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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

El PNV y el soberanismo: Hacia la independencia de Euskal Herria.

Soberanismo y territorialidad, ¿simples conceptos o expresión de un profundo cambio en el Partido Nacionalista Vasco?

 

Dos nuevos conceptos: Soberanismo y territorialidad.

            En cualquier debate político referido al País Vasco están presentes dos términos: Soberanismo y territorialidad. Ambos, impuestos desde el MNLV a modo de simbólica victoria semántica, han sido hechos propios por el PNV, lo que representa el mayor cambio estratégico que ha experimentado este histórico partido en los últimos 50 años.

Para el PNV han sido muchos años de apuesta por la vía “autonomista”, entendida como mal menor, desde una estrategia posibilista, con la esperanza puesta en una “Europa de las regiones” que permitiera la unificación de los territorios vascos, a su juicio: Comunidad Autónoma Vasca, Comunidad Foral de Navarra e Iparralde (territorios vasco-franceses).

Es en 1.998 cuando se concreta, con el “Acuerdo de Lizarra” en el que participa con decisión el PNV, ese cambio histórico: De la mano del MNLV, el PNV se decanta por una nueva estrategia, encaminada a la independencia a corto plazo.

En definitiva, en eso consisten soberanismo y territorialidad: La transición desde el actual estado de cosas, merced a nuevas estructuras creadas –algunas de ellas- al margen del presente marco legal, hacia la independencia de la “nación vasca”.

 

La nueva estrategia del PNV.

Con este cambio de estrategia el PNV ha pretendido, a corto plazo y de forma  simultánea, tres objetivos:

1.      Acabar con el terrorismo de ETA, intentando que el MNLV apueste por vías exclusivamente políticas. Ello supondría el abandono de la llamada “lucha armada” y de la “kale borroka” (lucha callejera).

2.      Liderar al nacionalismo vasco en su conjunto, a partir de la unidad de acción impuesta desde Lizarra, retomando con ello la iniciativa por la independencia, actualmente en manos del MNLV.

3.      Frenar el relevo generacional que se viene produciendo, en los medios nacionalistas, en favor de las diversas organizaciones del MNLV.

De momento no ha conseguido ninguno de los tres objetivos:

1.      ETA ha roto la tregua, reactivando las prácticas terroristas. Con Jesús María Pedrosa Urquiza, son ya cinco los asesinados. Dicha ruptura se ha producido por no haber conseguido, en un plazo razonable de tiempo (según ellos), el acercamiento de los presos de ETA a las prisiones del País Vasco y Navarra, la ausencia de un proyecto concreto de ruptura política e institucional con el Estado español por parte de las fuerzas nacionalistas y, por último, la posición de firmeza del Partido Popular. Esto significa que HB sigue mediatizada por ETA: Arnaldo Otegui ha sido derrotado políticamente en el seno de su coalición. La tendencia interna que Patxi Zabaleta, Aldekoa y otros militantes navarros están constituyendo, confirma la victoria de los radicales. Para la coalición abertzale, en proceso de debate interno hacia un nuevo partido, BATASUNA, es oportuno proporcionar una fachada de pluralismo. Qué mejor para ello que recurrir a quiénes, de forma periódica, propugnan ponencias alternativas que, por cierto, siempre son derrotadas.

2.      Tanto Lizarra como Udalbiltza, principales instrumentos de la nueva estrategia rupturista, siguen lideradas por ETA y HB. Si bien, la suspensión de Udalbiltza por parte del PNV, en un intento de no ser arrastrados completamente por el MNLV, ha sido un importante gesto de afirmación. Ello, además, acallará las críticas internas dentro del PNV y tranquilizará a los medios de comunicación. Por otra parte se ha sustituido el criterio de la unanimidad en la toma de decisiones de Udalbiltza, por el de las mayorías y minorías, lo que permitirá un mayor juego al PNV, que contará como aliado a EA frente a HB, eventualmente.

3.      Los resultados electorales, del pasado mes de marzo, parecen desmentir esa pretensión del PNV de frenar al nacionalismo radical y, con ello, beneficiarse electoralmente.

 

¿Fracaso de la nueva estrategia o reconsideración de la misma?

Pero ese aparente fracaso, a corto plazo, de la nueva estrategia soberanista, es engañoso.

En lo que respecta al terrorismo, desgraciadamente para la sociedad española, es un fenómeno con el que puede coexistir el PNV al menos temporalmente y que no le impide un margen importante de maniobra. No podemos obviar, de todas formas, la firme actitud del Gobierno Popular ante el PNV, provocada precisamente por su tibia respuesta ante el terrorismo y su cambio estratégico. Esa firme reacción ha desconcertado al conjunto del nacionalismo vasco, y cuenta con el apoyo de la opinión pública y de los demás partidos españoles, si bien sectores del PSE-PSOE comienzan a cuestionar aspectos de la estrategia gubernamental (las críticas del alcalde de San Sebastián Odón Elorza y la llamada propuesta Benegas son dos ejemplos de ello).

La suspensión de Udalbiltza, a la que reserva tanto PNV como ETA un  papel fundamental, ha sido un movimiento táctico temporal que en nada invalida ese instrumento. De hecho, el día 3 de junio, la Mesa Nacional de HB ha expuesto que Udalbiltza puede constituir el instrumento transitorio hacia una Asamblea Constituyente y un Gobierno Provisional vasco, lo que complementa la propuesta de EA que más adelante veremos.

En lo que respecta al tercer objetivo antes mencionado, liderar en definitiva el mundo nacionalista vasco, queda mucha partida por jugar, siendo diversos los posibles movimientos de los jugadores.

 

La propuesta táctica de Eusko Alkartasuna.

Un nuevo factor a tener en cuenta es la propuesta soberanista de su socio, y antigua escisión, Eusko Alkartasuna (EA).

Consistiría en incorporar, de forma explícita, el objetivo de la independencia y posterior celebración de un referéndum “estilo Quebec” por la autodeterminación, en los programas electorales de varios partidos políticos vascos (PNV, EA, AB en Francia y, tal vez, HB).

Dicha propuesta, que se discutirá en el seno de Lizarra, ha sido elaborada en EA por dos razones. Una razón histórica derivada del tratarse de un partido claramente independentista, mientras que el PNV ha oscurecido tradicionalmente tal pretensión. Una razón táctica, motivada por el papel “bisagra” que pretende jugar entre el PNV y HB, papel en el que se juega su supervivencia electoral.

Y, sobre todo, se respondería al reproche de ETA, según el cual no existiría propuesta rupturista política concreta, que permitiera “avanzar”.

 

Otros factores.

Por todo ello, no hay razones para un optimismo a corto y medio plazo. El nacionalismo vasco no está derrotado. Se encuentra en proceso de debate interno, de reordenación de sus fuerzas y de determinación de las tácticas a seguir. Pero la unidad de acción, por el objetivo compartido de la independencia, persiste.

En contra de lo afirmado en algunos “mass-media”, consideramos que el PNV no sufre riesgo de escisión (que de producirse entregaría el Gobierno vasco a los “españolistas”). Las voces discordantes dentro del PNV están aisladas, cualificadas sin duda, pero sin una corriente organizada que les avale. No tienen, pues, el peso suficiente para rectificar la posición general del ”Alderdi”, que con la actual estrategia tiene mucho que ganar: El posible regreso de EA a su seno, cuanto menos.

Se habla de intentar una nueva tregua de ETA; lo que no despejaría la sospecha de “tregua - trampa”. Supondría, en cualquier caso, la reafirmación del nacionalismo vasco en la vía rupturista y de “insumisión civil” con el Estado español. Pues esa “nueva tregua”, que no sería “gratis”, vendría acompañada de medidas desestabilizadoras tales como la retirada del PNV del Congreso y Senado, la ausencia de HB en las futuras Elecciones Autonómicas vascas y otras posibles medidas.

En esta situación debemos señalar una notable carencia de los partidos “españolistas”: La ausencia, durante muchos años, de un trabajo cultural entre el pueblo vasco, que el nacionalismo vasco viene realizando casi en exclusiva.

No podemos dejar de señalar, al respecto, que desde el Foro de Ermua se está realizando un importante trabajo desmitificador del nacionalismo vasco. Así, algunos autores están descubriendo, en sus libros y diversos actos “mediáticos”, las falsedades y distorsiones históricas existentes en los orígenes del nacionalismo, la manipulación autoritaria del euskera, etc. Pero esa labor debiera “airearse”, extenderse entre la gente, afrontando la realidad desde una perspectiva amplia, “cultural” y a largo plazo.

En esta situación, ¿qué papel puede jugar la Iglesia vasca?. Hoy día ya no es el “cemento” de esta sociedad. La mentalidad relativista – consumista ha calado en la misma. Por otra parte, gran parte de los integrantes del MNLV tienen convicciones explícitamente anticristianas. Ello no quiere decir que no pueda jugar un papel en los caminos de la paz, por la experiencia y el prestigio personal de algunos de sus pastores. La confrontación entre nacionalistas y no nacionalistas, que también se ha dado en el seno de esta Iglesia particular, está dando lugar, en buena medida de la mano de sus “cabezas”, al intento de creación de un nuevo sujeto cristiano, cuya preocupación primaria sea la “nueva evangelización” y la misión en esta sociedad.

 

Páginas para el mes, Nº 37, junio de 2000

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