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Crónicas navarras de Fernando José Vaquero Oroquieta

Algunas claves para entender la situación política actual del País Vasco.

El País Vasco se encuentra en una compleja situación, difícil de entender desde el resto de España. Aquí se proporcionan algunas claves para comprender el momento actual.

 

            La ruptura en septiembre de 1.999 de la llamada “tregua indefinida” por parte de la banda terrorista ETA, frustró las expectativas de paz abiertas en toda la sociedad española.

            Con ello, también se ha frustrado la expectativa de un proceso acelerado en dirección de la “autodeterminación” y el “soberanismo”, asociado a la citada “tregua”. La supervivencia del pacto de Lizarra está en juego y la viabilidad de la iniciativa de la Asamblea de Municipios (Udalbiltza) está en entredicho por falta de materialización de sus expectativas.

            Si añadimos otros factores, como el enfrentamiento institucional entre PNV y EH, el cambio de orientación del voto en Alava y la pérdida del control interno de los nacionalistas de Caja Vital, derivado del anterior, se deduce que la situación ha alcanzado una notable complejidad que puede llevar a la paralización de la vida política en la Comunidad autónoma Vasca y a un estancamiento de la situación.

            Veamos algunas claves que pueden facilitar la lectura de los sucesos que se viven en esta zona de España.

 

El País Vasco se encuentra fraccionado entre nacionalistas y no nacionalistas, con un claro predominio y capacidad de iniciativa de los primeros hasta las últimas elecciones del 12 de marzo. El segundo de ambos sectores ha actuado a la defensiva, tras varias décadas de ofensiva nacionalista en diferentes frentes: cultural, institucional, eclesial y, su peor rostro, terrorista. Pese al cerco al que ha sido sometido, algunos indicios de recuperación se habían dado con anterioridad a dichas elecciones: Gesto por la Paz, Foro de Ermua, Foro El Salvador, progresiva recuperación del voto no nacionalista en Alava de la mano de UA, ascenso electoral del PP.

En la estrategia independentista, el avance electoral nacionalista en Navarra es fundamental. No es posible un País Vasco sin Navarra. Sin embargo, el crecimiento electoral nacionalista en Navarra, elección tras elección, no llega, permaneciendo su electorado en un porcentaje similar y minoritario. Por ello, la inversión de capital económico y humano en diversas iniciativas de todo tipo (medios de comunicación, campañas electorales, ikastolas, asociaciones culturales, actos políticos y lúdicos de todo tipo), tiende a acelerarse. En ese sentido, el principal reto de las fuerzas políticas navarras mayoritarias es la desactivación del euskera”. Así, se está percibiendo el interés de algunos sectores sociales en “despolitizar” la presencia y desarrollo del euskera, normalizándolo y sustrayéndolo de su empleo como herramienta de combate metapolítico por parte del nacionalismo vasco.

Alava se ha decantado, como en los inicios de la transición, por los partidos no nacionalistas. Ello provoca un nuevo fracaso en las aspiraciones del nacionalismo vasco, al proporcionar Alava una nueva baza de “intercambio” y presión al PP en sus relaciones con el PNV y el mundo nacionalista, que se suma a la de “los presos” encarcelados en las prisiones españolas, la presión policial y la cooperación internacional, más cuando el PNV ha abandonado el Partido Popular Europeo integrándose en el Grupo Parlamentario “Arco Iris”.

Aunque con unas expectativas todavía más a largo plazo que las depositadas en Navarra, también Iparralde, el territorio francés de cultura vasca, entra en la estrategia del nacionalismo vasco. Así, los partidos abertzales se encuentran muy divididos, rozando la marginalidad, siendo su representatividad institucional casi simbólica. No olvidemos, por otra parte, la orientación centralista y jacobina del Estado francés, en absoluto sensible a la descentralización administrativa.

El nacionalismo vasco se encuentra fraccionado, a su vez, entre radicales y moderados. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) y su escisión Eusko Alkartasuna (EA) por un lado, y el MNLV, con su expresión política Herri Batasuna por otro, cuyo liderazgo lo ejerce ETA.

El Acuerdo de Lizarra es, ante todo, la toma del liderazgo del nacionalismo por parte de los sectores más radicales, fruto tal vez de un relevo generacional dentro del nacionalismo.

La ruptura de la tregua supone un doble fracaso para los nacionalistas. Para el PNV, que no ha podido atraer definitivamente y de forma exclusiva a la vía política a HB. Para el nacionalismo vasco en su conjunto, que no ha sido capaz de imponer un proceso político de “paz a cambio de autodeterminación”.

Herri Batasuna, en Lizarra, intenta continuar como si nada hubiera pasado, como si la “tregua” no se hubiera roto. El PNV, ante semejante contradicción, intenta liderar el proceso “político”, pues precisa de la participación electoral e institucional de HB, ya que de no contar con ello, queda en minoría ante el PP – PSOE; lo que evidencia su situación de “rehén” en manos de EH.

ETA es la historia del triunfo del sector radical y “duro” en toda confrontación interna. Ello supone la postergación, a corto plazo, de los moderados que optaron por una salida política al conflicto (relevo de Mikel Antza), en beneficio de los radicales, quiénes aumentarán la presión terrorista para forzar un acuerdo político, que genere un nuevo proceso por la autodeterminación, en las condiciones en que a ellos interesa.

ETA continuará su lucha armada, alimentada por una nueva generación, muchos de ellos hijos de militantes fallecidos o encarcelados, y por los militantes más decididos de JARRAI, ya fogueados en la “kale borroka”. En definitiva, ETA propone “más de lo mismo”, una “larga marcha”, que combinará con la estrategia que debe reelaborar EH en su ámbito de trabajo.

La refundación de la izquierda abertzale, iniciada con la coalición electoral Euskal Herritarrok, la posterior organización del partido - vanguardia EKIN dentro de la anterior, y próximamente BATASUNA, implica una reordenación interna de las fuerzas en pugna dentro de la coalición, que puede implicar el desplazamiento definitivo de los moderados liderados por Otegui, Aldekoa, Zabaleta y otros. El nacionalismo radical, muy vital y activista, continuará con la estrategia de socialización del conflicto, lo que les llevará al “ghetto”, una vez se descuelguen los mas moderados. Su participación en futuras elecciones e instituciones es una incógnita. En cualquier caso, es indudable que seguirán en los ayuntamientos y, parcialmente, en el Parlamento vasco. Es probable inicien algún tipo de estrategia de “insumisión civil” en diversos ámbitos, estrategia en la que intentarán incorporar al PNV. De hecho, las discrepancias manifestadas en Lizarra entre ambas fuerzas abertzales, no sólo se refieren al rechazo formal de la violencia, sino a la estrategia a seguir desde esa plataforma: vía institucional del PNV, frente a la “insumisión” civil y movilización permanente desde la parte radical, junto a la creación de estructuras supraterritoriales alternativas al actual marco constitucional.

El nacionalismo vasco siempre juega mirando al futuro. Su estrategia de lucha cultural produce efectos a largo plazo. El PNV, en el horizonte de la integración europea, no descarta conseguir sus objetivos en el marco de una Europa con fuertes órganos comunes y una progresiva descentralización territorial, en la que los territorios vascos pudieran buscar fórmulas cuasi – federales de articulación. Ello supone que, cuando la vía Lizarra sea una posibilidad totalmente agotada, descarte definitivamente los actuales cauces de colaboración establecidos con EH, abandonando una estrategia independentista a corto plazo que sigue, de momento, de la mano e iniciativa de los radicales.

El nacionalismo “moderado” del PNV se reforzará en el futuro, con una probable reintegración de EA en el “alderdi”, la “casa común”, y los sectores desengañados del entorno del MNLV. Para ello, está desarrollando una estrategia de captación de voluntades a través de la Fundación Sabino Alava, su apoyo condicionado a “Gara”, sus relaciones con “Elkarri” y otros organismos. En contra del deseo de muchos, no hay riesgo de escisión en el PNV.

La estrategia de firmeza, con su expresión concreta en el transcurso de la “tregua” de “paz por presos” de Mayor Oreja, con todas las cautelas mostradas para quitar velocidad al proceso y asegurarse la sinceridad de la banda, ha sido la única estrategia realista desarrollada desde los partidos constitucionalistas. El PSE-PSOE ha carecido de iniciativa de calado real. Desde hace varias décadas, este partido actúa a remolque de otros, bien del PNV anteriormente, bien del PP hoy día. Por otra parte, existe un sector, el del PSE en Guipúzcoa, de tendencia más nacionalista y proclive a pactos con el PNV y EA, lo que genera en su seno periódicas crisis internas y de orientación, que pueden rebrotar una vez olvide el impacto producido por el asesinato de Buesa.

La Iglesia católica no es el “cemento” de la sociedad vasca desde hace ya varias décadas. La mentalidad relativista – consumista ha calado en grandes sectores de la misma. Por otra parte, gran parte de los integrantes del MNLV tienen convicciones explícitamente anticristianas. Ello no quiere decir que no pueda jugar un papel en los caminos de la paz, por la experiencia y el prestigio personal de algunos de sus pastores. La confrontación entre nacionalistas y no nacionalistas, que también se ha dado en el seno de la Iglesia, poco a poco, y en buena medida, de la mano de sus nuevas “cabezas”, está dando lugar al intento de creación de un nuevo sujeto cristiano, cuya preocupación primaria sea la “nueva evangelización” y la misión en esta sociedad.

 

 

Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 32, abril de 2000

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