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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Los cristianos y el sindicalismo español en el último tercio del siglo XX.

En el panorama sindical español existe una significativa presencia de cristianos. Es más, la historia de muchas de las actuales organizaciones sindicales no puede entenderse sin su aportación. Pero, desaparecidos los sindicatos confesionales, ¿qué criterios, en este campo, puede seguir un cristiano que vive también el mundo del trabajo desde la fe y la pertenencia a la Iglesia?

Introducción.
Aunque, jurídicamente hablando, sindicato lo es tanto una asociación de obreros como una agrupación de empresarios, popularmente y como fenómeno sociológico, por sindicalismo se entiende el llamado “de clase”.
Se trataría, pues, de agrupaciones de obreros y campesinos pobres, proletarios en suma, que se asocian con un interés defensivo ante los patronos y los poderosos, con una finalidad transformadora y un compromiso internacionalista. Su ideología sería comunista, socialista o anarquista.
Pero esa delimitación conceptual “clásica” no corresponde a la realidad histórica, pues con ella se deja fuera a importantes movimientos como fueron los sindicatos católicos españoles, cuya presencia arranca de las últimas décadas del siglo XIX, eclosionando en los años 20 y 30 del siglo XX hasta su “integración” en la Central Nacional Sindicalista surgida de la guerra civil.
Actualmente, el sindicalismo de clase aspira a la exclusiva representatividad de las llamadas “clases trabajadoras”, desbordando el tradicional concepto de “clase proletaria”. Coincide esa transformación en el tiempo con la desaparición del sindicalismo confesional católico, fenómeno paralelo al sucedido en otros países, si bien siguen existiendo sindicatos en Europa y América Latina de clara orientación cristiana.
Eso no quiere decir que no existan cristianos trabajando en el seno de organizaciones sindicales. Pero quiénes así actúan, lo hacen de forma individual, como consecuencia de su compromiso personal, suscitado en muchos casos por concretas comunidades cristianas.
Que no exista en España un sindicalismo específicamente católico es consecuencia, además de causas históricas muy concretas que pasan por el periodo franquista, de la “política” de la Jerarquía católica, que no ha apoyado la existencia ni de partidos políticos ni de sindicatos confesionales en el actual régimen; en buena medida en consonancia con las orientaciones derivadas del Concilio Vaticano II y el impacto de corrientes políticas y sindicalistas izquierdistas que suscitó el “mayo del 68” en muchos movimientos católicos.
En este artículo vamos a ver, de forma muy somera, la realidad del sindicalismo en España en las últimas décadas y la presencia en el mismo de un sujeto católico, pues ello nos puede aportar claves para comprender la actual situación y vislumbrar el futuro del mismo.



Antecedentes.
Con el “nuevo régimen”, todos los sindicatos “de clase” son declarados fuera de la ley, siendo sus militantes perseguidos y sus organizaciones disueltas.
Los sindicatos católicos y “libres” (la C.E.S.O), al igual que los minúsculos sindicatos falangistas (CONS), son integrados por Ley en la única Central Nacional Sindicalista, en la que se participaban obreros y patronos organizados en ramas de producción siguiendo un esquema semi-corporativista. Fuera de esa única organización sindical legal, como núcleos específicamente obreros, solo figuran los movimientos especializados de Acción Católica en ese ámbito: la HOAC (fundada en 1.946) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC).
Los sindicalistas de izquierdas encontraron, salvo los casos de estricta clandestinidad (CNT, básicamente) esos dos cauces para trabajar “sindicalmente”: la propia CNS (infiltrándose en la misma) y los movimientos apostólicos.
En los años 50 y, sobre todo, en los 60, surgen organizaciones ilegales con la pretensión de actuar en el mundo del trabajo y también de transformar la realidad política. En unos momentos actuaron dentro de la CNS y en otros casos lo hacen fuera, dependiendo de estrategias concretas. De forma paralela, se infiltran en HOAC y JOC, donde encuentran un numeroso grupo de obreros y clérigos formados en las nuevas corrientes teológicas, en parte derivadas del Vaticano II y que sufrieron el impacto del radicalismo izquierdista.
Entre esas nuevas organizaciones obreras, destacan dos: Unión Sindical Obrera (USO) y Comisiones Obreras (CC.OO.), si bien existieron otras. Así, destacaremos a la Federación Sindical de Trabajadores, que fue un intento de creación de un sindicalismo católico en la clandestinidad, de 1.958 a 1.960; fracasando en el empeño.

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC).
La Hermandad Obrera de Acción Católica es un movimiento apostólico especializado de la Acción Católica, siendo, por tanto, una organización impulsada por la Jerarquía de la Iglesia Católica.
Ha jugado un papel muy importante en el franquismo, al constituir una escuela de formación de militantes obreros y cristianos y un cauce organizativo que “escapaba” de la disciplina del Sindicato Vertical.
Varias personas extraordinarias influyeron, especialmente, en su historia: Guillermo Rovirosa, Eugenio Merino y Tomás Malagón.
De HOAC, y de otros movimientos apostólicos como la JOC, nació USO en buena medida. En HOAC también encontramos a los promotores de ediciones ZYX, a dirigentes del PSOE, a los fundadores años mas tarde de “Comunión y Liberación” en España, y a los actuales dirigentes del Movimiento Cultural Cristiano.
Por HOAC pasaron muchos cientos de militantes que desarrollaron –y desarrollan- su labor sindical en CC.OO. y UGT. No puede entenderse la historia reciente del sindicalismo en España sin la cobertura ofrecida al renacido movimiento obrero por esos movimientos apostólicos, los llamados “curas obreros”, numerosas parroquias y algunos conventos y Seminarios.
En la actualidad, HOAC sigue presente en la mayoría de las diócesis españolas (así, en la de Getafe, ya funciona, desde enero de 2.000, el primer grupo de 30 militantes de este movimiento apostólico), con apoyo de la Jerarquía. Por otra parte, forma parte de la Coordinadora de Movimientos Apostólicos de Acción Católica y tiene magníficas relaciones con la llamada “Iglesia de Base” y las Comunidades Cristianas Populares, con las que busca alguna modalidad de articulación. Está integrado por casi dos millares de personas, entre las que figura un número significativo de clérigos.

Unión Sindical Obrera (USO).
La historia de este sindicato arranca del llamado "grupo de Rentería”, cuyos primeros panfletos datan del ya lejano 1.958. Formalmente se constituye en 1.960, redactándose la carta fundacional en 1.961. Nace de un grupo de obreros de JOC y de HOAC y su vida se mezcla con la de esa organización apostólica y en el ámbito internacional con la central francesa CFTC (después, CFDT). De hecho, nace como consecuencia de la reflexión derivada del método empleado en los movimientos de Acción Católica: “ver, juzgar, actuar”. De hecho hasta 1.965 su vida se solapa con la de la propia JOC; si bien por razones de edad muchos de ellos pasarían después a HOAC.
Hoy día JOC, fundada en España en 1.947, continúa su existencia, aunque muy mermada, habiendo sufrido una escisión hace una década: la JOC-E.
USO sufre los avatares de las corrientes ideológicas de moda. Así, la influencia socialista autogestionaria fue muy fuerte, plasmándose de forma sucesiva en las estrategias “afirmación poder obrero” y “reconstrucción socialista”.
En abril de 1.977 es legalizada. En las primeras elecciones políticas apoya al PSP y la FPS. Sufre graves escisiones hacia UGT (liderada por el secretario general Zufiaur, septiembre de 1.977), CC.OO (1.980) y CNT.
El fenómeno polaco de “Solidaridad” también influye, al menos como “marca publicitaria”, iniciando su deslizamiento ideológico hacia la “autonomía” e “independencia”. En tal evolución, distanciándose del radicalismo, se desarrolla una estrategia de captación de independientes, siendo su momento álgido la entrada en USO de la CGDT (1.980).

CC.OO, UGT y CNT-AIT
Las primeras Comisiones Obreras (CC.OO.) surgieron a partir de grupos de militantes católicos, comunistas incluso falangistas (Centro Social Manuel Mateo, 1964), con una vocación unitaria pero rápidamente fueron dominadas por los militantes del Partido Comunista de España. En cualquier caso, hablar del sindicalismo clandestino en España durante el franquismo pasa inevitablemente por la historia de esas Comisiones Obreras que protagonizaron luchas importantes y estrategias diversas.
La antaño poderosísima Confederación Nacional del Trabajo (CNT-AIT) quedará, por fidelidad a la “acción directa” y a las directrices de la FAI en el exilio, fuera de esa estrategia, si bien algunos pensadores anarquistas son estudiados y conocidos en círculos católicos (caso de la labor editorial de ZYX).
La CNT-AIT en la transición sufrió un momento de espectacular auge, coincidiendo con las multitudinarias “jornadas libertarias” de Barcelona, pero a raíz del “caso Scala” entra en una profunda crisis, que desembocará en la escisión de los “posibilistas” en el congreso de Valencia.
De esa escisión surge, actualmente como cuarta fuerza sindical, la Confederación General del Trabajo (CGT). En esta confederación, dinámica y en relativo ascenso, también trabajan militantes de formación cristiana, procedentes de una pequeña escisión de USO, así como otros de los restos de CSUT (sindicato impulsado por el Partido del Trabajo de España, maoísta).
La CNT-AIT, en la actualidad, apenas desarrolla trabajo sindical, reduciéndose su presencia en el medio laboral y proyectando su acción en fenómenos marginales como el movimiento insumiso, “okupa”, etc.
La UGT socialista no se reconstruye hasta principios de los años 70 (salvo alguna limitada experiencia aislada). En la actualidad es la segunda gran organización sindical española, tras CC.OO, manteniendo magníficas relaciones con su partido hermano, el PSOE.

Otros sindicatos.
También en los últimos años del franquismo, otras organizaciones sindicales intentan asomar de la mano de partidos políticos radicales (FRAP, ORT y PTE), así como algunas de carácter nacionalista (SOC y ELA-STV).
Otros pequeños sindicatos ven la luz en los años de la transición con la seña de identidad de “independencia”: CDT, CGTI (unificados en CGDT) y la CTI del exfalangista y cofundador de Comisiones Obreras Ceferino Maestu. Ya hemos visto que parte de ellas recalan en USO en 1.980.
A finales de los años 70, y tras las primeras elecciones sindicales de la democracia (1.980), se observa que el número de “independientes”, tanto de pequeños sindicatos de empresa, como a personal, es muy elevado. Surgen algunos intentos de unidad de los anteriores, como es el caso de “Solidaridad Independiente”, de la que tras su congreso fundacional anunciado a bombo y platillo, nunca más se supo.
Progresivamente los independientes se van integrando en todo tipo de sindicatos, al no poder competir con los servicios ofertados desde las grandes confederaciones sindicales.
Incluso desde las formaciones de la extrema derecha se realizan incursiones en el mundo sindical, a través de siglas como FNT, UNT, ASNT y CONS. Salvo éxitos aislados y por escaso tiempo (caso de FNT en el taxi madrileño y CONS en Valencia) tales intentos no pasaron de lo anecdótico.
En estos primeros años de la transición se consolida el sindicalismo nacionalista. ELA-STV, de origen católico, se consolida como primer sindicato en la Comunidad Autónoma Vasca, siendo casa común de todos los nacionalistas no radicales, superando la escisión de ELA Askatuta. El sindicato radical LAB, impulsado desde KAS, surge en la escena vasca, con un estilo propio reivindicativo e innovador en ascenso.
Convergencia Intersindical Gallega surge de la unión de INTG y la asociación campesina gallegista. Constituye una correa de transmisión del pujante nacionalismo radical del Bloque Nacionalista Gallego, mejorando de forma progresiva sus resultados y su acción sindical, siendo sindicato de referencia obligada en Galicia en prácticamente todos los sectores laborales.
En el mundo del funcionariado, una confederación de marca “independiente” surge, a partir de numerosos sindicatos nacidos en sectores muy concretos de la Función Pública. También aquí encontramos a católicos actuando de forma individual. Hablamos de la CSI-CSIF.
Aunque la lógica de una legislación que prima a los sindicatos mayoritarios llevaba a la confluencia de CSI-CSIF con USO, tal no se produce. Si bien debemos señalar que ambas confederaciones son complementarias. En el mundo de la Función Pública USO apenas tiene incidencia (salvo enseñanza), siendo el medio natural de CSI-CSIF. Por su parte, en el mundo de la empresa privada, CSI-CSIF apenas tiene representación.
Persisten algunos sindicatos muy radicales, como el SOC andaluz, el SU, ESK - CUIS, etc.; siendo su implantación local y muy desigual.
Fuera de las organizaciones mencionadas quedan importantes organizaciones sectoriales, como el poderoso Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (SEPLA), la CEMSATSE (médicos y ATS de la sanidad pública), el SAE (auxiliares de clínica), el ANPE (sindicato independiente de las enseñanzas medias públicas), el SEMAF (en RENFE), la UCSTE (izquierda radical en la enseñanza, tanto pública como privada) y diversas organizaciones sectoriales de las policías Nacional y locales (SUP, SPPU, SG, ARNE, SPF, etc.), Correos, Banca (FITC) y Cajas de Ahorro, administraciones autonómicas y locales, etc.
Otro sector con presencia sindical es el agrario, aunque con carácter empresarial, por lo que quedaría fuera de este análisis. Organizaciones tradicionales (Jóvenes Agricultores, COAG) compiten con otras de nuevo cuño, como la impulsada desde UGT (Unión de Pequeños Agricultores) u otras de carácter nacionalista como EHNE.
Como conclusión de este breve repaso a las organizaciones sindicales existentes en España, vemos cómo el marco jurídico existente, pese a los porcentajes que establece para determinar la representatividad desde un criterio mayoritario (favoreciendo a los grandes y ahogando a los más pequeños en la negociación y discriminando vía subvenciones), no ha conseguido eliminar el pluralismo del sindicalismo español.

Presencia de un sujeto cristiano en el mundo sindical.
Hemos visto que son muchos los militantes cristianos que trabajan en diversas organizaciones sindicales. De alguna manera, los procedentes de HOAC y JOC, tributarios de su concreta metodología y su concepción eclesiológica, militan preferentemente en UGT, CC.OO, CGT, UCSTE y también en USO.
Otros católicos, vinculados a otras realidades eclesiales, militan en CSI-CSIF, CEMSATSE, ANPE y USO.
Y no olvidemos el origen católico del sindicato nacionalista ELA-STV, donde militan muchos católicos y sindicalistas antes independientes.
Pero creemos que no se trata de hablar y actuar conforme a los tradicionales esquemas de “derecha” e “izquierda”, trasladándolos a las realidades eclesiales.
El mundo del trabajo está experimentando una evolución rapidísima e imprevista. Así, por ejemplo, la apertura del sindicalismo “de clase” a nuevos sectores sociales (funcionariado, autónomos, fuerzas de seguridad), años atrás considerados como sospechosos por la “clase obrera”, era inimaginable hace unas décadas. Por ello, apegarse a viejas formulaciones (mundo obrero, conciencia de clase, militancia obrera, etc.) es ir al fracaso, al servirse de categorías y realidades en recesión.
Desde esta perspectiva, el compromiso personal, concretado en la “militancia” individual, quedaría superado por el criterio de pertenencia a las realidades vivas de la Iglesia.
Por otra parte, hay que considerar que el movimiento obrero en particular y sindical en general, han perdido buena parte de la capacidad transformadora que le caracterizaron décadas atrás, convirtiéndose en meros gestores de fondos públicos y de otros recursos de la vida laboral, insertados plenamente en el sistema.
Hoy día, para un cristiano, la llamada a la “nueva evangelización” impulsada por Juan Pablo II debe ser horizonte inmediato. Y esa evangelización pasa, en primer lugar, por el testimonio personal y el encuentro “cara a cara”. Y para ello, las estructuras sindicales que hemos descritos antes, no son fundamentales; aunque ello no quiere decir que, como ámbito muy importante de la vida, los cristianos no puedan también trabajar en el seno de las mismas con un espíritu transformador y misionero.
Si queremos que la Iglesia sea una realidad identificable también en el mundo del trabajo, como una presencia humana, es precisa la creación de un nuevo sujeto cristiano.
La razón última del actuar en sindicalismo no sería, pues, un voluntarismo que pretende unir esferas disociadas de la existencia. Se trabajaría en el sindicalismo como expresión de la vida nueva encontrada en la Iglesia, como una dimensión no dualista de una vivencia integral de la fe en el seno de la comunidad cristiana. Y con esa perspectiva, se abriría la posibilidad de dignificar la acción sindical, rescatándola del oportunismo en que se encuentra sumida.
No hay futuro para un sindicalismo católico que no pase por la recuperación de un pueblo por la Iglesia.
Los nuevos movimientos que tienen esa clara conciencia, constituyen la posibilidad de “recreación” de ese pueblo que también puede ser visible en el mundo sindical.
Al igual que los partidos políticos, no todos los sindicatos respetan de idéntica forma la libertad de actuación de la Iglesia. Por ello, el trabajar en el interior de aquellos sindicatos que faciliten la actuación de ese sujeto cristiano, es una manera realista de ser presencia en el mundo laboral. Es más. Para algunos sindicatos de clase, el cristiano es un sospechoso que debe renunciar a su identidad más auténtica, debiendo revalidar su admisión en el grupo continuamente mediante un test de “fiabilidad sindicalmente correcta”.
Un cristiano que actúe sindicalmente debe considerar qué espacio se concede, en el sindicato en el que trabaja, a principios fundamentales como el principio de subsidiariedad, el derecho a la vida, la libertad de enseñanza, la justicia distributiva, etc.
Un nuevo sujeto católico en el mundo del trabajo debe partir de una identidad netamente católica, en que la pertenencia eclesial, la experiencia comunitaria y la creatividad social, sean características de esa presencia evangelizadora.

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 32, abril de 2000
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