocidas por la intensa y permanente campaña publicitaria desarrollada por ambas en numerosas ciudades y medios de comunicación.
            Los propios masones no aceptan que en tales circunstancias se sitúe el origen de su orden, pero es indudable que las influencias de ambas movimientos han sido mutuas y recíprocas. No en vano, masonería y movimiento rosacruz surgen en el mismo ámbito cultural y filosófico de la modernidad, con el “humus” del pluralismo como fenómeno distintivo, la reforma protestante, el iluminismo y el florecimiento posterior de sectas de todo tipo, muchas de ellas generadas en los aledaños o en el mismo núcleo de ambas organizaciones.

 

René Guénon y la masonería.
            No podíamos eludir otro aspecto relevante relacionado con el tema que nos ocupa, en concreto, la relación con la masonería de uno de los pensadores más atípicos del siglo XX: René Guénon. Y ello más cuando su influencia se ha irradiado en ambientes tan distintos como el de la extrema derecha, los estudiosos del simbolismo, los seguidores de llamado “tradicionalismo guenoniano”, grupos ecologistas, etc.
            Este autor fue iniciado muy joven en la masonería. Perteneció a varias logias, tanto regulares como irregulares. Hermano “dormido” durante muchos años, hasta el final de sus días se consideró masón, conforme su particular interpretación del fenómeno.
            A su juicio, el depósito iniciático y metafísico del cristianismo se conservaba en la Orden del Temple hasta que fue disuelta. Algunos supervivientes se refugiaron en Escocia, ingresando en la Gran Logia Real de Edimburgo. Allí transmitieron sus conocimientos, percibiéndose su influencia en algunos grados de los diversos ritos masónicos.
Esta interpretación histórica no es asumida por la mayoría de los estudiosos masónicos, tachándola de antihistórica. Pero los seguidores de Guénon hablan de la importancia simbólica e iniciática del “mito”, más que de su veracidad histórica. Mito y realidad se mezclan, de nuevo, en una compleja telaraña.
            Para Guénon, la tradición iniciática y metafísica (que correspondería a la Gran Tradición Promordial, uno de cuyos reflejos sería la llamada Unidad Trascendente de las Religiones) de occidente sólo es posible rastrearla en dos instituciones: la Iglesia católica, que a su juicio ha perdido todo sentido esotérico, y la masonería. Sin embargo ese juicio no es asumido por alguno de sus discípulos más aventajados, caso de Julius Evola, que acusa a la masonería de organización antitradicional y subversiva, sin reparo alguno.
            En la masonería confluirían, siempre según Guénon, las tradiciones esotéricas occidentales: hermetismo (corriente nunca institucionalizada pero cuya expresión más clara habría sido la de los rosacruces), el pitagorismo  (geometría y arquitectura con tintes esotéricos), cristianismo y judaísmo.
            Por todo ello, la masonería constituiría una vía factible para el trabajo metafísico e iniciático, de ahí que aprobara con ciertas expectativas la creación de una nueva logia parisina, dentro de la Gran Logia Nacional Francesa, compuesta por guenonianos que optaron por esa vía de trabajo: La Gran Tríada. El Rito Escocés Antiguo y Aceptado constituiría el más apropiado para el tipo de trabajo desarrollado por este particular grupo de masones.
Guénon desautoriza en sus escritos las tentaciones políticas y racionalistas de muchas obediencias masónicas, acreditando en ese sentido, la existencia de una dualidad en su seno, tal como comentamos en otro apartado del artículo.
            Por último, en lo que respecta a este autor, habría pertenecido, según testigos de solvencia, a una especie de “maestría”, organización informal de grados superiores de la masonería especialmente volcados al “trabajo” metafísico e iniciático.

 

Masonería en España
            La primera logia fundada en España es “La Matritense”, establecida por Lord Wharton, aunque ya funcionaba desde un año antes una logia en Gibraltar. Las primeras logias son de obediencia inglesa, manteniendo el carácter inicial, ingresando en ellas buena parte de la minoría ilustrada española de la época, aristocrática e intelectual.
            Con la invasión francesa se inicia la influencia de la masonería gala, que favoreció la implantación de numerosas logias en las que ingresaron muchos afrancesados, en contraste con las de obediencia inglesa, cuyos integrantes eran patriotas liberales contrarios a la ocupación francesa.
            Con los años, la masonería adquirió en España peculiaridades propias: carácter conspirador, extrema politización e implicación en muchos sucesos revolucionarios del siglo XIX, reducto de los militares liberales, anticlericalismo extremo. Algunos de sus hombres llegan al poder en el llamado “Trienio constitucional” (1820 – 1823). Se mezcla con otros fenómenos, como los de las sociedades secretas de los Comuneros y los carbonarios.
            En 1824 es prohibida. De 1854 a 1868 participa en medios políticos, militares e intelectuales. En 1868 adquiere nuevo protagonismo, con ocasión de la revolución producida ese mismo año. Con la Restauración es prohibida, de nuevo, en 1874.
A raíz de la proclamación de la Segunda República española alcanza su mayor esplendor, al menos en su expresión política, pese a sus múltiples escisiones y obediencias. La relación de masones ilustres en este periodo de la historia de España es abultadísima. Como dato significativo recordaremos que de los 470 diputados de la Cortes Constituyentes de la República, 183 eran masones. Sin embargo el número total de masones en España no parece superara los 5.000 por entonces. Otro sector en el que existía un importante número de masones era el del ejército.
Señalemos algunos nombres ilustres de la política española de aquellos años, masones todos ellos: Diego Martínez Barrio, Alejandro Lerroux, Fernando de los Ríos, Casares Quiroga, Largo Caballero, Manuel Azaña, Marcelino Domingo, Nicolau d’Olwer, Abad Conde, Luis Jiménez de Asúa, Emiliano Iglesias, Ricardo Samper, Álvarez del Vayo, Pedro Rico, Belarmino Tomás, Luis Araquistáin, Llopis, Domingo Barnés, Portela Valladares. Presentes, todo ellos, especialmente en el PSOE, Partido Radical, Partido Radical – Socialista, Acción Republicana, Esquerra Republicana de Cataluña y Federación Republicana Gallega.
Es prohibida, por última vez, con la consolidación del régimen surgido de la guerra civil, hasta su legalización a finales de los años 70.
La masonería española actual retoma algunas de sus constantes históricas: la fragmentación y su escaso número en comparación al de otros países.
            Veamos cuales son las principales obediencias en la actualidad:
-         Gran Logia de España. Mayoritaria. Su número oscila entre 1.500 y 3.000 miembros. Forma parte de la masonería regular. Está reconocida por la Gran Logia Unida de Inglaterra. No acepta mujeres.
-         Gran Logia Simbólica de España. Unos 500 miembros. Es una obediencia irregular. Sus logias son sólo masculinas, sólo femeninas o mixtas. Está afiliada al CLIPSAS. Masonería liberal. Ha alcanzado cierta notoriedad en los medios de información al tratarse de la primera obediencia española que eligió a una mujer como “Gran Maestra”, hecho acaecido en Zaragoza a mediados del 2000.
-         Gran Logia Federal de España. Escisión de la Gran Logia de España. Tiene en torno a los 400 miembros. De orientación regular.
-         Gran Logia de Canarias. Unos 200 miembros. Orientación irregular y de ámbito territorial.
-         Gran Logia de Cataluña. De similares características de la anterior. Unos 200 miembros.
-         Gran Oriente de Cataluña. Unos 100 miembros. Similar a las dos anteriores.
-         Logia del Derecho Humano. Masonería irregular, mixta. Unos 100 miembros.
-         Gran Logia Femenina Francesa. Sólo mujeres. Irregular. Unas 40 integrantes.
-         Gran Oriente de Francia. Varias logias levantinas pertenecen a esta obediencia irregular y liberal.

 

Nota final.
En el próximo número de esta publicación digital figurará, Dios mediante, otro artículo en el que se estudia, con cierto detenimiento, la naturaleza de este conjunto de organizaciones. Esta serie finalizará con un tercer artículo relativo a las relaciones entre la Iglesia católica y la masonería. En ese tercer artículo se incluirá una bibliografía relativa a estos temas, que comprende obras de autores muy próximos a la masonería, detractores de la misma e, incluso, publicaciones de dos obediencias presentes en España a las que ha tenido acceso el autor.

 

Arbil, Anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 41, enero de 2001.
Reproducido en apologetica.com, 2001.
Reproducido en conoze.com, diciembre 2001.
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